domingo, 27 de mayo de 2012

Crítica: The Man From Nowhere

Todos conocemos, o hemos conocido alguna vez, a una de esas personas que cuando habla, cuando explica algo, provoca que prestemos un especial interés y atención en escucharla, incluso aunque no nos interese lo más mínimo el tema del que esté hablando. Quizás sea la forma con la que engalanan lo que cuentan, intercalando chistes o dejando caer coletillas de Muchachada Nui; o tal sea vez el sonido de sus voces. Te pueden hablar del proceso de fabricación de los cordones de las zapatillas o contar una historia que ya hayas escuchado cientos de veces, y aun así, atiendes como si fuera tu propio médico leyéndote los resultados de tu análisis. “Tiene magnetismo…” suelen decir. Algunos de los que poseen esta habilidad acaban en la tele; otros, los que más, de comerciales de productos informáticos.

Y es que no nos engañemos, este, en realidad, es una mierda de “don”.

Una mierda de cualidad a no ser que seas, por ejemplo, director de cine coreano, y seas capaz de extrapolar al cine esa habilidad de atrapar al espectador con tu historia. Con imágenes en movimiento en lugar de dar la brasa.

Lee Jeong-beom debe ser de esa clase de personas. He de reconocer que cuando su “The Man From Nowhere” (Corea, 2010) acabó de contarme su historia tuve que pararme a pensar si me habían timado, si me habían dado gato por liebre. Aunque no hubiese pagado una entrada de cine y me encontrara en salón de mi casa. Claro que a esta conclusión se llega, como digo, una vez digerida la película, porque mientras uno la ve, no va hacer otra cosa que mirar hacia la pantalla, ensimismado, sin pestañear.

Lugares comunes. Una historia ya (demasiado) clásica, arquetípica, como parida a partir de un guión de la Cannon para su action hero de turno en los ochenta. O también podría confundirse (en el guión, digo) con de aquellas primeras películas que  John Woo realizó en su Hong Kong natal antes de emigrar a América. Esa sensación de que esta película le hemos visto todos ya, y es que uno ha vivido esa época de esplendor de los héroes de acción, ha tenido que soportar no tener tema de conversación con nadie en el recreo durante semanas por ser uno de los últimos de su clase en ver “Commando”. Y con este bagaje (y esta edad) no pensaba uno que fuera a venir un coreano dármelas con queso. Pero así ha sido.

Pero nunca nos habían contado la misma historia de siempre de esta forma, con esa curiosa forma de narrar tan alejada del Hollywood pirotécnico, y aunque tampoco la podemos catalogar como cine de autor, creo que la intención de su autor era quedarse en tierra de nadie entre estos dos géneros, y ofrecernos una descarnada historia (en todos los sentidos) de una forma poco ortodoxa para que lo que estamos acostumbrados. El efecto es como si estuvieras viendo un álbum de fotografías impactantes y llenas de transcendencia (como no podría ser de otra forma siendo una película oriental y cada una de esas fotografías contara un pedazo de la historia: la del héroe/antihéroe solitario y de oscuro pasado que busca redimirse de algo, la de la adorable niña que logra que volvamos a tener fe con los niños en el cine, la de la relación entre ambos protagonistas, tan diferentes y que logran un dialogo en pantalla mas basado en detalles y en gestos que en dialogo. Alguna de estas imágenes nos mostraran toda la crudeza del ser humano (en esto los orientales son expertos, es algo innato), incluso podremos ver crítica social en su crudo relato de la marginalidad. La impresión final es la de un despojado sopapo de realidad; como si alguien te estuviera dando un consejo y, antes de acabar, te calzara una ostia sin previo aviso, como para enfatizar, directa a la cara. Esto queda expresivamente reflejado en esa explosión de energía que nos salpica en la escena de acción final del film, sin demasiada espectacularidad pero sin concesiones, con una violencia tan desgarradora y sorda que no necesita de demasiadas armas; a cuchillazos, simbolizando quizás, que se trata de ese mismo cuchillo con el que un rato antes nos habían atravesado el corazón (al espectador) al saber cómo se le quitan a un niño de la calle los ojos para ser vendidos en el mercado negro.

La otra cara de la moneda de tanta espontaneidad directa a la yugular es que quizás algunas situaciones dramáticas pequen de una manipulación demasiado palpable, buscando la lágrima.

“The Man from Nowhere” es una de las películas que más extraña sensación me ha dejado en bastante tiempo. No sé si me parece una gran película o una medianía. Recordándola ahora, unos días después, no me parece gran cosa, pero es algo que choca con lo que muchísimo que disfrute viéndola. Supongo que ese guion, el cual se podría espoilear entero y no pasaría nada, tiene parte de culpa.

Lo dejaremos pues en que es una película destacadísima en su resultado final para lo que en un principio pudiera suponer su ingrato guion, gracias a esa habilidad de la que os hablaba al principio. El típico chute de adrenalina que supondría una película made in USA con el añadido de ese choque emocional que nos causaran sus dos (maravillosos) protagonistas y la podredumbre del mundo que les rodea.

En cualquier caso, mi consejo es que olvidéis todo lo que habéis leído (incluida esta crítica) y la disfrutéis mientras le veis, porque estoy seguro que lo haréis.

Lo mejor:

- Sus dos protagonistas.

- Las escenas de acción y/o drama, impactantes sin duda.

- La increíble fotografía de la película.

- Esa forma de narrar la historia.

Lo peor:

- Algo torpe e inocente cuando pretende ser dramática y revolver nuestras consciencias.


6 comentarios:

Darkotica dijo...

Lo has clavado Ash. Es cierto que The Man From Nowhere cuenta la misma historia de siempre, o al menos una de las más utilizadas en lo que a cine de acción se refiere, pero logra atraparte durante las dos horitas que dura. Es como "León el Profesional" en versión coreana.

¿Lo más magnético de la película? El atormentado protagonista. Won Bin desprende carisma por los cuatro costados. Qué hombre.

Poco tengo que añadir a tu crítica, bueno, sólo que a mi las escenas drámaticas me pusieron la piel de gallina, digamos que los momentos que buscaron lágrima la terminaron encontrando...

Missterror dijo...

Es cierto Ash, cuenta la misma historia de siempre, pero tiene algo que definitivamente la hace muy diferente, y ni yo sé qué es, pero cuando la ves, te das cuenta de que atrapa y mucho.

El antihéroe es de lo mejor que he visto, es atracción pura en todos los sentidos, es una patada en el estómago.

Las escenas de lucha son muy poderosas, tanto que te olvidas incluso de la historia, para mi (como creo que para ti),esa historia que pretenden contar, es lo de menos en The man from nowhere,. Lo verdaderamente importante aquí es la figura del hombre solitario, es el hecho de que necesite agarrarse a lo que sea para continuar viviendo, lo que de otra forma sería una vida vacía.
La relación entre los protagonistas es tan bella que cautiva desde el minuto uno en que se muestra, esto es lo que explora esta película, la sensación en el espectador de intentar meterte en la pantalla para darles calor a ambos.

El hombre sin pasado, me fascinó y (como hacen todos estos hombres), lo llevo grabado en la mente.
Lo de la niña es de traca (yo solo quería abrazarla y mostrarle mi sonrisa, la que no es capaz este hombre de mostrar)
Insisto, ellos dos son la película, lo demás, secundario.

A mi me pasó lo contrario que e ti, cuanto mas la recuerdo, mas recuerdo que me gustó mucho y más recuerdo que cada vez me gusta más.

Película a tener muy en cuenta.

saludos

El Rector dijo...

Muy entretenida pese a su ya comentada, poca o nula originalidad. Sin duda, el gancho reside en la figura del protagonista, aunque este sea otro topicazo del género y sobretodo, en su relación con la niña (no veas lo bien que lo hace la pequeñaja), que le da otra dimensión al personaje. Por supuesto y como suele ser habitual en este tipo de producciones asiáticas, técnicamente impecable y con unas secuencias de acción sublimes, como la citada escabechina final.

Lo que menos me ha gustado, su exceso de duración (para mi, le sobra media horita mínimo) y su estética, demasiado influenciada por le anime japonés (por favor, que alguien le rape las cabezas a esta panda de emo-nipones, que esos peinados duelen a la vista, además de otorgarle un look muy cutre a la película).

Ahora, Sr. Williams, Comando ya son palabras mayores, me hubiese gustado encontrar aquí alguna de esas pinceladas de humor macabro del señor Schwarzenegger, en plan: "a ti te mataré el último". Que ganas me han entrado de volver a verla...

Sin llegar al nivel de maravillas como I saw the Devil, una peli muy recomendable.

Saludos.

The Wrong Girl dijo...

Ajá, me tenéis en ascuas. Qué cuenta exactamente? xD

Ash Williams dijo...

Es una buena película (creo que es la película mas taquillera de la historia de Corea del Sur), que no os lleve a equivoco su trilladisimo guion! aunque a mi parecer tampoco creo que llegue al nivel de "I Saw The Devil" como comenta Rector.

Sandra Skull dijo...

I saw the devil es otro cosa es una de largo de lo mejor q e visto en muchooooo tiempo,esta es una mas q cumple su funcion .

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