viernes, 5 de agosto de 2016

Crítica: Shelley

Los que disfrutamos de este tipo de cine, del cine de terror, buscamos de forma cuasi desesperada LA tecla. Esa tecla adecuada que a veces, solo a veces, se toca para abrir esa pequeña cajita llena de hormigas que todos llevamos dentro. Al abrirse, estas recorren nuestra espalda generando el tan ansiado cosquilleo, señal inequívoca que dicha tecla era la buena y que al fin, hemos conseguido encontrar a nuestro jodido Pokemon más deseado, ese que lleva la palabra “miedo” escrita en sangre en medio de la frente. No somos conscientes, muchas veces, que el miedo y el terror, se encuentran en lo cotidiano y que muchas veces, la gran mayoría de ellas, ni siquiera hace falta buscarlo, pues es él, quien nos encuentra a nosotros.

“Shelley” significa el debut de Ali Abbasi, producción danesa en la cual el primerizo cineasta parece tener muy claro esto que comentaba, que el terror no hay que buscarlo, el terror está entre nosotros, siempre, nos guste o no. En “Shelley”, Abbasi deforma la realidad de tal manera, que algo tan aparentemente bello como traer a un hijo al mundo, termina pareciendo la peor de las pesadillas en una película que una vez más y siguiendo la estela de títulos recientes como “Darling” (Mickey Keating, 2015) o la popular “La Bruja” (“The Witch”, Robert Eggers, 2015), abanderadas de una nueva forma de entender el género, lejos de los tópicos efectistas marcados por la industria en la actualidad, nos propone un relato que hace de la ambigüedad, la más afilada de las garras con la que desgarrarnos las entrañas.

Divido “Shelley” en tres cabezas de Hidra, tres actos orgánicamente interconectados pero bien diferenciados, a través de los cuales el director va adentrándonos con tanta sutileza como mala uva en su particular y macabra reimaginación de la maternidad. Una oscura y depravada hipérbole de la realidad, que sin duda conseguirá remover más de una consciencia, en especial las de aquellas que hayan o se encuentren en este momento, gestando una vida en su interior, para quienes las cuchilladas de la afilada hoja de Abbasi será especialmente cortante.

La primera cabeza nos mira. Lo hace tímida, desde una sombría grieta con esos ojos rojos como dos pequeñas llamas que juguetean en la oscuridad mientras parecen advertirnos que corremos un gran peligro

No hacen falta excesivos minutos para darse cuenta de que “Shelley” es un brutal ejercicio de estilo. La cruda y espectacular fotografía de los bellos paisajes en los que se desarrolla la acción, le transportan a uno de forma irremediable al lugar. Ali Abbasi decide ya en estos primeros compases, gran parte de la suerte de la contienda, pues es imposible no caer rendido ante semejante clase de cinematografía y ante tal orgía de buen gusto por parte de un director, que cuesta a horrores otorgarle la categoría de novel. “Shelley” es una maravilla técnica, más tratándose de una ópera prima. La frialdad de las imágenes, el manejo de las tímidas sonoridades e incluso de los atronadores silencios, hacen de estos primeros compases del filme, es una experiencia a medio camino entre lo cinematográfico y lo espiritual.

La madre le cuenta un cuento a su hijo no nato. Un cuento sobre madres. El cuento de la necesidad de serlo, y de la necesidad por serlo. Un cuento sobre las cicatrices de la pérdida y sobre la fuerza de una madre que viajará hasta el mismísimo corazón de las tinieblas, para poder estar junto a su hijo. Un cuento sobre la necesidad, sobre las consecuencias cuando dos necesidades inamovibles, chocan con una fuerza descomunal para dar forma a unos primeros compases de tanteo donde la función parece otorgar roles muy marcados a los distintos personajes, pocos, tan solo tres... de momento.

Este primer tercio del filme, deja patente la facilidad por parte de Abbasi de generar suspense y cierta incomodidad, a partir de muy poco. Todo está correcto, pero algo no va bien y el espectador lo percibe. Vemos venir la tostada, con premeditación, y creemos ser plenamente dominadores de la situación, creemos tenerlo todo controlado. Pero la vida no funciona así, jamás tenemos nada controlado, todo lo contrario. Y los ojos siguen clavados sobre nosotros. Siempre.

La segunda cabeza se acerca a nosotros y nos olisquea la mejilla mientras nosotros olemos su hediondo aliento. Polanski plantó la semilla del diablo. Ahora hay semilla, la pregunta es, ¿Hay diablo?

Completamente sometidos ya, al particular universo de “Shelley”. Esclavos de sus leyes y de sus normas, y ya con el sabor de lo cotidiano, aferrado cual garrapata en nuestras papilas gustativas, la película procede al primer golpe de volante en el viaje. Los roles cambian y nos damos cuenta de que no iban los tiros por donde nosotros, ilusos, creíamos. La “influencia” de “La Semilla del Diablo” de Polanski es evidente llegados a este punto del filme. Entramos en ese punto del terror psicológico, en el que la cuestión está en debatirse en cuanto de real hay, en lo que estamos viendo. El elemento “locura” aparece en escena y las leyes, las normas, se deforman. Todo ello, por supuesto, dentro de ese marco preciosista al tiempo que perturbador, al que ya parecemos pertenecer.

Es cierto que el desarrollo de esta parte de la historia, nos resulta de lo más familiar. Bebe de donde bebe y la fuente es recurrente. Pero aun así, la película no pierde su poder de seducción ni un solo instante, ni siquiera el pausado tempo, consigue sacarnos de la misma. Todo lo contrario, el genial uso que se hace de los silencios y de la expresión corporal de los personajes, añaden toda una serie de matices y detalles, que dotan de gran profundidad a la ilustración. Y es aquí donde aquellos que no tenían aun muy claro, si estaban viendo un simple drama, o una película de terror, comienzan a entender que “Shelley” tiene para todos y con igual contundencia, cuando comienzan a aparecer las primeras concesiones claras al género.

La tercera cabeza ruge, justo antes de abalanzarse sobre nuestra yugular y hundir sus afilados dientes en ella. Dicen que el mayor logro del diablo, ha sido hacerle creer al hombre que no existe

Aun acongojados pro el rumbo de los acontecimientos, encaramos el último tercio del relato con una nueva reinvención del mismo. Una vez más, las reglas cambian y por tanto, el juego. Si Polanski era antes el nombre sobre la mesa, para tirar de las siempre complacientes referencias, ahora no nos queda otra que hablar de Richard Donner y de su profecía de 1976, aunque para entender lo que “Shelley” nos propone de aquí al final, tenemos que hacerlo también de Lars Von Trier, pues es imposible, especialmente en este último tramo (pese a que a nivel estilístico, la sombra del holandés, siempre nos ha revoloteado sobre la cabeza), no acordarse también de su "Anticristo".

Entramos en el capítulo más visceral de la película. Pese a todo, la ambigüedad y la paranoia siguen estando muy presentes, lo cual dice mucho a favor del buen pulso de Ali Abbasi, pues no siempre es fácil mantener el globo hinchado hasta el final. “Shelley”, al igual que ocurría en la película de Trier, se quita la careta y se destapa como la aterradora obra que es, si bien con una peculiaridad, que detrás de la careta, encontramos el mismo rostro. Y ahí, es precisamente donde nos deleitamos con una de las mayores grandezas del filme. Su capacidad de mudar constantemente de piel, de reinventarse a sí misma, pero siendo siempre fiel a su naturaleza, manteniendo una coherencia que rara vez suele verse en el cine de terror actual y por supuesto, incomodando, incomodando mucho al espectador, con algunas secuencias que desde luego no serían del gusto del ortodoxo Hollywood del que estamos tan acostumbrados a mamar.

El desenlace, crudo, seco, ¿Ambiguo? Hay que verlo señores. “Shelley”, más allá de una preciosista maravilla técnica, dirigida con pulso de hierro e interpretada sin fisuras por unas estupendas Cosmina Stratan y Ellen Dorrit Petersen, es un pequeño pedacito de hermosa realidad deformado al extremo. Un cuento perverso, enfermo y claustrofóbico sobre el milagro de la vida y sus miserias, que llega para dejar huella y que para bien o para mal, dudo mucho que pueda dejar a nadie indiferente. Una nueva forma de entender el género que coge el testigo de todas las películas previamente citadas para dejar claro que en esto del terror y pese a que la industria se empeñe muchas veces en lo contrario, en este banquete, sigue habiendo sitio para los paladares más sibaritas.

Lo mejor: Su deliciosa dirección artística, lo perturbador de algunas secuencias y el gran mérito de dar credibilidad a un relato tan manido (ridiculizado incluso) dentro del género de terror.

Lo peor: Como suele ocurrir con este tipo de productos controvertidos, tan alejados del circuito comercial, la barrera entre odio y amor, es prácticamente imperceptible.


10 comentarios:

Missterror dijo...

Rector- Vaya por delante que me parece soberbia la forma en que has presentado a esta película y que leyendo semejante crítica, uno debería ser incapaz de desaprovechar la oportunidad de verla para disfrutarla.
"Shelley" ha sido toda una sorpresa. Yo me esperaba una película menor porque siendo sincera, a la vez que superficial, te diré que sólo el poster ya me tiraba mucho para atrás...menos mal que algún pájaro negro optó por esta película, sin dejar ninguna otra opción.
Como bien dices, "Shelley" crea esa atmósfera malsana que creaba la maravillosa "The Witch" y desde mi punto de vista, consigue también ese malrollismo constante que destilaba "The Invitation", donde constantemente eres consciente de que algo va mal, que no sabes lo que es, pero que algo va realmente mal y esto con esos paisajes, con esos acertados silencios de los que hablas y con las espectaculares actuaciones de las actrices protagonistas, que son para aplaudir sin control, hace que te enganches a lo que ves de una manera bestial, que entiendas que todo se cuece lento porque es como tienes que sentirlo, poco a poco, gestándose como un bebé en la barriga de la madre.
Cuando llega la parte central donde entra en juego ese terror psicológico, esa ambiguedad creada, entiendes "Shelley" es mucho más que una referencia a "La Semilla del Diablo", es un tortuoso camino por la necesidad de tener lo que no puedes tener y la necesidad de encontrar un sentido a una vida vacía.
Sís creo que el desenlace podría haber sido más bombástico, pero que es coherente con el tono de la película y termina siendo un último trago que deja buen sabor de boca.

Lo dicho, una muy agradable sorpresa que se esconde detrás de un título horrorosamente escogido, al igual que el poster promocional...

Saludos

El Rector dijo...

Missterror, muchas gracias. La verdad es que en casos como este, las críticas se escriben prácticamente solas. Una auténtica gozada. Con toda la basura que suelo tragarme, toparme con algo de semejante calidad y denominación de origen, pues que quieres que te diga, una se emociona y así, intenta transmitirlo.

De acuerdo en casi todo lo que comentas. Muy acertada la mención a "The Invitation", que sin tener nada que ver con esta en apariencia, si comparte esa sensación de incomodidad que transmite al espectador, que sin saber muy bien de donde viene, te cala hasta los huesos.

Las únicas discrepancias, las tendríamos primero en la percepción sobre el final, que a mi me ha parecido bastante más redondo que el de "The Witch", que precisamente, si hace gala de ese desenlace bombástico que poco tiene que ver con el tono general del filme (y te lo dice alguien que adora lo fantástico por encima de todo). El final de "Shelley" gustará o no, pero no se puede negar que es d lo más coherente con lo visto hasta ese momento.

Sobre el póster, a mi me mola, por más que esa una actualización de "La Semilla del Diablo" y que sea un estilo, que ya se ha utilizado en muchas producciones menores de dudosa calidad.

Más reticencias tengo, al igual que tu, con el título... pero bueno, anécdotas, pues poco más negativo se le puede sacar al debut del amigo Abbasi.

Saludos.

Gastón dijo...

A mi viendo el poster la verdad es que no me llamaba para nada, pero si vuestra intención era venderme la moto ya os digo que lo habéis conseguido. Advierto que voy a pedir daños y perjuicios si no me gusta, jaja!

El Rector dijo...

Gastón, pues sigo defendiendo el póster a capa y espada. Digáis lo que digáis :)

Mis dotes de vendedor son bastante nefastas y lo último que quiero es venderle nada a nadie. En el caso que nos ocupa, creo que es una película que se vende sola, pues es de notable alto en todos sus apartados. Eso sí, que queda claro que no es la típica peli de terror con mucha sangre o sustos, vamos, que el típico grupito de jovenzuelos que lo petan en el cine viendo el "Expediente Warren" de turno, se arrancarían los ojos con esto. Incluso aquellos que de mente más obtusa que aun no entiendan a estas alturas que el terror, tiene muchas formas. No es una peli para todos los gustos, eso está claro.

Y quede claro que nuestras opiniones, están libres de cualquier tipo de responsabilidad penal. Dicho lo cual, yo te la recomiendo encarecidamente ;)

Saludos.

Patrick Bateman dijo...

Es poster es muy descarado. :)

No me queda muy claro de que va el film, aunque creo que contra menos sepa mejor, que luego vienen las decepciones.

Me ha convencido, tendré que verla.

Saludos.

El Rector dijo...

Sr.Bateman, en ese caso, creo que no me ha salido del todo mal la crítica, pues era esa la intención. Aunque ciertas referencias y el citado y "sutil" póster, pueden darte alguna que otra pista, jeje.

Es una película que hay que ver si o si. En especial, si has disfrutado de cosas como "Anticristo" y demás perturbaciones de corte onírico.

Eso sí, opinión al respecto quiero en cuanto le hayas pegado el tiento, pues me temo que esta, es una de esas propuestas de extremos irreconciliables.

Saludos.

Anónimo dijo...

Personalmente no me ha atrapado, ni me ha aportado nada que no haya visto ya... No se porque la gente ve una critica buena y sigue el hilo para no defraudarse así mismo ,por ese estúpido postureo de molar.

La película es aburrida, sin giros destacables, con un final que no aporta nada al género ni a tu vida, como espectador ni te cuento.

Película de Domingo sin internet y que por azares de la vida la tenías bajada de cuando lo podías pagar.

El Rector dijo...

Anónimo, si "Shelley" no ha conseguido atraparte con su fórmula, entiendo que te haya parecido aburrida. Este tipo de cine tan personal, como ya adelanto en la crítica para que nadie se lleve a engaño, o se ama, o se odia, no tiene término medio. En mi caso, suele ser lo primero, de ahí mi profunda fascinación por la película. El que espere la típica película de terror, se va a dar de narices con un muro muy duro, como parece ha sido tu caso.

Por cierto, muy de acuerdo con lo que comentas sobre el tan de moda postureo. La gente debería hacer menos caso de las opiniones ajenas (por más mayoritarias que estas sean) e intentar cultivas un poquito más el criterio propio. Algunos harían bastante menos el ridículo.

Saludos.

Patrick Bateman dijo...

La verdad es que me ha sorprendido. Me ha gustado el tratamiento que le dan al mal en su forma etérea, está muy lograda a pesar de la sencillez con que se aplica.

Y en efecto, Shelley no va a conseguir atrapar al gran público.

Saludos.

El Rector dijo...

Patrick, para bien o para mal, dudo que nadie pueda decir lo contrario, que es una película que sorprende, digo. Me alegra que te haya gustado, pues es esta una recomendación algo arriesgada de hacer y que como comentas, difícilmente tendrá calado dentro del gran público (hablando en términos del género de terror, pues fuera de él, le veo bastante más recorrido).

Buen ejemplo de como a partir de una historia poco original y mil veces vista, sacar un excelente partido, simplemente, haciendo una película personal.

Saludos.

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