lunes, 29 de junio de 2015

Crítica: Thale

Esta película me llegó como muchas otras veces recomendada por parte de un amigo de la red. Surgió a raíz de un comentario que hizo sobre otra producción cuyo título ahora no recuerdo donde venía a decir algo así que le había gustado pero que en ningún momento le había transmitido ninguna sensación de terror. Al comentar algunos detalles de la misma salió el concepto de su origen escandinavo, a lo que respondí algo quizás a la ligera, que normalmente las películas nórdicas pecan de eso, de ser algo estériles, frías a tono con su climatología. Su contestación fue: «Pues con “Thale” no me pasó… ». Reconociendo que no la había visto, no tuve otra que vérmela. Y hasta ahí “Las aventuras del abuelo Cebolleta”. Dar la bienvenida a las “Cloacas del Averno”.

La verdad es que “Thale” no puede negar su origen: sus 10 primeros minutos no pueden ser más escandinavos, o en su caso, noruegos. 

Ante nosotros se presentan dos tipos –los protagonistas- en una situación que si bien es propia del género en su puesta en escena, no lo es tanto llevada a la práctica ya que se reduce a una representación casi cómica con mucho humor negro y el sosegado ritmo que caracteriza a aquellos lares. No obstante las peculiaridades de unos personajes y diálogos que bien podría haber firmado Quentin Taratino –no en vano la producción se hizo con el galardón, entre otros, a “Mejor guión” en alguno de los certámenes cinematográficos alrededor del globo donde se exhibió- eliminará cualquier atisbo de sopor. No es lo que uno esperaba, y más con esas expectativas, pero oye, como suele decirse, a nadie le amarga un dulce. 

No obstante será pasar ese tramo de película, y la cosa cambiará; no radicalmente ya que el humor negro seguirá estando ahí y desgraciadamente el ritmo no aumentará, pero sí que hará acto de aparición esa capacidad… “transmisora” que destacaba mi amigo. Varios sustos saldrán a nuestro encuentro, y aunque en algunos casos puedan ser tachados como de tramposos -p. e. aumentar el volumen de un sonido drásticamente-, se le perdonará al comprobar que, más que haber recurrido a un truco fácil para alcanzar la finalidad de sobresaltar al espectador, se ha optado por ese medio para buscar una sonrisa cómplice; y es que como digo, el film no olvida su faceta cómica. 

Por otra parte, no sé si puedo definirlo así en una película tan pequeña, modesta, pero la “dirección artística” ayuda a crear ese ambiente necesario para acercarse al género. Es la típica instalación llena de aparatos extraños y empapelada de documentos siniestros, pero no por más conocida fascina menos. 

Lamentablemente tras estos minutos no solo se retornará a la falta de mordiente, exasperante para los que busquen otro tipo de terror, sino que incluso se truncará ese humor que hasta el momento resultaba su carta de presentación. En ese punto se nos introducirá un melodrama algo rancio y previsible que terminará por “matar” ese interés que aún les quedase a los amigos del terror más directo. 

Por un lado no entiendo ese “flechazo” entre uno de los protagonistas y la… jovencita. Claro, tiene buen cuerpo, pero eso solo valdría para una comedia de situación americana, y no para algo introspectivo como son estos minutos que nos están presentando. Por otro lado, superados esos minutos de “empatizamiento” –toma palabro- nos meten una pequeña fase de suspense con el objeto que está escondido dentro de una especie de refrigerador. El problema es que ellos mismos se han cargado el misterio: una cosa es que no quieras ver el tráiler, y otra que ni veas la carátula, esto último casi imposible. Pero es que a esa pista ya indefectiblemente esclarecedora le añades un flashback con el “Mad doctor” cuchillo en mano… ¿qué misterio queda? ¿En serio no sabías que había dentro de esa nevera? 

Y para acabar con esta parte o fase melodramática, lo de la enfermedad de uno de los protas está ya muy visto. Y no es la típica expresión que puede tener más o menos vigencia dependiendo del bagaje de cada uno, es que hasta sus propios responsables le dan poco valor a esa situación, frivolizando un tanto con el asunto. Casi se podría decir que tan superficial, tan frío como ese cliché que al principio apuntábamos sobre el carácter nórdico. Si el juego de miradas es lo que entienden estos por camaradería, tienen otra asignatura pendiente además de la de saber imprimir ritmo. 

Con el último acto, al igual que en una obra teatral, la cosa parece que se anima un poco. Asoman el morro nuevos e inesperados antagonistas que nos hacen albergar esperanzas de que dejaremos atrás rémoras y algunos bostezos, pero solo se quedará en eso, esperanzas. Solo un dato esclarecedor para no destripar más de la cuenta: las únicas escenas de acción de toda la película se desarrollan a cámara lenta. Quizás solo es otra alegoría cómica que busca componer parangones sintomáticos, por decirlo amablemente y dejar en buena posición a sus responsables, con el tono del film, pero si he de ser franco me parece una osadía pedante que toma el pelo al respetable. 

Y es que si solo fuesen las formas… Su desenlace nos deja, gracias o por culpa de esa irrupción comentada, con más interrogantes que respuestas. Hay cuestiones que se espera que la imaginación del espectador las resuelva, algo comprensible, pero en lo que concierne a la protagonista, bajo mi punto de vista, es casi sinónimo de pereza. 

Por lo demás, me reconforta que estos países -en especial Noruega- abran la puerta a su rico folclore articulando películas mediante figuras fantásticas de este mundillo. Esta queda muy lejos de su compatriota “Trollhunter”, pero han cimentado las bases para, espero, futuras producciones.

Resumiendo, “Thale” es un film que parece no encontrar su sitio. A medio camino entre la fantasía y el terror, resulta un experimento tan insólito como por ello reservado solo para los conocedores de la idiosincrasia cinematográfica escandinava.


1 comentarios:

Agustin VAZQUEZ ALONSO dijo...

Esta pequeña crítica la dedico a Rector y a Damien Thorn.
Espero que vos gusta. Como no duermo aprovecho el tiempo.

En lugar agradable sorpresa que esta película. No pretende ser una película de terror , y yo diría que es una película hermosa , una gran historia, sin embargo. El ritmo es muy lento, y, al mismo tiempo que emerge de un accesorio de carácter difícil de explicar. El personaje de Leo, que permanece impasible a cualquier evento , por lo que se hace casi divertido es neutral , mientras que Elvis es el pensamiento más bien torpe que tiende a vomitar la sangre sierra menor ( problemático para su trabajo de en otra parte) . En resumen, es el tipo de película en la que no va mucho por un tiempo, pero siempre surge un poco de suspenso o la atmósfera que despierta su curiosidad ha través .

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