viernes, 31 de julio de 2015

Crítica: Harlequin (Dark Forces)

Miguel Casanova en su reciente y notable cortometraje “Milshake Express” analiza la corrupción política y la utilización de las personas para alcanzar ciertas metas. Individuos, candidatos que no dejan de ser meros títeres en manos poderosas. Todo vale. Todo el mundo es prescindible una vez que se la ha sacado provecho.

Y en ciertas circunstancias todos podemos ser un comodín, el problema viene cuando nos damos cuenta de que se nos esta utilizando y nos planteamos cual es nuestra situación dentro de todo este circo, ¿Seguimos la corriente para de alguna manera poder aprovecharnos o nos rebelamos? En 1980 el director australiano Simon Wincer presentó en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges la película “Harlequin” conocida también por “Dark Forces” o “Más allá de la reencarnación” y que se alzó con el premio al mejor guión, la mejor fotografía y el premio especial de la crítica. En ella Wincer ponía en imágenes una historia de corte fantástico protagonizada por Robert Powell (“Tommy”, “El superviviente”), David Hemmings (“Blow-up”, “Rojo Oscuro”) y Carmen Duncan (“El imperio de la muerte”, “Touch and go”) que abordaba el oscuro mundo de la política en unos términos parecidos a como por momentos lo hace Casanova en su cortometraje aunque el segundo desde un punto mas realista dejando de lado toda la carga fantástica. 

Tras la desaparición del vicegobernador Eli Steele en un extraño accidente en el mar y la larga hospitalización del gobernador Connors, el senador Nick Rast se postula como el favorito a sustituir al primero. Cuando un extraño cure a su hijo de la leucemia que este padece y sea acogido como uno mas en la familia Rast, las dudas acerca de cuales son las verdaderas intenciones de tan extraño personaje iran creciendo en el entorno de Rast conforme la posibilidad de que este se convierta en vicegobernador vaya ganado peso. 

El guión escrito por Everett De Roche no deja de ser una especie de actualización de la historia de Rasputín y aunque aquí no esta la familia del Zar Nicolás II estamos ante un senador apunto de dar un gran salto en su carrera política (De hecho el nombre del mítico monje loco era Grigori y Wolf, esa extraña presencia que perturbará a la familia Rast y a sus allegados, se también llama Gregory. Tampoco debemos pasar por alto que Rasputín ejerció una gran influencia sobre el Zar Nicolás II y Wolf sobre Nick Rast, personajes que en ambos casos también comparten nombre. Por momentos podemos creer que Wolf es como el visitante de “Teorema” de Pasolini que seducirá a toda la familia, aunque en “Harlequin” esta influencia parece reservada solo a las mujeres mientras que en la cinta de Pasolini el invitado interpretado por Terence Stamp seducirá tanto a hombres como mujeres).

Son claros los paralelismos existentes entre la vida de Rasputín y su relación con la familia del Zar con la historia de Gregory Wolf y los Rast. No solo la grave enfermedad de los hijos de Nicolás II y Nick Rast sirve para que Wolf y Rasputín se acerquen a ellos si no que además curaran o harán creen que curan a sus hijos. En ambas historias la hipnosis juega un papel fundamental en la aparente sanación de los chicos, incluso Wolf llega a decir eso de: “estará bien si el quiere estar bien”. Son las mujeres de Nicolás II y Nick Rast las que mas notaran la influencia de Rasputín y Wolf respectivamente y es que no solo la curación de sus hijos (Ambos con enfermedades relacionadas con la sangre, en un caso hemofilia, en otro leucemia. Y si Rasputín curó al hijo del Zar con aspirinas parece que Wolf lo hace con Cortexiphan) afectará al juicio de estas si no que también la mirada, la presencia y la forma de hablar de ambos personajes será parte fundamental del poder que tanto Wolf como Rasputín ejercen sobre estas. 

Pero podemos estar tranquilos, Everertt de Roche construye un guión que funciona a varios niveles y no es necesario conocer en profundidad la vida de Rasputín para poder disfrutar de la película (Y ni si quiera conocer el paralelismo existente entre ambas historias). Las intrigas políticas, el uso de las personas para la consecución de ciertos intereses y el misterio acerca de los intereses de los individuos que rodean a la familia Rast (y no solo en lo que a Wolf concierne) hacen de esta una cinta realmente interesante y cuyo visionado merece la pena. 

Wincer presenta a ese extraño personaje de nombre Gregory Wolfe gracias a una fiesta de cumpleaños que nada tiene que envidiar a la tétrica fiesta de Damien Thorn en “La Profecía” (“The Omen”). Aunque esta no acaba de forma tan impactante como lo hacía la de la cinta de Richard Donner, la presencia de Wolf (Robert Powell) vestido de payaso (Sin parentesco familiar conocido con Pennywise que sepamos) y que realiza juegos de mímica lo convierte a este en algo realmente perturbador, algo radicalmente alejado de lo que muchos consideraríamos adecuado para una fiesta infantil y mas si el homenajeado padece una grave enfermedad. El director es capaz de dotar a su cinta de una extraña y fascinante atmósfera que hace que el espectador no se plantee la lógica y la coherencia de ciertas escenas sobre todo durante la primera parte de la película y muy especialmente en la forma en la que Wolfe acaba contactando con la familia Rast. No solo por el hecho de esa extraña fiesta de cumpleaños si no por esa aparición en el cuarto del hijo de los Rast que parece que será copiada 6 años después por Jim Henson para su “Laberinto” en el momento en el que Rey de los Goblins (David Bowie) entra en casa de Sarah para llevarse a su hermano pequeño. 

En ambos casos esta presencias espectrales que parecen venidas de otro mundo surgirán de la nada para atender las suplicas de las protagonistas (Si Sarah pedía que el rey de los goblins se llevara a su insoportable hermano porque no paraba de llorar, Sandra Rast no soporta ver como su marido y su hijo consideran que es necesario dejar de luchar contra la enfermedad de su hijo revelándose ante una decisión que ella considera del todo injusta). Por momentos parece que Wincer esta mas interesado en ubicar a Wolf dentro de la historia que en la coherencia inicial de esta ya que la forma de reaccionar de los protagonistas al ver entrar a un extraño en casa resulta del todo ilógica. (Y eso de que las respuestas a todas las preguntas que quedan en el aire es eso de “Brujería” o “Hipnosis” pues lo siento pero a mi no me sirve).

“Harlequin” es Wolf y Wolf es “Harlequin”. A pesar de que cinta de Wincer no ha envejecido bien tanto por el exceso de estética ochentena (La forma de vestir de Wolf en la escena de la cárcel resulta cuanto menos llamativa) como por unos efectos especiales que cantan demasiado (Aunque nuestro amor por este tipo de cine hace que muchos les encontremos encanto pero hay que reconocer que a gran parte del público puede llamarles la atención y no de forma positiva) y a pesar de que ciertas escenas no estar bien resueltas (Todo la parte de la historia que hace referencia a la sirvienta, el momento en el que Wolf coge al hijo del protagonista sobre las rocas ante un inoperante guardaespaldas y por desgracia y muy especialmente todo lo referente a ese clímax final de la película que no esta a la altura de lo esperado) o incluso ridículas (¿Realmente era necesario incidir en la idea y vestir a Wolfe como un arlequín?), nos sentimos hipnotizados por la historia que Wincer tiene entre manos y nos es imposible dejar de ver esta película. No es una obra maestra, no es una mala película, “Harlequin” es una obra con elementos suficientes para llamar la atención del espectador. 

Pero no todo es bueno en esta película y es que Wincer y De Roche se muestran por momentos demasiado obvios, demasiado centrados en la trama fantástica de la cinta lo que hace que la película pierda cierta fuerza ya que no explotan como sería necesario la idea de si estamos ante un seductor con una gran personalidad, don de gentes y una tremenda facilidad de palabra o si realmente estamos ante una persona con poderes. Y aunque parece que ciertas escenas apuntan o pueden apuntar a esta idea, jugar mas con esa ambigüedad hubiera hecho que esta cinta hubiera ganado enteros. El devenir de la trama hace que ciertas preguntas que tiene el espectador al principio de la película se diluyan pero no porque estas encuentren respuesta si no porque Wincer al igual que Wolf consigue que nuestro punto de vista se centre en otras cosas y nos olvidemos de ellas y esto es merito tanto del director como del escritor. 

“Harlequin” es una muy interesante cinta que mezcla el cine político con el fantástico y que se beneficia de tres grandes actores en los papeles protagonistas. A pesar de un clímax final que no esta a la altura de lo esperado y que por momentos resulta un tanto tosco, la cinta de Wincer es una película recomendable para todos aquellos que quieran acercarse a un tipo de cine que ya no se hace. Muy interesante y por momentos hipnótica.


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