lunes, 31 de octubre de 2011

Crítica: Gothic

¿Genialidad absoluta o tomadura de pelo? Esta pregunta es la que se hace uno ante determinados productos cinematográficos más o menos peculiares.

Como toda disciplina artística, el cine es totalmente subjetivo, y, en una obra de las características de ‘Gothic’ (‘Gothic’, Ken Russell, 1986), más todavía.

En la vida en general, y en el cine en particular, aspectos tales como: la cultura, la lectura, el entorno sociocultural, las vivencias experimentadas, tener una mente más o menos abierta, etc, son imprescindibles a la hora de sacarle más partido a todo cuanto rodea a una persona. Concretamente en lo que a obras cinematográficas se refiere, más riqueza visual, narrativa y léxica podrá apreciar esa persona y más lecturas posibles será capaz de ver y analizar.

Ahora bien, ¿vale todo en el llamado Séptimo Arte?¿ Deberían los directores de cine atenerse a unas normas? ¿Debe sufrir el espectador las “pajas mentales” del cineasta perturbado de turno?

Yo considero que no debería haber ningún tipo de censura ni de problema con este asunto. Si un director de cine quiere filmar el sueño que tuvo la noche pasada, pues adelante. Que quiere rodar sus traumas infantiles o mostrar sus deseos más oscuros y perversos, estupendo.

Ahí han quedado maravillosas propuestas como ‘Tetsuo, el hombre de hierro’ (‘Tetsuo’, 1988) de Shinya Tsukamoto, ‘Cabeza borradora’ (‘Eraserhead’, 1976) de David Lynch, o sobre todo, ‘Gozu’ (‘Gokudô kyôfu dai-gekijô: Gozu’, 2003) y ‘Big Bang Love, Juvenile A’ (‘46-okunen no koi’, 2006) ambas dirigidas por el genial director japonés Takashi Miike.

El quid de la cuestión es que hagas lo que hagas, ya sea la paja mental más monumental de toda la Historia del Cine, o la idea más sencilla causante de la mayor de las erecciones (vamos, lo que se viene a conocer como una erección de proporciones bíblicas), hazlo correctamente (y con estilo). Ya que te pones, ponte pero bien.

El problema de la cinta dirigida por Ken Russell no es que no se entienda nada, o que no albergue ningún tipo de interés (la historia tiene su miga), el problema es que es una película que está catalogada como un drama de terror erótico (y de época), y más que emocionar, asustar y/o excitar, lo que provoca es la más sonora de las carcajadas.

No sé si tendrá algo que ver también las pésimas condiciones de su visionado (sala diminuta, seres pasando por delante de la pantalla, mucho calor...), pero lo que se supone debe ser un momento glorioso (como es el ver una película), se convierte en una experiencia para nada gratificante; tampoco diré insoportable como dijeron algunos/as compañeros/as, no fue para tanto, a estas alturas en peores plazas hemos toreado –por poner un ilustre ejemplo, ‘Despedazator’ (‘Slime City’, Greg Lamberson, 1988), que es bastante más insufrible-.

Tal vez tenga que ver también el hecho de que la cinta fuera filmada el siglo pasado, y más concretamente en la temida década de los 80 (temida cinematográficamente hablando claro está, -¿o no solo cinematográficamente?-). Y no es que en aquella época no se realizaran buenas o interesantes películas, -sin ir más lejos, ese mismo año vio la luz la magistral epopeya de ciencia ficción ‘Aliens, el regreso’ (‘Aliens’, James Cameron, 1986)-, una de las mejores películas de género de todos los tiempos. Lo que sucede, es que fue una época en la que la moda o la música (por poner dos ejemplos) marcaron sobremanera el cine de entonces, y vistas hoy día, muchas de esas películas que surgieron en aquella kafkiana década, se tornan cuanto menos ridículas: atención a esos peinados -más dignos de una persona encerrada en un psiquiátrico que otra cosa-, a ese tan molesto sintetizador que suena de manera continua e irritante introduciéndose en tus oídos para martillearte, o, esa forma tan hortera de plasmar en imágenes sucesos y acontecimientos que deberían ser mostrados justamente a la inversa de como se muestran, es decir, de manera sugerente, lírica, misteriosa, en definitiva, exponiendo una configuración que aúne lo poético con lo terrorífico, y siempre haciéndolo de una manera respetuosa con el género.

A mí personalmente me suelen gustar bastante las películas “raras” (por denominarlas de alguna manera), pero ya digo que no hay que olvidarse de los aspectos que terminan por engrandecer una obra cinematográfica, tanto de los más nimios como de los más importantes, en conclusión, no hay que olvidarse de la calidad del producto final; crear un espectáculo grotescamente placentero y agradablemente vomitivo no es tan fácil, no es una tarea que esté al alcance de cualquiera (hasta los maestros en este campo a veces pinchan), y el señor Russell debería tomar buena nota de ello.

Lo que más me ha gustado: los momentos más grotescos, bizarros y oníricos.

Lo que menos me ha gustado: la sensación de que podía haber sido una muy buena película teniendo en cuenta el material de partida del que se disponía.

1 comentarios:

Darkotica dijo...

Me ha parecido ver a un joven Gabriel Byrne en el tráiler?. Yo por uno motivo u otro, aún no he tenido la ocasión de ver Gothic. Me parece una lástima eso que dices de que la película es una paja mental y que no se entiende nada, porque visualmente era poderosa, tiene una atmósfera gótico-siniestra que mola lo suyo...pero en fin, son esa clase de cosas que ocurrían en esos años tan locos y extravagantes que fueron los ochenta...las drogas hicieron estragos :D

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