domingo, 29 de marzo de 2015

Crítica: El Silencio de los Corderos

El silencio de los corderos, con Anthony Hopkins, Jodie Foster, Scott Glenn, Diane Baker y Anthony Heald fue dirigida por Jonathan Demme, con un guion de Ted Tally en 1991. 

De manera deliberada, la película abre en el día de San Valentín como una broma enfermiza que no hace más que pronosticar lo que la cinta en sí misma es, un thriller de un asesino en serie enfermo.
La hipnótica adaptación que Jonathan Demme nos ofrecía de la novela de Thomas Harris tiene una seriedad y una intensidad que no se había visto nunca antes. Apareciendo tras títulos genéricos, de alto concepto, sin mucho cerebro como Pacific Heights, Run o Durmiendo con su enemigo, El Silencio de los Corderos tuvo una majestuosa bienvenida. 

La película de Demme es aterradora tanto a nivel visceral como intelectual, invitando a la comparación favorable con clásicos del género tan inquietantes como Psicosis de Hitchcock y Henry: retrato de un asesino de John McNaughton, al mismo nivel de su predecesora literaria, Crimen y castigo de Dostoyevksy. 

Jodie Foster, Clarice Starling; y Anthony Hopkins, el doctor Hannibal Lecter; son calidad suprema como, respectivamente; una joven aprendiz del FBI y un encarcelado asesino en serie que ingeniosamente la manipula. Scott Glenn es el nuevo jefe de Clarice, quién la incita a entrevistar al doctor Lecter, descubrir que piensa pero “nunca olvidar quién es”. 

Con las mejores intenciones (quiere que Lecter la ayude a entender y encontrar al asesino), sí olvida quién es; dejándose arrastrar por la inteligencia de Hannibal y ofreciéndole detalles de su vida privada que harán que Lecter sea capaz de asaltar sus miedos; y también de crear un lazo entre los dos que no será tan fácil de romper. Sus habilidades mentales rozan la telepatía, pero no siente más que desprecio por la humanidad. Durante toda la historia, Hannibal es un asesino impenitente, casi tan peligroso dentro de la celda como fuera. 

Aunque no lo parezca, es tan difícil combatirle físicamente como cualquier monstruo de otra película de terror, pero además posee un cerebro que le hace parecer inhumano. Se ríe de la moralidad convencional y encuentra la satisfacción última en la violencia, algo así como el militarista corazón de las tinieblas, Marlon Brando en Apocalypse Now. Es el monstruo de un genio, y Hopkins demuestra autoridad al representarlo. 

Por simetría, el asesino que Clarice y su jefe buscan es un amateur. Está plagado de debilidades y puede ser arrestado, aunque El silencio de los corderos sugería que sólo alguien que empieza a pensar como él puede destruirle. El tono de la cinta se va oscureciendo a medida que avanza y se vuelve desesperado cuando Clarice se ve arrojada a los niveles más bajos. 

Gracias a un final abierto, que invita a aplaudir la muerte de uno de los no-asesinos más asquerosos de la cinta, es especialmente traicionero. Y como en Hitchcock en sus películas más inquietantes, Demme implicaba a los espectadores, arrastrándonos a una conspiración indirecta con el asesino. 

A nivel técnico, El Silencio de los Corderos es lo mejor que Demme ha hecho nunca. La banda sonora de Howard Shore te oscurece el ánimo y su valor no se puede cuantificar. La fotografía tajante de Tak Fujimoto intensifica el sentimiento subjetivo de la misma en cada plano. La brusquedad de su edición, a cargo de Craig McKay, es visible en los episodios más astutos de la película. 

A mi modo de ver, Demme nunca ha vuelto alcanzar tal brillantez en ninguna de sus películas, a pesar de que Philadelphia es considerada obra de culto en el género dramático. La maravilla que supone El Silencio de los Corderos es única y a pesar de sus secuelas (y precuelas), nada se ha podido igualar a esta primera aproximación a uno de los asesinos más aterradores de la historia del cine de terror. El intelecto intimidante del personaje de Lecter se refleja en su abundante ingenio, que utiliza para provocar y atormentar a otros presos. Un psiquiatra que ha ganado grandes premios y que acabó convirtiéndose en un asesino y un caníbal, de manera fría habla de la muerte de un ex paciente: “Fue lo mejor que pude hacer; su terapia no iba a ninguna parte.” 

En la memoria de todos quedará para siempre este clásico del género, que a pesar de estar rodado en 1991, ya es un clásico en toda la regla. Nos acercó a la antropofagia de manera sutil y apenas nos dimos cuenta que el personaje del doctor Hannibal Lecter había venido para quedarse entre nosotros para siempre.


4 comentarios:

Damien Thorn dijo...

GUAAAAAU!!!
Qué gozada volver a leer sobre una de las pelis que ha marcado el género que ahora tantísimo disfrutamos!!
Y viniendo de tí, pues en especial, da gustico ese cariño revisionista que yo tanto valoro, FELICIDADES TWG.
Y ahora, porque con los seres posesos siempre hay un "ahora", voy a atreverme a decir algo que me ha granjeado enemigos, a los que no me ha quedado más remedio que liquidar o poseer: Me gusta mucho, pero mucho MÁS Hannibal como película que El silencio de los corderos... Y me gusta MUCHÍSIMO MÁS ese prodigio del pelirrojismo cañón que es Julianne Moore como Clarice Starling (y sí, he devorado a todo Harrys).Peto eso no significa que El silencio.... no me guste, al revés, me parece una maravilla, una valentía (porque se le pusieron todas las pegas habidas y por haber al Demme) y un éxito que se ha transformado en un icono, una de esas pelis obligatorias que yo daría en Secundaria antes que muchos artistas-paletos en Historia del Arte.
Dicho esto, felicidades de nuevo,
y saludetes compis!!!!!

May Dove dijo...

Muchas gracias! Me sorprende que te guste más Hannibal que El silencio del cordero, pero yo debo confesar que me muero cada vez que veo El dragón rojo, aunque es posible que el cuerpazo de Ralph Fiennes tenga algo que ver, no está claro el tema!

Damien Thorn dijo...

May, yo también soy devoto de las virtudes del Fiennes,entre ellas esa espalda musculada, y su Duende dentudo es lo mejor de la peli, que me parece, con diferencia, la peor de la saga... Me gustó quizás más, aunque no lo tengo tan claro, la versión que dirigió el tal Petersen, Grissom de CSI, "Hunter", pero igual porque la devoré con muchísimas ganas... Y Hannibal Rising me la he vuelto a ver esta semana santa, tras leerte y me mola, definitivamente síiii!
Pero sigo defendiendo a capa y espada a la Moore y su Hannibal, que a muchos les hizo llevarse las manos a la cabeza y a mí me parece magistral.
Aunque la gozada de ver El silencio... en su estreno en cine y fliparlo como lo flipé es uno de mis recuerdos de adolescente que no se me irá nunca.
Saludetes!

May Dove dijo...

Jajajaja
Tengo que decir que en la película de Julianne Moore hay una escena al final de la cinta, donde cocinan los sesos del policía que todavía está vivo, que en su momento me pareció inquietante a más no poder. No sé si habrá envejecido igual de bien, la verdad!
Ralph Fiennes es mucho Ralph, y esa espalda tatuada es lo más bonito de la cinta sin lugar a dudas <3 <3 <3

Yo también he visto la versión de Grissom de CSI y debo decir que me encantó, dentro de sus capacidades!

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