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miércoles, 21 de marzo de 2018

Crítica: I Am the Pretty Thing That Lives in the House

Desde que salió en Netflix la película con uno de los nombres más largos que haya visto, me sentí identificada con el título. Claro que no tengo el ego tan grande como para hacerme llamar “pretty”, pero sea por una resaca, invitados no deseados o la necesidad de estar en soledad, me creí -varias veces, digamos- el fantasma que habita en la casa. Y luego de verla (a pesar de sus falencias) seguiría pensando lo mismo, ya que en esta especie de poema hecho película tanto las imágenes como las palabras recrean un estado de melancolía que todo el que alguna vez se haya sentido como un fantasma- o vacío- sabrá apreciar.


“Después de tantas pelis con la misma premisa de casa antigua-algo misterioso la habita, esta vez la vuelta de tuerca radica en el punto de vista: es el fantasma quien nos cuenta la historia.”


Este producto de Netflix (2016) fue escrito y dirigido por Osgood Perkins. El mismo director que en “La enviada del mal” le dio un nuevo giro a las películas sobre posesiones, esta vez lo hizo sobre las casas embrujadas. El casting es uno de los más acotados ya que se reduce a cuatro personajes: la enfermera y protagonista, la anciana escritora a la que ésta debe cuidar, el espíritu que habita la casa y el empleado que contrata los servicios de la primera. La enfermera es interpretada por Ruth Wilson, quien nos narra lo que pasa por su cabeza antes y luego de convertirse en el fantasma. Es la segunda vez (la primera en Locke, de 2013) que con solamente su voz podemos conocer a un personaje- y por algo debe ser-. El espíritu que originalmente embrujó la casa es personificado por Lucy Boynton, que aunque en esta película no cuenta con demasiada participación, sí la pudimos disfrutar en “La enviada del mal”.

“I am the pretty thing…” sucede enteramente en una antigua casona construida en 1812, en Massachusetts. Después de tantas pelis con la misma premisa de “casa antigua-algo misterioso la habita”, esta vez la vuelta de tuerca radica en el punto de vista: es el fantasma quien nos cuenta la historia. Por eso se nos presenta de manera onírica, sobrenatural. El recitado, los efectos desdibujados, la lluvia, los ambientes exclusivamente blancos y la música ayudan a generar ese ambiente especial que desde el comienzo nos sugiere que la película no va a ser entretenida, pero que tiene mucho para decir.


“El recitado, los efectos desdibujados, la lluvia, los ambientes exclusivamente blancos y la música ayudan a generar ese ambiente especial”


Lily Sailor (Ruth Wilson) es una enfermera que llega a casa de Iris Blum (Paula Prentiss), una anciana escritora con incipiente demencia, para cuidarla en sus últimos meses de vida. Lily se hace llamar a sí misma la “cosa bonita que están viendo”, y en muchas partes obviables- que no aportan ni a asustar, ni al guión- conocemos un poco más de ella: usa su trabajo para escapar de una relación fallida, y se pasa los días dentro de la casa sin casi ninguna relación con el mundo exterior. En estas escenas, en las cuales lo único rescatable son los variados planos y la atmósfera que continúa sugiriendo un misterio, se van entremezclando datos sobre la protagonista y una novela que la anciana escribió hace tiempo.

La novela, llamada “The lady in the walls”, trata sobre una tal Polly Parsons (Lucy Boynton) a la que antiguamente habían asesinado y emparedado en esa misma casa. Por eso, luego de una misteriosa mancha en la pared que se va extendiendo, Lily comienza a leer el libro para conocer la historia. A partir de esto, nos resulta difícil como espectadores saber qué es real y qué no. Lily parece aterrada ante cada hoja del libro que lee, y de a poco comienza a experimentar miedos y alucinaciones. Su estadía en la casa cobra sentido a partir del libro, y a pesar de que muere de miedo- aún no literalmente-, no puede dejarlo. Ese miedo y a la vez fascinación por la historia de Polly nos lleva a preguntarnos-como la protagonista- si la historia es ficción o no. Si el fantasma aún habita la casa o sólo está en su cabeza, producto de la soledad y la paranoia: “Hacemos nuestros propios fantasmas”, dice Lily.


“ Disfrazada de película de terror, I am the pretty thing… resulta siendo un bello relato sobre la soledad.“


AVISO DE SPOILERS Luego de la aparición de Polly, y ante la cual la enfermera muere de un infarto por el espanto, vemos a Lily convertida en el nuevo fantasma que habita la casa. No aceptando su propia muerte y quedándose por siempre en ella. Así, la película regresa al comienzo, donde ella nos recitaba cómo era y por qué alguien se convertía en eso.

“En soledad hasta las cosas más bellas se pudren” decía, resumiendo en una sola frase los temas que no dejan de rondar la película: la soledad, la angustia y el miedo a terminar siendo sólo una cáscara, un envase vacío. No recordar lo que nos define, como lo es la muerte, y así “Verse a sí mismo y no ver nada”.

Disfrazada de película de terror, “I am the pretty thing…” resulta siendo un bello relato sobre la soledad. La relación entre vivos y muertos es clave, ya que en la película comienza estando bien demarcada y luego se va desdibujando hasta terminar con la muerte de la protagonista. La anciana juega un papel intermedio, ya que en su estado de demencia estaba viva aunque no con todas sus capacidades. La narración de la protagonista aporta mucho a la atmósfera del film, y quizás sería más provechoso si se hubiese tratado de un corto, ya que la hora y media de película se hace un poco tediosa. Lo onírico comienza a resultar aburrido y las frases- aunque interesantes al principio- son reiterativas. Así, al terminar de ver la peli- a pesar de sus muchos elementos interesantes y buenas intenciones- lo único que queremos es ver otra que tenga un poco de acción.


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