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viernes, 19 de enero de 2018

Crítica: Sweet Virginia

Sweet Virginia (2017) es un thriller rural cuya principal característica es la contención. Dirigida por Jamie M. Dagg, que ya se adentró en el género thriller con River (2015), la película gira entorno a un cuarteto de protagonistas, dos hombres y dos mujeres, que se ven interligados entre sí tras la llegada al pueblo de un sicario llamado Elwood. En ella todos los protagonistas son personas solitarias, creadas a sí mismas y que aceptan la huida como una posibilidad de vida tal real como otra cualquiera. La película está situada en un pequeño pueblo de Alaska y Sweet Virginia es el nombre del motel que regenta Sam, el protagonista. El nombre del motel hace alusión al lugar en dónde Sam vivió sus momentos de gloria como campeón de rodeo, poniendo así de relieve que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Al igual que la alusión del nombre del motel al estado de Virginia, que representa un estado antagónico a Alaska (el lugar en donde se desarrolla la acción), los dos protagonistas de la película (Sam y Elwood) son personajes opuestos, pese a que ambos comparten un vínculo pasado común con Virginia. Cocinada a fuego lento, recomiendo esta película a aquellos que les guste este tipo de cine que se recrea en los detalles, en las pausas, y que uno espera que en algún momento todo explote.

Una de las escenas que mejor expresan esa contención es el momento en el que una de las protagonistas (Lila) se siente perseguida por un coche. Es de noche y mientras el coche va serpenteando las calles vacías del pueblo, una música de thriller se encarga de mostrarnos la angustia de la protagonista. Una pequeña metáfora del que hizo algo mal y sabe que acabará pagando por ello. Mientras, en la radio, un programa expone lo retrógrado y conservador que es ese país, los Estados Unidos. La verdad es que toda la banda sonora de los hermanos Brooke & Will Blair (que cuentan con una dilatadísima experiencia en thrillers como Green Room, Blue Ruin, Whellman o The Scent of Rain and Lightning) es buenísima y acompaña a la perfección todas las secuencias dotando a la historia de misterio, drama o tensión, según el caso. 

La historia en sí me parece bastante modesta, pero la película está muy bien dirigida, bien narrada y bien actuada, logrando crear un interesante magnetismo a su alrededor. La fuerza, quizá por encima del guion, está en sus imágenes y en sus pequeños diálogos. También consigue impregnar al pueblo en donde se desarrolla la historia de cierta atemporalidad, hasta el punto de que si obviásemos algunos detalles sería difícil saber a qué década pertenece ese lugar. Como curiosidad, la película en realidad está rodada en Hope, Canadá, el mismo lugar donde en el 1981 fue rodada Rambo, First Blood.

La fotografía, oscura y sugerente, está a cargo de Jessica Lee Gagné, que hace un trabajo impecable a la hora de construir una atmósfera acorde con el guion de los hermanos Paul & Benjamin China (Crawl, 2011). Es curioso que este guion formase parte del Black List Suvey, en donde se encuentran los guiones no producidos que más interés generan, teniendo en cuenta la sencillez de la historia, que tiene potencial, pero que es muy contenida.

A lo largo de la película se definen de forma completa algunos personajes, principalmente el del papel protagonista, Sam, con todas sus complejidades y debilidades. Uno de los puntos fuertes de la película es que se toma su tiempo para mostrarnos la humanidad o degradación que hay en cada uno de los roles que habitan la película. El actor protagonista, Jon Bernthal (Walking Dead, Punisher, Wind River), borda el papel y firma una actuación de Oscar, interpretando a un buen tipo que tras el mencionado pasado de éxito dedicado a los rodeos lleva ahora una vida muy diferente como gerente de un motel. Sobre sus hastiadas espaldas carga la complejidad de sus secuelas físicas y relaciones afectuosas. Bernthal ya lleva una dilatada carrera con títulos de mucho peso, pero me atrevería a decir que esta es su actuación más completa en una película. Representando el papel antagónico está Christopher Abbott (It Comes at Night, The Sinner), que también se luce interpretando a un sicario impredecible, con un carácter dual del que te esperas cualquier cosa y no sabes por donde va a salir. Del lado femenino las protagonistas son Rosemarie Dewitt (Black Mirror, La La Land, 2016) y Imogen Potts (Green Room, Knight of Cups, 2015), que pese a tener menos peso en la película que los mencionados Bernthal y Abbott, también logran sobresalir completando un gran reparto.

El director no esconde las cartas, por el contrario, las pone al descubierto encima de la mesa casi desde el inicio. A los 30 minutos ya sabes de qué va la película y a dónde te va a llevar. La historia sigue el devenir que cabría esperar de los acontecimientos previamente mostrados. No hay giros en el guion ni artificios. Si alguien espera algo original o imprevisible no lo va a encontrar en esta película, pero esto, lejos de ser un handicap, es uno de sus puntos fuertes, como lo fue para Fargo en el pasado, o para Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, en el presente.

En un determinado momento de la película, los dos actores, Bernthal y Abbot, están sentados frente a frente en una cafetería. Es de noche, empiezan a hablar y a sincerarse, principalmente sobre las desgracias que cargan de su pasado. Al final del diálogo uno de ellos hace un movimiento circular con la mano mientras sentencia “going arround, coming arround”, haciendo alusión a la expresión “lo que das es lo que obtienes”. En esta idea, de que todas las acciones tienen sus consecuencias, radica la trama de toda la película.

Personalmente me gusta mucho el retrato que este tipo de películas hace de la sociedad americana en general y de la américa profunda en particular. Me gusta el poder evocador de las carreteras secundarias, oscuras, rodeadas de moteles. No es una película que vaya a dejar una huella profunda en los espectadores, pero sí juega bien sus bazas (por minimalistas que sean), y logra meternos en una atmósfera muy interesante. A quien busque complejidad en la trama la película le sabrá a poco, pero gustará a quien le interese ver las complejidades humanas, con sus virtudes y sus miserias.

Lo mejor: La contención que reina en toda la película, una fotografía magnífica y una banda sonora que consigue mantener la tensión aun cuando no pasa nada. Las actuaciones de todos los protagonistas y en especial la de Jon Bernthal.

Lo peor: Es una película con un argumento bastante minimalista, que nadie espere giros en el guion, la historia nos conduce hacia un final fácilmente imaginable, lo que para algunos le restará puntos.


5 comentarios:

victor dijo...

Pinta muy bien, me la apunto.
Un saludo

El Rector dijo...

Fabulosa. No puedo decir otra cosa y eso, que coincido en lo que comenta Ronette en la crítica respecto a lo ligero del guion y a esa falta de giros tan típicos del thriller. Aquí no hay nada de eso, pero ni falta que hace. En lo personal y como gran amante de este tipo de thrillers pausados, a veces auto contemplativos y que se alejan de los efectismos típicos de Hollywood, no puedo estar más de enhorabuena. Y a mi colección de grandes éxitos recientes como "Frío en Julio", "Comanchería", "Car Cop", etc... (y aun me falta "Wind River", que también tiene pinta) hay que sumar esta "Sweet Virginia", un ejercicio de elegancia y minimalismo delicioso, donde el ´como es más importante que el qué. Una gran dirección y unas interpretaciones tan contenidas como excepcionales, con un Jon Bernthal que lo borda.

Otra que perfectamente podría haberse colado en mi top 10 del 2017.

Saludos.

Missterror dijo...

Sin duda, como dices, uno de los principales bazas de la película es que usa la contención como arma para provocar lo que normalmente se consigue con el dinamismo espídico, que es esa tensión enrarecida presente en casi todo el metraje. "Sweet Virginia" es un ejercicio de control y elegancia en medio de una historia sencilla donde todo está siempre a punto de explotar y donde los personajes son los que mandan, como debe ser. Como dices, todos y cada uno de los intérpretes está fantástico en su rol, pero siento debilidad por Jon Bernthal y Christopher Abbot porque los dos lo parten en esta película.
Me uno en esa alabanza de estos Thrillers cocidos a fuego lento que menciona el Rector. Maravillosos todos ellos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Jon bernthal es EL HOMBRE.Esta no la tenía controlada y también me la apunto.Aunque lo de la contención de bernthal no lo creeré hasta que no lo vea.
Diego.

RONETTE PULASKI dijo...

Rector y Missterror, muy de acuerdo con todo lo que comentáis, thriller pausado y contención como bazas que generan una atmósfera de tensión. Rector, ya escuché a más gente que al hablar de ella menciona Frío en Julio.
Víctor y Diego, os la recomiendo, aunque solo sea por ver los personajes de Bernthal y Abbot, por la fotografía, y por el clima que crea, vale la pena. Así todo, es mejor afrontarla sin pretensiones.
Un abrazo,

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