viernes, 20 de febrero de 2015

Crítica: Session 9

Werner Herzog tiene una frase que se cita mucho: “el vudú de la localización”. Se refiere a cierta aura que un lugar real puede impartir a un plano de una película, una manera en la que la presencia física de un lugar afecta al elenco, al equipo e incluso al espectador. Era, en esencia, su modo de justificar sus constantes viajes a los rincones más recónditos del Amazonas con gente que muchas veces volvía insana del proceso. Aunque la primera vez que se usó esta frase fue en el contexto de su Nosferatu, explicando su ansia por canalizar el espíritu de F.W. Murnau usando las mismas localizaciones que Murnau en el original.
Y traigo esto a flote porque el thriller psicológico Session 9 (2001), vive del vudú de la localización hasta un grado inconcebible. Por supuesto, ha habido muchas cintas de terror que consiguen puntos a partir de un decorado apropiado pero esto es un caso extremo: estoy convencida que la diferencia entre “Session 9, obra maestra menor del psico-terror contemporáneo” y “Session 9, decente aunque plagada de asesinatos misteriosos confusos con un final de sorpresa mediocre” ralla en el vudú de la localización, y considerando que el director y co-escritor, Brad Anderson, concibió la película específicamente para aventajarse de la localización, estoy segura de que incluso él estaría de acuerdo conmigo. 

El decorado es – era – el psiquiátrico estatal Danvers, situado en Danvers, MA desde 1874 hasta que la mole fue derruida en 2006 (a pesar de encontrarse en el Registro Nacional de Lugares Históricos) para hacer unos apartamentos. Quizá inconscientemente, el guion de Anderson y Stephen Gevedon prefigura el destino último del hospital, ya que su cinta encuentra al hospital dándose vida a sí mismo, justo antes de que una constructora no divulgada tome partido en la demolición. Esta constructora necesita la extracción de varias habitaciones llenas de asbestos y otras mierdas tóxicas, y llegamos a la escena en que Gordon Fleming (Peter Mullan), propietario de Hazmat Elimination Company, y su mano derecha Phil (David Caruso) intentan ganar el contrato de su amigo, el promotor Bill Griggs (Paul Guilfoyle). Para ganar el contrato, Gordon promete a la desesperada y de manera indefendible que llevará el proyecto a cabo en una única semana – con un nuevo bebé, Gordon necesita dinero urgentemente – y al lunes siguiente, Gordon y Phil empiezan a trabajar con un equipo que incluye el rival romántico de Phil, Hank (Josh Lucas), el ex estudiante de derecho Mike (Gevedon), quien se encuentra sobre fascinado con la historia de la institución, y el sobrino de Gordon, Jeff (Brendan Sexton III). 

No hace falta mucho para que las cosas empiecen a ponerse feas; de hecho ya estaban fatal la semana previa, cuando Gordon escucha un voz masculina sin cuerpo que le susurra “Hola” mientras observa una silla abandonada, en medio de un pasillo. No es el único en verse afectado por el lugar: Mike se encuentra con una colección de grabaciones de audio con sesiones de una paciente que se llama Mary Hobbes, quién sufría de un desorden de personalidad múltiple: hospeda una habladora y voluble niña llamada Princesa y un niño ligeramente inglés llamado Billy, quién tiene como trabajo proteger a Mary y Princesa de algo que pasó el día de Navidad de 1951. Existe una tercera personalidad, Simon; pero nadie quiere hablar de Simon… 

Empezando por el principio: para una cinta de género, Session 9 se preocupa sobremanera sobre la psicología (y nadie dice que no debería ser así teniendo un manicomio como decorado de fondo). Lo que realmente sorprende de la estructura de la cinta es que la mitad de la misma se ha ido antes de que empiece a parecerse a una cinta de terror: hay una voz fantasmagórica que Gordon escucha, y las cintas inquietantes de Mary, pero los primeros 55 minutos de los 100 totales se preocupan simplemente de la interrelación entre los cinco hombres: Hank se acuesta con la ex de Phil sólo porque no le gusta Phil, Gordon está perdiendo la chaveta sobre algo que ha pasado entre él y su mujer, y esto hace que Phil se esté volviendo loco de preocupación, Jeff necesita que alguien le dé la manita a cada paso y así, suma y sigue. Parece un drama de cámara la mayor parte del tiempo, y nada más; confinando a los hombres en espacios diminutos durante periodos largos de tiempo y viéndoles deshilacharse. 

Al cabo de un rato, sí, se convertirá en un thriller de terror hasta el final: alguien o algo les acosa y está haciendo… cosas. Hank desaparece, sólo para reaparecer dos días después tambaleándose incoherentemente; y contra más escucha Mike sobre las cintas, más inquieto con lo que escucha se vuelve, y se obsesiona con resolver los misterios, hasta llamar sin pensar a Jeff, Princesa. La verdad sea dicha, es fácil ver hacia donde se dirige el barco, no hace falta un master audiovisual en horrorlogía para adivinar que algo está destruyendo a Gordon, la única duda es si es algo paranormal o no – si el hospital Danvers está poseído por un espíritu malvado que se divierte manipulando a los hombres, un poco a lo Resplandor – o si es simplemente el estrés de lo que Hank astutamente define como un trabajo que te pone nervioso, que finalmente toca la fibra a unos hombres que han hecho esto demasiado tiempo. Y de hecho esta ambigüedad existe porque Anderson así lo decide, en el estado de edición, que sería más misterioso y espeluznante si saca los trocitos que nos explican el destino de la historia. 

El guion tiene un problema serio y es que durante los primeros 20 minutos los personajes parecen jugar a ver quién puede hablar durante más rato sin explicar nada relevante con la historia. Entiendo que Anderson quiere jugar con esta ambigüedad que antes comentábamos pero en vez de tirar por un estilo Lynchiano, enfocado en lo desconocido tenemos simplemente una literatura pasada de moda y que roza el borderline, llegando al punto de hacerte pensar si algunos personajes existen de verdad o son fruto de la imaginación de otro personaje, pero no por un tema de misterio, sino porque es confuso. Las acciones de algunos personajes son atípicas, ¿por qué Mike sigue escuchando las cintas? Anderson simplemente construye escenas que dan miedo, que te ponen la piel de gallina pero no tienen un objetivo concreto. 

El único motivo por el que funciona la película es en verdad dos cosas. La primera es un reparto bueno, muy bueno: Mullan es un actor muy poco valorado que hace una interpretación peculiar de Gordon que está perfectamente mesurada, y no vemos ningún hilo suelto, ni siquiera Caruso, eterno CSI. Es muy fácil creer a estos hombres, y el guion da tantas vueltas antes de que la mierda te salte en la cara, que hay mucho tiempo para conocerlos. Las interacciones entre ellos son naturales y nada forzadas, y no hay momentos tan inexplicables que los actores no puedan salvar. 

La segunda es por supuesto es el Hospital Estatal Danvers: un edificio enorme que se pudre por dentro, de una envergadura Victoriana que quita el hipo. La cinta sin el edificio no se podría concebir. Virtualmente no se ha añadido nada al lugar para prepararlo para las cámaras y aunque el equipo solo tenía acceso a determinados espacios del edificio, es más que suficiente. Con un trabajo brillante de escenografía y fotografía por parte de Anderson y Uta Briesewitz, donde se ha añadido poca iluminación pero no nos encontramos tratando de adivinar formas en las sombras, poco más se puede pedir a una atmósfera que es capturada de la mejor manera posible. Uta trabajará más adelante, junto con Anderson; en algunos episodios de The Wire. Y lo que es muy loco es que se pueden vislumbrar trazos de cada trabajo en el otro. Tiene esa dureza que también traía la serie. Pero en este caso, el edificio lo hace él todo. La omnipresente sensación de infección que cubre las paredes y va cayendo del techo y acecha en el agua estancada: todo eso es real. Resumiendo, el sitio está mal. Salva los agujeros de guion de Session 9, que habla de unos hombres que se trastornan sin razón, sin embargo el hospital grita que esto está pasando porque están encerrados en un corredor del Infierno, y es fácil adivinar que cualquiera se volvería loco. Yo me volvería loca, vosotros os volveríais locos y no sé cómo coño lo hicieron los actores para superar ese rodaje. 

No voy a hablar sobre si existe o no un fantasma o demonio en el lugar, quién se volvió loco y quién no y en qué punto. Eso lo dejo para los que quieran aventurarse en el Hospital Estatal Danvers aunque debo decir que quizá, en un post-visionado; esto deje de tener importancia. La gracia de la cinta no está en sus preguntas sin respuesta, está en el monstruo que se sienta en medio de cada plano, una perversidad que se mueve entre lo fantasmagórico y las alucinaciones, pero es amenazadoramente real en cada escena. Y esto es para mí el vudú de la localización de Werner Herzog, una representación del alma de un lugar que estrecha su fría mano fuera de la pantalla y rodea sus dedos alrededor de tu garganta.


3 comentarios:

Chanpoo dijo...

(Plas plas) Onomatopeya de mi aplauso por tu reseña. Me encanta tanto como la propia película. Yo tuve la suerte en su momento de disfrutarla en el cine y fue eso, un deleite. Pero claro, este es mi tipo de cine de terror, como tu dices de ambiente, de aura. Larga vida a "Session 9".

El Rector dijo...

Soy gran amante de eso que en el cine de terror se conoce como la "atmósfera". También soy de esos que creen, que a veces, si la atmósfera es lo suficientemente potente, no hace falta contar grandes cosas para construir una buena historia de terror. En este caso concreto y pese al inmejorable escenario y la estupenda fotografía de la que hace gala Session 9, en ningún momento conseguí encontrar la tan ansiada atmósfera, todo lo contrario, pues con tan buenos ingredientes, es difícil entender como el sr.Anderson, consiguió sacar tan poco rédito y dar forma a un producto tan frío e insustancial como éste.

No ayuda para nada (y ya digo, pese a la estupenda fotografía), la horrorosa puesta en escena del filme, más cercana a un telefilme de medio día que a una cinta de terror de corte pseudo-intelectual. Pero analizando un poco la carrera de Anderson, queda claro que esto del terror no es lo suyo. De hecho, exceptuando dos interesantes thrillers como son "El Maquinista" y "Transsiberian", el resto de su filmografía resulta de lo más prescindible por más que alguno nos lo intentase vender como un maestro del horror... se entiende que terminase decantándose por la televisión.

Fea, fría y aburrida. Y para colmo, con el horroroso Laruso al frente.

Thrillers sobrenaturales de este tipo, los hay muchos y con mucho mejores resultados que este. Sin ir más lejos, -y tampoco para tirar cohetes- la británica "Deathwatch" que ahora me viene a la cabeza o la si estupenda "Event Horizon", un buen ejemplo de como SÍ sacarle partido al escenario.

Jamás he entendido la buena consideración en la cual se tiene a esta película. A día de hoy, sigo sin hacerlo.

Saludos.

May Dove dijo...

Gracias Chanpoo, me alegro de que la reseña te haya hecho disfrutar al menos la mitad de lo que lo hizo la película. Creo que esta cinta de terror psicológica juega en demasía con los sentimientos de los espectadores y eso está bien. Yo le vi grandes pegas pero es que pasé mucho miedo también. Y en mi más humilde opinión, es lo que la cinta quería.

Rector, tal y como le comentaba a Chanpoo, en la película encontré grandes defectos pero es que el manicomio me di un miedo del carajo y creo firmemente en el concepto de Herzog sobre el vudú de la localización. Creo que el hospital Danvers debía dar un yuyu del carajo incluso al equipo de grabación. Lo pasé mal viendo la historia, porque me imaginaba allí y se me helaba la sangre...

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