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domingo, 21 de octubre de 2018

Crítica: The House That Jack Built

Una casa es una coraza, un vientre materno hecho de hormigón, madera y cemento en el que sentirnos seguros y proteger aquello que nos desampara ahí fuera: nuestra vulnerabilidad. En casa encerramos el pasado, nos resguardamos del presente y desafiamos al futuro. Curiosamente, encerrados en casa es donde nos sentimos libres. Somos libres entre cuatro paredes, con el oxígeno limitado y no demasiado margen de movimiento. Y esto ocurre porque nosotros hemos construido esos muros sobre base de errores rectificados una y otra vez con lo que consideremos aciertos. Los aciertos impregnan cada ladrillo, cada baldosa, cada trozo de madera y aluminio y hacen que vivamos en paz. Lo lógico, por tanto, es que uno de nuestros objetivos en la vida sea el de construir la casa que consideramos perfecta para nosotros. Jack también lo cree.

“The House That Jack Built” es la última construcción del director Danés, Lars Von Trier. Una construcción que se cimenta y se levanta sobre el cine de terror, se estructura con vigas de egocentrismo y se acondiciona sobre la absoluta necesidad de impacto, psicoanálisis y riesgo que este director destila desde el inicio de su carrera. “The House That Jack Built” es una bofetada a mano abierta a la libertad y la impunidad con la que un asesino no sólo mata, sino que se expresa, simplemente porque puede, porque nunca pasa nada que se lo impida. Por supuesto, es una película larga (más de dos horas y media de duración) pero no se hace densa o pesada en ningún momento. En parte, esta necesaria agilidad es propiciada por el humor del que hace gala durante los cinco incidentes en los que se divide la película. Un humor tan negro que parece quemado y que, pese a lo duro que es aquello a lo que hace referencia, está clavado en el fantástico guión con puntas de flecha afiladas e ingeniosas con las que el espectador encaja de forma perfecta, para hacer más ancho el agujero en la carne.


“The House That Jack Built es una bofetada a mano abierta a la libertad y la impunidad con la que un asesino no sólo mata, sino que se expresa”


Otro de los aciertos para hacer pasable el trago, es la mezcla de realidad con pensamiento. De esta forma, somos testigos de la evolución del personaje principal, Jack (Mat Dillon), a lo largo de doce años en los que va desarrollando su impulso psicópata de una forma cada vez más intensa, a golpe de “Fame” de David Bowie mientras una voz en off conversa con él sobre sus actos, motivaciones, anhelos y temores. La combinación de estos dos mundos, se hace de una manera tan espontánea y natural que proporciona un doble interés al espectador, quien por una parte se engancha a una película formal de terror y por otra, no pierde de vista quién la está dirigiendo. El resultado, entiendo que si no hay Larsvontrierfobia de por medio, es tan apetecible y sabroso, que bien podríamos estar media hora más viendo a Matt Dillon en pantalla hablando de vida, de muerte, del terror de lo cotidiano y lo divino. Los cimientos ya están clavados a la tierra y son duros, robustos e inquebrantables.

“The House That Jack Built”, constituye un paso adelante en lo que a onanismo se refiere y esto no es algo necesariamente negativo. Von Trier siempre ha hecho gala de esa confianza en sí mismo que demuestra no sólo en sus guiones, sino también en sus declaraciones públicas, donde es capaz de hacer el más absoluto de los ridículos sin inmutarse y sin dejar que le afecte lo más mínimo, el rechazo que suele causar en los festivales (algo que creo que tiene más de personal que de laboral). En la película que nos ocupa, él, a través de su personaje Jack reflexiona sobre los límites del arte, su valor y su trascendencia. Jack habla de asesinatos, pero Lars habla de cine. Esta comparación no es producto de un simbolismo oculto en esta película, sino que es explícito tanto de palabra como de obra. Y en el metacine se autohomenajea para demostrar que se gusta tanto como nos gusta a nosotros “The House That Jack Built”. Estamos sin duda, ante una de sus obras más redondas, no porque algunas de las reflexiones que comenta sobre el arte y la vida son, desgraciadamente, un hecho irrefutable, sino porque lo hace de una forma sublime y mucho más sencilla de lo, a priori puede parecer. Los muros se levantan y dividen todas las estancias de una forma absolutamente proporcionada.


"aquí se cruzan unas cuantas líneas rojas del género que nadie ha marcado en ningún documento pero que sin duda existían y hasta ahora pocos habían cruzado”


El modo en que “The House That Jack Built” está rodada, hace que el espectador tome distancia desde el principio. No es necesario empatizar con ningún personaje para dejarse llevar por las variadas y diferentes sensaciones que la película va provocando a lo largo de los cinco incidentes y el epílogo. La frialdad, al igual que la misoginia, siempre está presente. Lo está en la mirada de Dillon, en el paisaje, en las conversaciones, en la manera de ejecutar y en los pensamientos que se van vertiendo. Esta frialdad se va convirtiendo en calidez a medida que las escenas nos van llevando al final, a esa primera parte de la “Divina Comedia” donde Dante Alighieri y Virgilio paseaban por el Infierno. En esta casa que se construye y se derriba una y otra vez, Dante es Jack y Virgilio es Verge (Bruno Ganz), su contrapunto en lo que llamamos conciencia. Lars Von Trier sería cada uno de ellos y los dos a la vez, paseando por el mundo, enseñando a los pobres mortales que hay que trascender y que el arte no puede dejar indiferente. El tejado está terminado y ya estamos a cubierto.

“The House That Jack Built”, es una de las películas del año. Jack es uno de los personajes del año. Matt Dillon es uno de los intérpretes del año y aquí se cruzan unas cuantas líneas rojas del género que nadie ha marcado en ningún documento pero que sin duda existían y hasta ahora pocos habían cruzado. Es así como Lars Von Trier, cómo no, da un puñetazo en la mesa para demostrar que si una película versa sobre salvajismo, lo tiene que ser a todos los niveles y esto implica algo que es especialmente hiriente para la sensibilidad del espectador como son niños y animales. Sin duda, escenas relativas a este tipo de muertes no son meramente provocativas, sino una forma de apoyar toda la perorata sobre la inutilidad de los límites en el arte. Hago un pequeño alto para darme cuenta de que este año es el año en el que más muertes infantiles se han visto en pantalla y supongo que vamos asumiendo que el cine de género no tiene que ser cómodo y que eso tiene una serie de implicaciones que tradicionalmente se han pasado por alto para no “herir demasiado”. “Hereditary”, “Puppet Master: The Littlest Reich”, “Nightmare Cinema” y “The House That Jack Built” tienen escenas que hace un par de años no hubieran encerrado determinados primeros planos ni en sus mejores sueños. La casa está rematada, sólo falta habitarla.


“La banda sonora es espectacular, Faaaaame y David Bowie cantando repetidamente y la pieza de piano de Glenn Gould se meten tanto en la cabeza como en el cuerpo y relajan la tensión”


A nivel técnico, pocos reproches se pueden hacer. Tanto la calidad en la forma de rodar como en la de narrar, está fuera de toda duda. El casting es magnífico, destacando por encima de todo Matt Dillon en uno de sus mejores papeles, Bruno Ganz y a una irreconocible Uma Thurman, que transmite la intención de su personaje como nadie. La banda sonora es espectacular, Faaaaame y David Bowie cantando repetidamente y la pieza de piano de Glenn Gould se meten tanto en la cabeza como en el cuerpo y relajan la tensión, una tensión más de apretar neuronas que de apretar dientes , pero tensión al fin y al cabo. Sobresalen también los FX, otro de los elementos importantes cuando el personaje principal se expresa a través de la violencia. Sin embargo, yo me quedo a un pasito de la calificación de sobresaliente, porque el halo de pedantería implícito en la autocomplacencia sobrevuela constantemente, de forma sutil, pero persistente y hace que los tiempos se alarguen en determinados pasajes, sin más utilidad que la propia recreación. Aun así, debo insistir en que la película no se hace pesada ni cargante, sino muy disfrutable a todos los niveles.

Hay momentos en los que es necesario derribar la casa que nos hemos construido. Es vital reconstruir con cimientos que soporten mejor la carga. Hay que buscar otros materiales y mejorar lo que una vez hizo que los muros de nuestra casa no fueran seguros. De esto se trata, de construir y derribar, una y otra vez, las veces que sean necesarias. Porque nuestra casa, nuestra guarida, no puede ser la excusa que nos impida avanzar, ya sea en uno, cinco o trescientos incidentes.


3 comentarios:

El Rector dijo...

Pues sin duda otra de las grandes joyas que nos ha dejado este Sitges y seguramente, una de las películas de Trier que más he disfrutado. Es imposible no caer rendido ante esa mezcla de terror macabro y descarnado, humor negrísimo y onanismo cinematográfico made in Trier. De la misma forma, que es imposible no caer rendido con la que para mi, es la interpretación del año, la de matt Dillon, claro está. El asesino más repugnante y adorable de la historia del cine, hay que odiarlo y quererlo a partes iguales, algunas de sus fechorías, auténticas obras de arte.

Rara vez una película consigue generar tantas y tan dispares sensaciones, pasando del escalofrío, al asco y a la carcajada sin apenas uno ser consciente. Fascinante todo lo que tiene que ver con el personaje de Verge (mención especial también para Bruno Ganz), monopolizando el reverso más excéntrico del filme y de su director, ese puntito de egocentrismo tan suyo que a mi aquí, para nada me chirría (en realidad casi nunca suele hacerlo, pues lo entiendo como parte implícita de su cine, guste o no).

Imposible buscarle pegas. Imposible.

Saludos.

Unknown dijo...

Haré por verla sólo por tan magnífica crítica. Lorena San

Missterror dijo...

Rector- Toda la razón. Debería ser imposible buscarle pegas y he tenido que hacerlo por cobarde y no darle el 9 que se merece, pero que quería reservar solo para mi "Mandy". Tengo que empezar a dar un paso adelante y dejarme de tantos remilgos con las notas :(
Has dado en el clavo con lo de "asesino más repugnante y adorable de la historia del cine", no porque se le coja cariño, sino porque esa magia que tiene Von Trier a veces (yo tengo mis claros y mis oscuros con este director), hace que necesites escuchar sus divagaciones mucho más tiempo del que ya lo haces. Gusta verle en pantalla y repele verle actuar. Von Trieeeeerrrrrrr
"The House that Kack Built" es tan grande que consigue generar muy diferentes emociones en el espectador de una forma muy rápida y seguida, algo que descoloca pero que fascina.
Creo que esta es una película que tiene que ver todo amante del cine en general, no solo el de género.

Lorena San- Muchas gracias por la parte que me toca, pero el mérito es de la película, no mío :) Cuando puedas verla, no lo dudes. Luego pásate por aquí y nos cuentas qué te ha parecido.

Saludos.

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