lunes, 19 de enero de 2026

Crítica: Vieja Loca

EL RECTOR NOS HABLA SOBRE LA INESPERADA INCURSIÓN EN EL TERROR DE CARMEN MAURA O COMO ENVEJECER COMO EL BUEN VINO


Vaya por delante que no soy lo que se dice, presidente del club de fans de Carmen Maura. Dicho lo cual, no hace falta serlo, ni tener especiales luces, para saber apreciar un trabajo del calibre del que aquí nos ofrece la veterana actriz española, uno de esos que por sí solos, justifican el visionado de una obra y que hacen de una película a priori poco sugerente (que Bayona esté involucrado no ayuda) como “Vieja Loca” (Martín Mauregui, 2025), una experiencia mucho más interesante de lo que cabría esperar. 


“el director le entrega las llaves de la casa a Carmen Maura para que haga y deshaga a su gusto en un papel hecho obscenamente a medida” 


El argentino Martín Mauregui pone de nuevo sobre la mesa las enfermedades mentales, algo en lo que el género ha puesto especial énfasis en estos últimos años con títulos de gran repercusión como “The Taking of Deborah Logan” (Adam Robitel, 2014), “Hereditary” (Ari Aster, 2018) o “Relic” (Natalie Erica James, 2020). Lo hace aquí no obstante, desde una óptica un tanto alejada de estas, dejando de lado el tratamiento más dramático de la historia para centrarse en una suerte de torture porn con generosos tintes de comedia de negra muy en la línea de la australiana “The Loved Ones” (Sean Byrne, 2009), en la que el director le entrega las llaves de la casa a Carmen Maura para que haga y deshaga a su gusto en un papel hecho obscenamente a medida


“pese a las apariencias, Vieja Loca sabe distanciarse, sustentada en la portentosa interpretación de Maura, de los males endémicos del Torture Porn” 


“Vieja Loca” vuelve a colocar también en primera línea de fuego al denominado “terror geriátrico”, muy popular también dentro del fantástico contemporáneo donde títulos como “Night Silence” (Bartosz M. Kowalsky, 2024), “The Rule of Jenny Pen” (James Ashcroft, 2024), "La Abuela" (Paco Plaza, 2021) o la también patria “Viejos” (Raúl Cerezo / Fernando González Gómez, 2022), han dejado afortunadamente patente que esto del terror no es solo cosa de jóvenes, haciendo de su segundo largometraje, veinte años después de su debut en la gran pantalla, no solo una entretenida serie B, también un loable ejercicio reivindicativo y repleto de discurso social. Y quiero resaltar lo de “entretenida”, pues pese a las apariencias, “Vieja Loca” sabe distanciarse, sustentada en la portentosa interpretación de Maura, de los males endémicos del Torture Porn, subgénero demasiado esclavo por lo general de sus limitadas reglas de juego y que tiende a repetirse más que la sopa de ajo, convirtiendo a muchas de las películas adscritas en auténticos coñazos. 


“Le toca a un estupendo Daniel Hendler dar la réplica a Maura y aguantar, valga la redundancia, sus enfermizos embates. Lo consigue” 


Con una lograda atmósfera y un escenario idílico para dar forma a este ácido relato de terror sobre las miserias de la edad y los estragos causados por la enfermedad mental en los seres queridos de los afectados, Martín Mauregui quiere dejar claro en todo momento quiénes son las víctimas y quienes los verdugos de esta perversa fábula repleta de ironía y de diálogos que habría firmado el propio Almodóvar dentro de ese delirante frenopático que es su filmografía. Le toca a un estupendo Daniel Hendler dar la réplica a Maura y aguantar, valga la redundancia, sus enfermizos embates. Lo consigue y de ahí, surge una malsana y muy divertida por momentos química entre ambos intérpretes, eje principal sobre lo que se articula absolutamente todo lo demás. 

Es en su tramo final y lo anticlimático de su desenlace, donde “Vieja Loca” se muestra algo más titubeante, ofreciendo una resolución un tanto descafeinada, tanto en forma como en fondo, dando la historia para haber cerrado con bastante más mala leche de lo que termina ofreciendo aunque siendo justos, es cierto que se muestra coherente con todo lo ofrecido a este ese momento y nos deja como conclusión una película que, gustará a amantes del torture porn de corte más festivo, incluso a aquellos que como yo, no lo sean tanto, gracias a un ejercicio de estilo mayúsculo de una Carmen Maura que te escupirá en la cara y te convertirá en su perra, seas o no fan de su dilatada carrera. 

Lo mejor: Carmen Maura. 

Lo peor: Que los prejuicios puedan alejarte de una propuesta tan disfrutable como esta y un tramo final que podría haber dado bastante más de sí.


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