sábado, 7 de enero de 2012

Artículo: Blade Runner

¿Qué se puede decir de ‘Blade Runner’ (‘Blade Runner’, Ridley Scott, 1982) que no se haya dicho ya? La respuesta es clara: nada.

Si acaso, lo que sí se puede hacer es dar una opinión totalmente personal y subjetiva (¿hay alguna que no lo sea?) de esta absoluta obra maestra.

Un servidor es un auténtico fanático del cine en general y del cine de género en particular, en especial, en la vertiente ciencia ficción. Y si la ciencia ficción se fusiona con la acción y la ultra violencia, entonces podemos decir casi con toda seguridad que la película que entre en ese grupo, se convertirá en película de cabecera y pasará a formar parte de mis imprescindibles.

‘Blade Runner’ entra en ese selecto grupo.

La primera vez que la visioné era yo un crío, entonces no entendía muy bien de qué iba el asunto, es más, apenas me interesaba más allá de sus secuencias de acción, su violencia y sus efectos especiales.

Llegué a la adolescencia y comenzó a interesarme algo más, sin embargo, aún no alcanzaba a comprender su magnitud.

No fue hasta que arribé a la edad adulta que supe apreciar toda su grandeza y esplendor.

Y es que ‘Blade Runner’ gana con cada visionado. Cada vez que la veo me gusta más, habiendo llegado a convertirse en una de mis películas de referencia.

El por qué me fascina tanto la ciencia ficción es un asunto que me costaría horrores exponer. No sabría explicar muy bien por qué me atraen tanto esos mundos imaginarios repletos de artefactos imposibles, seres de otros mundos, creaciones cibernéticas, experimentos, viajes interespaciales, mundos inhóspitos, vehículos espaciales, criogenizaciones, cyborgs, armas sofisticadas, robots, viajes espacio-temporales, etc.

Lo único que sé es que me hipnotiza, me coge de la mano y me adentra en un mundo del que me gustaría formar parte eternamente no teniendo así que volver jamás a la realidad.

Me encantaría poder enfrentarme a un Hal 9000, a un Roy Batty, a un T-1000, a un alien xenomorfo o a un simio parlante. ¡Qué narices, hasta me gustaría ser uno de ellos!

Con ‘Blade Runner’ me sucede exactamente eso. Gracias a su estupenda dirección, su extraordinario diseño de producción, sus increíbles efectos especiales, su cautivante música, su intrigante trama, su formidable fotografía, sus grandes interpretaciones, su perfecto montaje y también, su gran cantidad de simbolismos y carga filosófica, la cinta dirigida por Ridley Scott logra sumergirme en ese mundo eternamente oscuro tan solo iluminado por luces de neón, plagado de vapores que parecen surgir de la nada, constantemente inundado por una perpetua lluvia ¿ácida?, saturado de personas bizarras, peculiares, casi “fellinianas”, atestado de tortuosos callejones y repleto de caos y violencia.

Como ya he mencionado, su trama engancha, y de qué manera. Desde que ‘Blade Runner’ da comienzo el espectador no puede apartar la mirada de la pantalla. Sus impactantes imágenes se van sucediendo una tras otra y somos testigos del periplo que debe sufrir nuestro antihéroe Rick Deckard (un magistral Harrison Ford), un policía especial en la línea de los mejores investigadores policiales del Séptimo Arte.

Su angustia se transmite al espectador, su credibilidad y carisma nos ayudan a ser partícipes de su tortuosa investigación.

Una investigación que se hace creíble, una historia que se torna verosímil a pesar de transcurrir en el futuro. Y eso es debido a que es un futuro que, ya no solo no queda tan lejos, sino que además está ya casi entre nosotros (¿sin el casi?). Una situación de ficción que perfectamente puede respirarse ya en algunos territorios de nuestro mundo presente.


¿O es que acaso no hemos presenciado ya ese triste y húmedo clima en ciudades como Londres? ¿O no podemos ver ya las calles de Tokio repletas de carteles con luces de neón? ¿Y esas fantasmagóricas calles de Nueva York saturadas de vapores que surgen del subsuelo?

Así pues, el mundo creado en ‘Blade Runner’ no es un mundo tan ajeno ni tan extraño, es totalmente verosímil y sobre todo, coherente con lo que nos plantea.

La historia es bien sencilla. Un policía especial (un Blade Runner) llamado Rick Deckard, debe “retirar” (bonito eufemismo para describir cacería y muerte) a un reducido grupo de Replicantes de la rama Nexus 6, -androides capaces de pasar por seres humanos-. En su búsqueda y persecución se topará con una autómata de la que se enamorará, creando esto último diversos conflictos tanto externos (otros Blade Runners y autómatas) como internos (su deber, su honor, sus sentimientos...).

Constantemente se habla de lo importante que es el pensar durante el camino más que en la meta. Lo importante que es disfrutar del paisaje casi más que del destino. De lo interesantísimo que es el cómo más que el qué. ‘Blade Runner’ cumple esa máxima como pocas.

Leyendo su sinopsis uno podría pensar que estamos ante otra historia más de policías y ladrones con femme fatale de por medio. Una sencilla historia de detectives de los años 40 y 50 pero ambientada en el futuro. Y de hecho así es.

Pero la grandeza de esta película radica en cómo nos la cuentan, no en el qué nos cuentan.

Su asequible trama hace que la película se siga con facilidad, pero eso sí, siempre con entusiasmo, en especial debido a ese extraordinario mundo creado para la ocasión en el que la ingeniería genética está a la orden del día.

Sin embargo, a pesar de su sencilla (que no simple) trama, la cinta está trufada de multitud de referencias, simbolismos y filosofía.

Esos escalonados edificios que parecen sacados del Antiguo Egipto (véase también el interior de la mansión en la cual vive el creador de los Nexus 6).

Ese mismo creador (Dios) que crea vida y concibe nuevos (y superiores) seres (a imagen y semejanza de su autor).

Ese nuevo ser (Roy Batty, -genial Rutger Hauer-) que destruye y aniquila a su creador (y Padre) quitándole la vida de manera dolorosa y viciosa (tal y como se hizo con Jesucristo) en lugar de hacerlo rápidamente y sin tormento alguno.

El mismo Roy Batty clavándose un clavo en la mano (de nuevo la religión hace acto de presencia) mientras tortura a su perseguidor, para acto seguido, salvarle, perdonarle la vida y hacerle escuchar el monólogo más imponente, humano, existencialista, (e imitado, plagiado, homenajeado y parodiado), que se haya podido presenciar en toda la Historia del Cine.

Y así podríamos continuar hasta el Día del Juicio Final. Son todos estos paralelismos y simbolismos uno de los grandes motivos por los que ‘Blade Runner’ se hace, cada día que pasa, más grande.

Resulta curioso poder comprobar cómo en su momento no fue reconocida ni por crítica ni por público, y que, gracias a su reestreno en los 90, fue solo cuando comenzó a tomarse en serio esta maravillosa propuesta y a convertirse en verdadera pieza de culto.

Fue gracias al empeño de su director Ridley Scott que semejante empresa pudo llevarse a buen puerto.
Basándose (libremente) en la novela ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ del visionario, genial y polémico Philip K. Dick (el cual murió justo antes de que se estrenara la película), los guionistas David Webb Peoples, -el cual escribió la más que notable ‘Soldier’ (‘Soldier’, Paul W.S. Anderson, 1998), una especie de historia paralela que transcurría en el mismo mundo que ‘Blade Runner’,- y Hampton Fancher, revisionaron el complejo mundo del escritor y novelista estadounidense y lo adaptaron a un lenguaje más comprensible para el gran público (lo cual no significa que la película sea pueril o edulcorada, para nada).

A pesar de que la película iba dirigida a (casi) todo el mundo, muchos no la entendieron, otros no conectaron, a otros les pareció aburrida, a otros rara (Philip K. Dick era un tipo raro, perturbado), en definitiva, que aun contando con un director que venía de triunfar con sus anteriores propuestas, -‘Los duelistas’ (‘The Duellists’, 1977), ‘Alien, el octavo pasajero’ (‘Alien’, 1979),- y que comenzaba a forjarse un nombre en la industria, teniendo a una estrella protagonizando la cinta, -Harrison Ford, el cual venía nada más y nada menos que de ‘La guerra de las galaxias: episodio V. El imperio contraataca’ (‘Star Wars: Episode V. The Empire Strikes Back’, Irvin Kershner, 1980) e ‘Indiana Jones: en busca del arca perdida’ (‘Indiana Jones: Riders of the Lost Ark’, Steven Spielberg, 1981),- y gozando de un considerable despliegue de medios, la cinta no tuvo la repercusión esperada, fracasando en su estreno en salas y siendo repudiada por un gran sector tanto de la crítica como del público.

Pero como ya he mencionado antes, ese grave error se logró subsanar en el año 1992, el año de su reestreno. ‘Blade Runner’, cual Ave Fénix, resurgió de sus cenizas y comenzó a volar tan alto que hoy día está considerada una de las mejores películas de todos los tiempos. Ahí es nada.

Personalmente me alegro de que Ridley Scott fuera el que finalmente llevara a cabo la difícil tarea de trasladar la obra de Philip K. Dick a la gran pantalla.

Ridley Scott es un director que me gusta, es más, me gusta mucho y no me he perdido ni una sola de sus películas. Incluso sus películas más flojas me interesan (por unos u otros motivos), como por ejemplo la endeble ‘La teniente O’Neil’ (‘G.I. Jane’, 1997), película blanda donde las haya que sin embargo me hace disfrutar enormemente (recordemos ese inolvidable, “¡chúpeme la polla!”, que le suelta una hipertrofiada (y rapada) Demi Moore a un entonces no tan conocido (y perfecto en su rol de tipo duro) Viggo Mortensen. A mi favor debo decir que soy fan de las películas de militares (tal vez tenga algo que ver mi pasado militar).

‘La teniente O’Neil’ no es la única película floja que ha dirigido el británico, sin embargo, no sé por qué extraña razón últimamente solo se le recuerda por sus obras menos afortunadas. Pero no debemos olvidar la gran cantidad de buenas (algunas excelentes) películas que nos ha dejado el mayor de los hermanos Scott.

Además de la obra maestra que nos ocupa, también ha dirigido otra grandísima película, una indiscutible obra maestra (enmarcada también –al igual que ‘Blade Runner’- en un contexto de ciencia ficción), hablo claro está de la antes mencionada ‘Alien, el octavo pasajero’ (‘Alien’, 1979).

Además de sus dos obras maestras, el bueno de Ridley ha dirigido películas tan interesantes y conseguidas como: ‘Black Rain’ (‘Black Rain’, 1989) , ‘Thelma & Louise’ (‘Thelma & Louise’, 1991), ‘Gladiator’ (‘Gladiator’, 2000), ‘Hannibal’ (‘Hannibal’, 2001), ‘Black Hawk derribado’ (‘Black Hawk Down’, 2001) o ‘American Gangster’ (‘American Gangster’, 2007).

Un tipo que hace en dos años tres buenas películas, -‘Gladiator’ (2000), ‘Hannibal’ (2001) y ‘Black Hawk derribado’ (2001)-, no puede ser tan torpe (aunque algunos se empeñen en que sí).

Ridley Scott maneja la cámara con maestría y solvencia, no le tiembla el pulso en ningún momento. A pesar de que llevaba pocas películas a sus espaldas, Ridley dirige como un veterano. El contar una historia futurista de ciencia ficción repleta de efectos especiales no obliga a Ridley a realizar un videoclip de dos horas, de hecho, después de seguir y ver toda su filmografía, se podría decir que ‘Blade Runner’ es uno de sus trabajos más clásicos y menos efectistas.

Personalmente no tengo nada en contra de los trabajos “videocliperos”, pero sí que se agradece que la cámara se quede quieta y permita al espectador ver con claridad lo que sucede en pantalla.

Aun teniendo tras las cámaras a un director amigo de las luces y los movimientos de cámara y semejante dirección artística, y contando con semejante realización repleta de artefactos, efectos, artilugios y demás parafernalia, ‘Blade Runner’ posee la virtud de colocar los efectismos a favor de la historia. Todo un acierto. Y eso que la estética de esta obra maestra es abrumadora.

Además de la dirección, también me veo en la obligación de destacar el reparto. El carismático Harrison Ford, el imponente Rutger Hauer, la sensual Sean Young, la enigmática Daryl Hanna, la aguerrida Joanna Cassidy, el misterioso Edward James Olmos... todos, absolutamente todos están perfectos en sus roles.

Actores y actrices profesionales y solventes que, exceptuando Harrison Ford, nunca han logrado llegar al estatus de estrella (aunque algunos/as casi lo consiguen).

El tener tal reparto de caras conocidas y eficaces pero no estelares, siempre ayuda a dar credibilidad a la historia que se está contando, de ahí que algunos directores prefieran trabajar con actores y actrices desconocidos/as.

‘Blade Runner’ también lo agradece.

‘Blade Runner’ tiene una gran dirección y un estupendo plantel de intérpretes, pero si hay algo que destaca por encima de todo, es su dirección artística, -por cierto, la película estuvo nominada a dos Óscar, uno, por sus magníficos efectos especiales, el otro, por su increíble e inolvidable dirección artística-.

Nada que se haya realizado después de ‘Blade Runner’ en el campo de la ciencia ficción escapa a su influencia. Ya sean superproducciones o películas de serie B (e incluso Z), todas las películas beben de alguna manera de la cinta de Ridley Scott.

Su influencia incluso ha llegado a la animación: ‘Akira’ (‘Akira’, Katsuhiro Otomo, 1988), una de las películas de animación más importante de todos los tiempos homenajea (o plagia, según como se mire) sin complejos (¡y de qué manera!) la cinta de los replicantes.

De los grandes aspectos que me quedan por destacar, señalaré la fotografía de Jordan Cronenweth y la música de Vangelis.

Tanto la fotografía del primero como la música del segundo me parecen sublimes.

Sin la aportación de estos dos caballeros ‘Blade Runner’ no sería lo mismo.

Cronenweth juega con las luces y la oscuridad logrando crear un desasosiego perenne. Las luces que van y vienen, los reflejos de luz, las luces de neón, las sombras, etc. Tanto en exteriores como en interiores el fotógrafo se luce (nunca mejor dicho) como quiere. Una minuciosa labor de un iluminado.

En cuanto a la tarea de musicalizar la película, el griego Vangelis fue el elegido, y él solito se encargó de que nadie olvidara jamás su composición musical. Pero, ¿qué música tiene una película de ciencia ficción? ¿Qué notas se supone que debemos escuchar en una cinta que transcurre en el futuro? Como nunca hemos estado en el futuro, pues no lo sabemos, sin embargo, Vangelis se aproximó mucho con su música electrónica. ¿Hay alguien que haya olvidado la mítica partitura de los créditos finales?

Tanto Cronenweth como Vangelis realizan un trabajo inspiradísimo y digno de ser recordado.

‘Blade Runner’, como todas las obras audiovisuales, no es perfecta (personalmente habría incidido más todavía en la cacería y matanza, uy perdón, quería decir en el retiro de los replicantes y menos en la historia de amor (personalmente me aburre muchísimo el amor).

Sin embargo, a pesar de sus imperfecciones, ‘Blade Runner’ cumple con creces su cometido, que es entretener y hacer pensar a un mismo tiempo (hoy día pocas películas comerciales logran semejante misión).

Además, no solo ha logrado hacerse un hueco en el género cyberpunk, -un género poco prolífico-, y en el de ciencia ficción, -un género menospreciado-, sino que también ha logrado erigirse como una de las mayores obras cinematográficas de todos los tiempos sea cual sea su género. Una pieza de culto que ha trascendido mucho más allá de Orión.

Para terminar, me gustaría destacar todas y cada una de las secuencias en las que se puede apreciar ese magno trabajo de dirección artística. Una obra de arte que no me cansaré de admirar.

7 comentarios:

Darkotica dijo...

Excelente artículo de una de mis películas favoritas. Mi enhorabuena Wikus!

Como bien has comentado, es difícil decir algo de Blade Runner que no se haya dicho antes (y sobretodo qeu no hayas dicho tú en semejante especial), simplemente es una obra maestra que posee una atmósfera tan hipnótica que siempre consigue transportarme a ese futuro lluvioso de calles oscuras y carteles centelleantes, adoro Blade Runner, a todos los replicantes, a la banda sonora, la escena del unicornio, y sobretodo adoro el final...una película que sin duda me dejó huella.

Chapó José, hoy has brillado con muchísima intensidad...

El Rector dijo...

Si alquien que jamás ha visto una película, me preguntara de que va el royo este del séptimo arte, sin duda, le pondría Blade Runner, no solo es una oda a la ciencia ficción, es una oda al CINE, así, en mayúsculas ;)

Por si no ha quedado claro, ADORO Blade Runner, es una de esas películas que hay que ver al menos, una vez al año. De la banda sonora mejor no hablo, que ya se me está poniendo la piel de gallina, por no decir otra cosa...

Fantástico artículo Wikus.

Sobre Scott quizá ya no estaríamos tan de acuerdo, es cierto que tiene a sus espaldas grandes títulos, pero también sonadas castañas, aunque esto, como siempre, es cuestión de gustos.

El Sepulturero Torero dijo...

Wikus, macho, te has salido con este artículo. Muy grande. Perfecto. Transmite pasión.
Blade Runner es una de mis favoritas. Lo de matar al padre, todo un axioma psicológico freudiano, guarda relación con el buscar el jaque mate en ajedrez. ¿Recuerdas como se cuelan en casa del científico usando de subterfugio el ajedrez? Qué grandes actores también tanto el genetista como el científico creador, por cierto. Pues en el ajedrez también se dice que dar jaque mate es como matar al padre. Freud lo conectaba con el instinto sádico anal y todo eso, que no es que yo crea mucho en esas pollardadas, pero pensé que el apunte tenía su gracia.
Tuve el placer de conocer a Ridley Scott durante el rodaje de 1492: La conquista del paraíso, una película peñazo donde las haya, en la que trabajé de extra. Aunque esa peli sea un peñazo, como digo, está magistralmente dirigida, como todo lo que hace este fenómeno. Cuando fuí a cobrar mi dinero, salía ya sonriente por la puerta con mi amigo Miguel cuando nos cruzamos con el enorme Ridley (su estatura rondaría el metro setenta y cinco, pero parecía mucho más alto). El tipo era muy simpático, me preguntó con guasilla que qué iba a hacer con el dinero. Yo le respondí riendo que pagar deudas, que ya estaba gastado. Le hizo gracia aquello y nos invitó a los dos a un café, uno de esos de máquina en vaso de plástico blanco. Hablamos de Blade Runner y de Alien. Él dijo que Alien fue una obra maestra, más que gracias a su dirección, gracias a un tal Yiyi, o algo así, no sé cómo se escribe, que era el encargado de diseño y maquetación de toda la parafernalia envolvente y asfixiante de Alien, estructura de la nave, anatomía del alienígena, trajes espaciales, etc Hablaba de él con veneración.
Un tío estupendo, creedme, transmite una fuerza bestial, como si tuviera un aura. No es que crea mucho en esos rollos, pero er. Al despedirnos nos dimos la mano y le dije "You´re great" Y él respondió sonriente "No, no, you´re great" Eso pa mí se queda.
Después de irnos Miguel le contó a su familia que conmigo se tomaba cafelitos con Ridley Scott, jaja Fue un día grande
Un abrazo

Wikus dijo...

Gracias chicos y gracias Darkotica.
Me ha gustado especialmente de todo su comentario (artículo diría yo) señor Sepulturero lo de, "transmite pasión", porque, sinceramente, siento una pasión desbordada, no ya solo por esta película, sino por el cine en general (en especial por el de género), y me encanta que eso se refleje en lo que escribo.
Muchas gracias.
Prometo más especiales de cine (eso sí, menos extensos -pero igual de intensos-).
Saludos.

newzombie dijo...

una de mis peliculas favoritas, lo mas curioso que lo unico que odiaba de la obra maestra eran algunas melodias de angelis con ese toque tranquilo y de cine negro de algunas escenas. pero hace poco la volvi a ver y esas melodias me parecieron emotivas y gloriosas. seran por los años o por descubrir algo nuevo del clasico que ya en todos los aspectos es para mi una obra maestra

El Rector dijo...

Mi estimad@ newzombie, son precisamente esas melodías de Vangelis, uno de los muchos elementos por los cuales se considera a Blade Runner como una obra maestra, posiblemente, una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine. Hay que ver como se cultiva el criterio con la edad... jeje.

jesus alvarez dijo...

Blade Runner, efectivamente por mucho que se diga de esta joya del cine ya se habrá dicho anteriormente, pero me parece imprescindible, sin ella el cine no seria el mismo... los dialogos, la música, los decorados, la ambientación, las interpretaciones, el argumento, la puesta en escena, todo es una orquesta increiblemente conjuntada y talentosa, es una vision casi poética, es la pelicula entre las peliculas, yo perdí la cuenta cuando la vi por 30 vez y puedo asegurar que necesito verla almenos un par de veces al año, saludos.

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