sábado, 18 de mayo de 2019

Crítica: Dogman

El italiano Matteo Garrone es uno de esos directores a los que merece la pena seguirles la pista, principalmente, por ese retrato atroz que hace de la sociedad italiana. Sus películas “El Taxidermista” (2002), “Primer Amor” (2003) y “Reality” (2012), son buenos ejemplos de ello. También es muy interesante el tratamiento, casi documental, que hace sobre el crimen organizado que se extiende sobre las provincias de Nápoles y Caserta, tal y como hizo en su película “Gomorra” (2008), adaptando el libro de Roberto Saviano. Quién diría que, bajo el enorme puerto de Nápoles, ciudad que en los años 80 y principios de los 90 vibraba con las memorables hazañas de Maradona, se manejaba (y todavía se maneja) el tráfico de diversas mercancías, principalmente personas, dinero y droga, entre nada menos que varios continentes: Europa, África y Asia.


“la ciudad de Castel Volturno es el escenario perfecto para contar una historia cargada de violencia y de rabia contenida”


En “Dogman” (2018), Garrone nos muestra a través de Castel Volturno, una pequeña, desoladora y horripilante ciudad costera de la provincia de Caserta, una Italia que no conocemos y en la que tampoco querríamos vivir. Situada a escasos 40 kilómetros de Nápoles, la ciudad de Castel Volturno es el escenario perfecto para contar una historia cargada de violencia y de rabia contenida, sobre la confrontación entre el fuerte y el débil. Desfilan a lo largo de la película diversos personajes, personas mejores y peores, pero todos ellos con el denominador común de que no valen absolutamente nada y que basan su vida en un único instinto (simple y primario): sobrevivir, de cualquier manera y a cualquier precio. Abandonados, el mundo comienza y termina en uno mismo.

La película está basada libremente en un hecho real conocido como “il canaro della Magliana”, un delito que tuvo lugar en la periferia de Roma en el 1988, y en el que estuvieron implicados un ex púgil, Ricci, y un cuidador de perros, De Negri (alias “Canaro”). En el caso concreto de “Dogman”, la historia es la de Marcello (Marcello Fonte), un pobre hombre que se gana la vida lavando y cuidando perros en un cuchitril (además de vender algún que otro gramo para complementar sus ingresos), que acaba fuertemente vinculado a Simone (Edoardo Pesce), un matón que comete pequeños robos para pagar sus vicios (cocaína y putas, para que no quede ninguna duda).

Hay dos decisiones de Garrone que destacaría por encima de cualquier otra cosa en esta película: una, la localización de la película en Castel Volturno, ya que pese a estar basada en un hecho real muy vinculado a la periferia de Roma, esta localización transmite degradación y decadencia por sí sola. Es una pequeña ciudad en la que en los años 80 se proyectó un centro turístico que concentraba todos los deseos de la especulación sin escrúpulos (rascacielos frente al mar, pistas rápidas y centros comerciales), y que finalmente se consagró como un lugar abandonado y decadente, cuyo paseo marítimo “Villaggio Coppola” es un símbolo del abuso ilimitado de la construcción inmobiliaria; y dos, escoger para el papel protagonista al desconocido actor Marcello Fonte que sin duda es lo mejor de la película, tal y como lo confirman los premios que ha levantado en los últimos meses, tanto en el Festival de Cannes, como en los Premios del Cine Europeo. Perfecto en ese papel de hombre sumiso que busca ser aceptado a costa de perderlo todo.


“La película reflexiona, a través de una amistad abusiva, sobre la necesidad de sentirse querido y admirado”


La confrontación entre Macello y Simone, es bastante curiosa, porque el primero está habituado a tratar con razas de perros bastante peligrosos, a los que siempre logra controlar y domar, pero no es así con Simone, que es más perro que cualquier otro perro. De esta forma aparentemente sencilla, la película nos muestra una relación mucho más difícil de lidiar, la de dos seres humanos. En el caso particular, una relación basada en la complicidad y en el abuso, que claramente solo podría terminar en tragedia. No es el perro el que muerde, el que muerde es el hombre.

Paradójicamente, Marcello es como un perro en manos de su amo, Simone. La película reflexiona, a través de una amistad abusiva, sobre la necesidad de sentirse querido y admirado, o por lo menos, de ser tratado como un ser humano. Marcello se intenta hacer querer, bajo ese carácter sumiso, con el único objetivo de intentar ser aceptado. Esa posición de sumisión adoptada por Marcello, que por otro lado no tiene a nadie a quien acudir, se llega a entender dadas las circunstancias de la historia. Con su reacción final, liberando la rabia contenida, buscará cierta dignidad como solución redentora a toda su frustración y miedos acumulados. “La violencia es el último recurso del incompetente”, decía Isaac Asimov.


“La propia fotografía de la película, con sus tonos lúgubres, se encarga de apagar cualquier vestigio de esperanza, bañando de tristeza, angustia y decadencia toda la historia”


Los momentos en que Marcello ve a su hija Alida, son como pequeños oasis (tal vez momentos de irrealidad) en los que sueña con bucear a través de mares azul turquesa, que representan la única válvula de escape en su vida perra. Una realidad que lo oprime sin futuro ni esperanza, y que lo sumen en la desolación imperante en ese lugar con atmósfera de western, en el que la comunidad y la violencia están presentes como metáfora de la sociedad en la que el enemigo del pobre, es el pobre.

El personaje de Simone es el de un tipo bruto y sin escrúpulos que va intimidando a todo el mundo, viviendo el presente más vulgar e intrascendente, el ahora. La interpretación de Edoardo Pesce es muy buena, teniendo en cuenta que es un papel de muy pocas palabras. De las varias escenas que merecen la pena, me quedo con una en la que Simone vuelve herido a casa de su madre, y está más preocupado en recoger la cocaína que se le esparce por el suelo que en curar sus heridas. Como ejemplo de otra gran escena, también mencionaría la representación del paraíso en el único lugar que podría ser el cielo, un puticlub en el que los angelitos alados se mueven al ritmo de “Italove”.

La propia fotografía de la película, con sus tonos lúgubres, se encarga de apagar cualquier vestigio de esperanza, bañando de tristeza, angustia y decadencia toda la historia. Con este trabajo, el director de fotografía Nicolai Bruel ganó uno de los 9 premios David de Donatello que se llevó “Dogman" en esta edición de 2019 (mejor película, director y guion, entre otros).

Lo mejor: Los dos actores, Marcello Fonte y Edoardo Pesce, cuya contraposición protagoniza toda la historia; y su atmósfera, que contextualiza la película en un ambiente de desolación post decadencia.

Lo peor: A nivel dirección y guion a la película no se le puede reprochar nada. Es una historia sencilla y dura, sobre la sumisión, el abuso, la rabia y la violencia del perdedor.


7 comentarios:

The Walking Dead dijo...

Excelente artículo! desconocía por completo esta película y le echare un vistazo en cuanto pueda! Gracias

RONETTE PULASKI dijo...

Hola Walking dead, muchas gracias por tu comentario! El cine italiano no siempre llega a otros países, pero tiene directores y películas que merecen la pena, más allá del drama y la comedia. En este caso, como digo, es una historia sencilla y directa, de la que no hay que esperar ningún tipo de truco. De hecho, a este paso Garrone se va a convertir en el nuevo exponente de un actual neorrealismo italiano. Un abrazo

Gsus dijo...

Gracias a esta crítica descubrí la película y aunque no soy demasiado de dramas sociales me animé a verla. Y la verdad es que me alegro, ya que me gustó mucho.
Marcello Fonte en su papel protagonista está perfecto y la visión que tenemos de esa ciudad y de la gente que malvive en ella resulta absolutamente descorazonadora. En esta historia no se premia la amistad, no existe ninguna esperanza de un futuro mejor... Y en definitiva, la película lo refleja y transmite a la perfección.

MAX CADY dijo...

Fantástica reseña Ronette, poco que añadir a tu análisis. Confirmar que Dogman es una de las mejores películas que nos deparo el 2018, a la altura de las geniales y multipremiadas Zimna Wojna (Cold War) y Roma.

Dogman es una metáfora neorrealista violenta, decadente, directa y sin concesiones de los suburbios de cualquier gran ciudad (en este caso Roma) donde la miseria, la mafia, las drogas y la desestructuración social conviven en permanente conflicto con algunos rayos de esperanza y honorabilidad.

De atmosfera asfixiante y ritmo en continuo in crescendo hacia un final catártico, esta estupenda película emparentada indirectamente con la excelente Gomorra (también de Matteo Garrone) nos brinda dos actuaciones magistrales, sobre todo la del “inmenso” Marcello Fonte.

Ningún aficionado al cine (sobre todo los amantes del cine criminal con toques de denuncia social) debería perdérsela.

Saludos enormes.

RONETTE PULASKI dijo...

Hola Gsus, muchas gracias por el comentario, la historia real en la que se basa la película es todavía más violenta, de hecho es gore, descuartizamientos incluidos. Garrone, el director, lo llevó a un terreno más psicológico en el que muestra todas las miserias. Sin esperanza ni futuro como bien comentas. Un abrazo

RONETTE PULASKI dijo...

Max Cady, muchas gracias, si duda ha tenido un éxito increíble y creo que inesperado hasta para el propio Garrone.
La actuación de Marcello Fonte, como dices, me parece espectacular, vaya descubrimiento. No podría ser otro.
Destaco entre lo que comentas ese final catártico del protagonista dentro del contexto que vive, en esa atmósfera asfixiante.
Por cierto, ya que mencionas Roma, decir que tb me parece una película durísima.
Un abrazo

RONETTE PULASKI dijo...

Os dejo el trailler original, en el que Garrone mete una música italiana “Il cielo in una stanza” que contrasta con imágenes e historia
https://m.youtube.com/watch?v=eum93mpzpE0

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