sábado, 15 de octubre de 2011

Crítica: Bellflower

Con “Bellflower”, Ángel Sala y su equipo demuestran que el Festival de Sitges también premia el trabajo de cintas de enorme calidad a pesar de poseer pocos rasgos del género en el que se centra el certamen. Por eso, la película de Evan Glodell, el cual también la escribe y protagoniza, está enmarcada en la Sección Oficial Fantástico a Competición.

Dos amigos, Woodrow y Aiden, se pasan la vida creando multitud de armas y otros instrumentos para prepararse imaginativamente para el Apocalipsis a lo “Mad Max”, su película favorita y su guía espiritual que les lleva a personalizar vehículos para que escupan fuego y convertirse así en los amos de la carretera. Por tener, tienen hasta el nombre de su banda imaginaria: “Mother Medusa”. La vida de estos jóvenes cambia cuando Woodrow conoce a Milly. A partir de ese momento comenzará una historia de amor que pasará del romanticismo al odio y la violencia, y que nos hará descubrir que el Apocalipsis puede desatarse por un corazón roto en mil pedazos.

Con un rodaje de guerrilla, su romanticismo épico y su apabullante estética, se ha convertido en una de las sensaciones de esta 44 edición. Película muy recomendable que puede gustar mucho incluso al amante del fantástico más acérrimo.

El film se divide en una primera parte en la que se narra una bonita historia de amor y pasión, y otra en la que la pasión se convierte en una situación violenta cargada de una atmosfera sombría con momentos de pura tensión y odio (los personajes externalizan su malestar con fuerza pura), para finalmente acabar observando la redención del protagonista.

El Apocalipsis del film se refleja en los sentimientos encontrados y las pasiones descontroladas, y se origina con el protagonista de la cinta; por su lucha interior proyectada en el resto de los personajes buscando una vía de escape a una situación desesperada.

Película, en definitiva, casi inclasificable que mezcla drama y comedia romántica indie siendo una fantasía que puede entenderse misógina (digo puede) de cómo los hombres interiorizan el final de una relación especial.

Evan Glodell impresionó en Sundance y en todos los festivales en los que se ha pasado su película, que puede ser llamada a ser considerada de culto. Lo que no tiene perdón es que ni siquiera el director hiciera acto de presencia ante el público de Sitges, uno de los más recomendados del mundo para juzgar su obra. Espero que Glodell tenga una buena escusa. Sin Sitges, su obra no tiene cabida en Europa.

2 comentarios:

El Sepulturero Torero dijo...

Mad Max, salvajes de autopista, peliculón donde los haya. Teniendo esa clase de "Biblia" como libro de cabecera, no es raro que surja espontáneamente el Apocalipsis a la vuelta de la esquina. Ésta tengo ganas de verla. Saludos.

El Rector dijo...

Sepulturero, Mad Max es de lo mas grande que se ha filmado nunca. Si la Biblia fuese esta, un servidor estaría cada domingo en la puñetera iglesia (y no para pegarle fuego) empalmándose con los sermones matutinos de maese Gibson.

Solo por esto, (y por el siempre buen juicio de Mr. Bundy), le daremos la alternativa a Bellflower pese a su sospechoso caracter floral.

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