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lunes, 5 de noviembre de 2018

Crítica: Muere, Monstruo, Muere

A los monstruos les queremos muertos. No es necesario que estén enterrados pero sí muertos. Hay monstruos que, incluso formando parte de nuestra vida para que no perdamos de vista la realidad de la humanidad, es mejor que estén muertos. Los monstruos de peluche no son monstruos. Un monstruo no es adorable, un monstruo es feroz y los que habitan en nuestra mente son los más peligrosos porque llega un momento de nuestra existencia donde se convierten en algo muy real. Si tenemos suerte de identificarlos a tiempo, somos capaces de enfrentarlos y matarlos. Si coexisten con nosotros con un camuflaje perfecto, estamos jodidos, cuervos. Si los monstruos somos nosotros, apretad los dientes, cerrad los puños y repetid “muere, monstruo, muere”.


“Muere, monstruo, muere es una película que necesita de más de un visionado para ser entendida porque resulta sumamente confusa”


“Muere, monstruo, muere” es una complicada película que nos adentra en una zona rural de Mendoza (en los Andes), para enseñarnos la parte más críptica de la mente humana y dar buena cuenta de que los monstruos muchas veces sí existen. Alejandro Fadel, su director, en su tímida presentación en el pasado festival de Sitges comentaba que hizo esta película porque le pidieron que mostrara a un monstruo y simplemente lo mostró. No cabe duda de que esta parte la cumplió con creces, pero no es menos cierto que “Muere, monstruo, muere” es una película que necesita de más de un visionado para ser entendida porque resulta sumamente confusa.

El éxito de películas que no tienen una línea argumental clara reside muchas veces en lograr traspasar esa frontera electrificada que, por lo general supone la falta de empatía con sus personajes principales. En películas extremadamente metafóricas, enmarañadas o borrosas, los personajes parecen más perdidos que el propio espectador y esto traslada una imagen mental de desorden en la dirección complicada de digerir. Estos personajes extraviados pasan a ser parte de una atmósfera rara y de un escenario que provoca reacciones muy diversas pero definitivamente con un alto grado de implicación por parte del espectador. Dicho en otras palabras, en películas donde nada parece tener pies ni cabeza, los protagonistas suelen importarnos una mierda, lo que hace más complicado terminar el visionado con una agradable sensación general.


“Llegados a cierto punto, simplemente hay que dejarse llevar y no buscar coherencia o explicación en lo que vemos, porque sea natural o sobrenatural, simplemente no tiene sentido alguno”


En el caso de “Muere, monstruo, muere”, la empatía con todos los personajes es casi inmediata y la atmósfera enrarecida se consigue casi desde las primeras escenas, algo que juega muy a favor de la experiencia. El experimento se complica cuando comienzan los diálogos filosóficos e inteligibles en una trama que se complica por segundos y que no es capaz de movilizar al espectador en una dirección clara. La sensación es de impotencia porque realmente hay un trabajo bien hecho técnicamente y hay muchos puntos de interés que funcionan correctamente por separado, pero que juntos son caóticos a más no poder.

Estamos ante un realismo mágico que va y viene de lo natural a lo sobrenatural, de la realidad a la locura, del hombre al monstruo y nunca sabes cuando has traspasado la línea que divide una cosa de la otra. Esto representa un gran hándicap a la hora de seguir la línea argumental y entender qué es lo que Fadel quería representar. Llegados a cierto punto, simplemente hay que dejarse llevar y no buscar coherencia o explicación en lo que vemos, porque sea natural o sobrenatural, simplemente no tiene sentido alguno (o al menos no lo han sabido explicar).

Todo este lío de las tres Ms, de las montañas, de aquello que la cabeza interpreta sobre lo que el monstruo quiere decir, de la crudeza de morir sola y de las implicaciones de la zona rural en la que se desarrolla, aturde no sólo por la incomprensión de la historia, sino por lo bien interpretada que está y cómo los actores llevan a terrenos cotidianos todo el ocultismo que hay detrás del monstruo. En parte es como si estuvieras viendo algo muy reconocible sin entender por qué lo reconoces. Sin duda el punto fuerte de “Muere, Monstruo, Muere” es esa capacidad de hacer que el espectador sea partícipe de una historia caótica sin apenas enterarse, gracias a un brillante casting en el que hay que hacer mención de honor a Víctor López en el papel de Cruz y Tania Casciani como Francisca.


“el punto fuerte de Muere, Monstruo, Muere es esa capacidad de hacer que el espectador sea partícipe de una historia caótica sin apenas enterarse”


En este viaje al centro del miedo, cuando la apuesta es llenar al espectador de expectativas en el desenlace y olvidarse de los simbolismos para representar al monstruo físico, los efectos especiales juegan un papel determinante. Como Fadel nos dijo, hay que mostrar al monstruo y hay que hacerlo bien. FX artesanos y un gore al que no apuntaba el visionado en un principio, hacen que toda esa extrañeza en el desarrollo, toda la inquietud que se plasma y lo enrarecida que resulta la experiencia, cobre algún sentido aunque no termine de tener el efecto que el director buscaba. La gran fotografía y la inserción de pequeñas dosis de humor negro, hacen que el tránsito sea más suave y que, pese a ser una propuesta contradictoria que se encaja a presión en el cine más de autor, deje una huella que hay que dejar reposar para valorar mejor pero que Lovecraft podría entender bien, como hubiera hecho con “La Región Salvaje” (Amat Escalante).

¡¡Cientiiiiificaaaaaaaaaa!!

Cuando los monstruos mueren, empezamos a relajarnos. No nos damos cuenta de lo inconsciente que resulta esto en un mundo donde huir de los monstruos es tan imposible como no llegar a ser uno de ellos en algún momento de nuestra vida. A los monstruos hay que enfrentarlos porque hay algo peor que vivir con miedo toda la vida y es vivir con arrepentimiento. Cuando nos arrepentimos de no haber tenido la valentía de reaccionar ante el monstruo, eso determina media vida. Tened en cuenta que la otra media nos la hemos pasado durmiendo y soñando que muere, el monstruo finalmente muere.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Muy de acuerdo con tu análisis Missterror. Estamos ante una Monster movie diferente y lo diferente, siempre tiene un valor añadido. Dentro de esa singularidad, encontramos un título críptico que requiere de toda nuestra atención (y como comentas, seguramente algún que otro revisionado) para sacarle todo el jugo. Es una de esas películas que te gustan más cuando la reposas y la piensas en frío, que en vivo y en directo, que en mi caso, reconozco que se me hizo un tanto pesada, justamente, porque nunca tuve muy claro lo que me estaban contando.

Técnicamente notable, con unas grandes interpretaciones, buenos efectos especiales y esos tintes de humor absurdo y bizarro que tanto me gustan, muy presentes en todo el metraje, pese al tono serio, existencialista incluso, de la propuesta.

Los monstruos, en el cine, esos sí que deberían vivir para siempre.

Por cierto, casi tan interesante como la propia película, me parecieron las palabras de su director Alejandro Fadel, quien en tono sarcástico, comentaba lo que muchos pensamos sobre las controvertidas elecciones que hace el festival de según que títulos para su programa. Un tipo encantador.

Saludos.

Missterror dijo...

Sabes que soy muy amiga de lo diferente, aunque también está claro que no por ser diferente tiene que ser automáticamente bueno. En este caso, el resultado es curioso y como dices, admite bien un segundo visionado para intentar hilar mejor todo el tema del monstruo, la montaña y los protagonistas.
A mí no se me hizo pesada en ningún momento, pero entiendo que pueda parecer una película demasiado densa porque realmente lo es.A mí esa naturalidad dentro de toda esa fantasía, me tenía ganada.

La presentación de Fadel me pareció de las mejores. Si casi nos explica cómo ir desde Barcelona a Mendoza!!! era la mezcla perfecta de persona super tímida y persona super extrovertida, fascinante!! Lo cierto es que dijo grandes verdades y era inevitable no pensar "ojalá le pueda encontrar por ahí tomando una cerveza para charlar un rato "

Saludos.

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