sábado, 12 de diciembre de 2015

Crítica: Queen of Spades

En EEUU, extendido al resto de Occidente y asumido como hasta algo propio, tienen a “Bloody Mary” –y no, no es el decadente cocktail como puede creer algún despistado-, o como también es conocida en otros países, a “María sangrienta”, una leyenda urbana que dice que si te miras en un espejo y pronuncias tres veces su nombre, se te aparecerá su espíritu. La historia es tan vieja y sobre todo popular, que ha tenido hasta alguna traslación a la gran pantalla.

En Japón, dentro de su extensa fauna de Yokais –espíritus y demonios de los que disfruta su folclore- tienen a los Kamikiris, un demonio que corta el pelo a la gente mientras duerme para comérselo.

Pues bien, en Rusia por lo visto tienen –desconozco si existe una base cultural o es algo inventado ex profeso para la película- su propia versión del asunto que mezcla alegremente cosas de un sitio y de otro.

Así, con esa base, se nos monta una película sumamente comercial que desecha alguno de los tics habituales del cine ruso –p.e. un montaje que solo entienden ellos, algo de lo que los amantes al cine ex-soviético ya sabrán de lo que hablo- para ofrecer un producto tan formal, tan clásico si se quiere, que podría pasar por un film occidental más. A los hechos me remito:

Por estructura y hasta por momentos las formas, la película nos recuerda, salvando las distancias, a “The ring”: unos adolescentes jugándosela alegremente y unos padres tratando de salvar a estos y a sí mismos. En el proceso, el clásico juego del gato y del ratón con una puesta en escena con más resonancias a otros títulos con elementos ya vistos de espejos y reflejos por doquier, junto a sustos y sonidos tétricos rematados por efectos especiales que no tienen nada que envidiar a los confeccionados al otro lado del charco.

Quizás le falta, fruto de todo lo dicho, personalidad propia más allá de unos ecos que nos recuerdan que estamos ante un producto ruso –por mucho que el país haya avanzado hasta casi superarnos con apartamentos envidiables (salvo las puertas de cartón) y hayan cambiado Volvos por Ladas…-, pero como decía líneas arriba, como producto de género convencional cumple como lo haría cualquier otro título de los que inundan los videoclubs patrios. Aunque claro, esto tampoco quiere decir que sea un buen producto, ni siquiera por encima de la media.

Entretener, entretiene, peeeeero… volviendo a lo que decía de “The Ring”, ¿os acordáis de cuándo en EEUU hacían una versión de los referentes nipones? Eran artificiales hasta el punto de ser descafeinados. Aquí ocurre lo mismo: se nota que se tiene una buena base, que el nivel técnico y artístico es impecable, pero se yerra en la transmisión y en el remate. Es cierto que no es fácil evitarlo, pero por esa razón se distingue el grano de la paja.

Sobre lo de transmitir, pues sin atmósfera y con tópicos es difícil llegar a inquietar al espectador, aunque ya lo tenemos asumido. Sobre el remate, aquí se lleva la peor parte. Todo lo “ganado” –resalto ese entrecomillado- lo tira por la borda no por una razón, sino por dos, lo que es peor.

Una, porque “innova” con un falso final. El problema es que quedando todavía más de veinte minutos por delante –ocurre a malas penas superada la primera hora de metraje- ya sabemos todos que lo que se nos cuenta es un tanto estéril. Y ya no solo eso, sino que la excusa para volver a la carga es un tanto… estúpida, un “porque tú lo digas” en toda regla.

Y por si esto no fuese suficiente despropósito, esos veinticinco minutos siguientes se los podrían haber francamente ahorrado. Si la hora anterior era más o menos resultona, entreteniendo y hasta si me apuras enganchando, lo que vendrá a partir de ese momento tirará por la borda todo lo anterior: no solo será estirado, rozando el aburrimiento, sino adoptando soluciones que ya hemos visto en otras producciones dejando un olor a rancio que tira pa’tras... No digo más.

Resumiendo; a pesar de su origen relativamente exótico “Queen of spades” no deja de ser el típico film comercial con buena presencia pero fallido. De momento, de este origen, me quedo con sus comedias, infinitamente superiores. 

P.D.: Seguro que los muy morbosos le encuentran a la “Lolita” pelirroja de la película su puntito, pero solo se quedará en una sensación, en otro espejismo…


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