domingo, 27 de octubre de 2019

Crítica: It Comes

Hace muchos años, un pequeño brick de leche cambiaba por completo mi manera de ver la adolescencia. Era necesaria una confesión para que yo entendiera que la venganza no tiene edad y que siempre hay que prestar mucha atención a los pequeños detalles. Lo cantó Tom Yorke y lo gritó Kanako, a veces el alivio llega de la forma más perversa. Lo que parece claro es que siempre llega, todo llega.


“Nakashima vuelve a basarse en una novela para construir otra pieza de orfebrería cinematográfica”


“It comes” llega varios años después de que Tetsuya Nakashima nos dejara sin aliento con la alucinante “The World of Kanako” (2014), nos partiera el corazón de rabia con la maravillosa “Confessions” (2010) y nos llenara la imaginación de color rosa con “Kamikaze Girls” (2004). Como es habitual, Nakashima vuelve a basarse en una novela para construir otra pieza de orfebrería cinematográfica. Esta vez adapta “Bogiwan ga kuru” del novelista Ichi Sawamura, para introducirse en el género de terror por primera vez. Lo hace como le gusta a este director, sin prisas y tomándose probablemente más tiempo del que realmente necesita, denominador común en todas sus películas, con la lección muy aprendida gracias al bagaje que le ha proporcionado su experiencia en el thriller.

“It Comes” sigue mostrando la fuerte personalidad de este director y, aunque visualmente parece romper con sus anteriores trabajos de estilo más videoclipero, sigue la estela narrativa de siempre, apostando todas sus cartas al guión. Un guión complejo y desquiciante que obliga a tener máxima atención en cada detalle ya que, como es habitual en Nakashima, la narración se muestra desde diferentes líneas temporales que saltan sin previo aviso, con la intención de que sea el espectador quien vaya completando un complejo puzle de muchas piezas que puede hacer rendirse a más de uno antes del ensamblaje final.

La acción se desencadenará, una vez más, a través de la relación materno/paterno filial, volviendo a la obsesión del control y la protección de los padres hacia unos hijos que terminarán siendo auténticos desconocidos. Esta vez no se explora la venganza, sino que se indaga en la parte más extraña de los ritos japoneses de defensa sobrenatural ante los muchos frentes que se van abriendo a lo largo de la película. De esta manera, la pareja formada por Hideki (Satoshi Tsumabuki) y Nozaki (Jun’ichi Okada) será la encargada de mostrarnos los temores a los que cualquier madre y padre primerizos se enfrentan y cómo ese temor traspasa la frontera del horror cuando se ven amenazados por una presencia absolutamente amenazadora. La pareja construirá una serie de relaciones a su alrededor que será epicentro y desencadenante de una explosión final de locura y desfase pocas veces visto. Nakashima, buscador incansable de la sorpresa en el espectador, vuelve una y otra vez sobre la misma acción mostrada desde diferentes puntos de vista, de tal manera que el engaño aparece y desaparece al antojo de un director que siempre va un paso por delante de su público.


“De argumento oscuro y complicado, It Comes se desarrolla en su gran parte a la luz del día, haciéndose lóbrega con cada conclusión”


Son estas diferentes perspectivas lo que da buena cuenta de lo certeramente que está planteado el guión y el poco espacio que hay para el error y el agujero argumental. Cada vez que se cambia el enfoque, se van rellenando pequeños detalles dejados al azar en la óptica anterior, hasta completar la narración con un desenlace que se convierte en el exorcismo más esquizofrénico que he visto nunca. Todo ello regado con mucha sangre y mala leche en un mundo de una sola dirección y con una única clave llamada Chisa.

De argumento oscuro y complicado, “It Comes” se desarrolla en su gran parte a la luz del día, haciéndose lóbrega con cada conclusión. De esta manera, la fotografía se convierte en aliada fundamental para transformar el paisaje en la verdadera exposición de la naturaleza de cada uno de los personajes. En “It comes”, cada subtrama tiene un peso esencial para entender todo lo que ocurre en el espacio temporal presente, por lo que cada personaje juega un papel protagonista en algún momento. Nakashima, conocedor de la importancia de un buen casting que exhiba con soltura unas características muy concretas, vuelve a confiar en Takako Matsu (“Confessions”) para el papel más complicado y con mayor riesgo de caer en la parodia. Matsu lo defiende sin problemas y nos adentra en una espiral de paranoia complicada quizás para aquellos espectadores ajenos a la obra de Tetsuya Nakashima pero aplaudida por sus seguidores.


“A veces su mayor virtud, que es explicar la película una y otra vez desde diferentes perspectivas, traspasa una línea que no termina de tener bien definida, para convertirse en su peor defecto”


“It Comes” no supone la mejor obra de Nakashima, pero sí demuestra que se maneja bien en diferentes géneros, que si bien van de la mano, cuenta cada uno con su propio código. En el thriller y el drama, hace un trabajo superlativo y en el terror no deja indiferente, pese a ese demonio que arrastra y que a veces tanto pesa: el exceso de metraje. A veces su mayor virtud, que es explicar la película una y otra vez desde diferentes perspectivas, traspasa una línea que no termina de tener bien definida, para convertirse en su peor defecto. No obstante, siempre es un placer ver el mimo y el cuidado en cada detalle para que no podamos cuestionarle ni una sola coma.

Cuesta poco recomendar una película con las características técnicas que tiene “It Comes”. Cuesta poco aconsejar ver una historia simple que grandes guionistas convierten en complicada arquitectura. Y como cuesta poco, lo voy hacer, os voy a recomendar ver “It comes” antes de que finalice el 2019. Probablemente hacia la mitad de la película os acordéis de mí y de todos los que me rodean, pero os aseguro que al final, también os acordaréis de mí y de lo acertado que fue entrar ese día en Nido de Cuervos para leer esta recomendación.


3 comentarios:

El Rector dijo...

Teniendo en cuenta que me quedó frito a mitad de película (no hay que subestimar nunca la comodidad de las viejas butacas del cine Prado), pues poco puedo opinar al respecto. Me perdí ese exorcismo final que por lo que comentas debió de ser la leche.

De su primera mitad, pues yo sí le sigo viendo mucho de videoclip a esta "It Comes", la cantidad de imágenes que Nakashima dispara por minuto puede llegar a ser desconcertante, más cuando tienes que estar también pendiente de leer los subtítulos. Una puta locura. Súmale luego todos esos personajes y su peculiar forma de narrar la misma historia desde múltiples perspectivas, pueden hacer de su cine una experiencia abrumadora. A mi "Confessions" plim, la verdad. Sí me gustó mucho "The World of Kanako" y con "It Comes", de momento no me mojaré mucho e intentaré revisionarla en condiciones un día de estos, jeje.

Ahora, calité por los cuatro costados. Incuestionable.

Saludos.

Missterror dijo...

Mal asunto cuando te vence el sueño. Si ha sido por puro cansancio, tiene un pase porque es algo que no se puede evitar, pero no nos engañemos, esto ocurre muchas veces porque la película no ha conseguido captar nuestra atención y si te quedaste dormido justo antes del colosal exorcismo, me temo que Nakashima no te había seducido demasiado.
Desde mi punto de vista, tanto "Confessions" como "The World of Kanako" (sobre todo esta última) son fascinantes videoclips larguísimos y súper disfrutables, justo por lo que comentas aparte de la estética, el exceso de fotogramas por segundo y la necesidad de prestar el 100% de atención. En "It Comes" me pareció muchísimo más contenido, y si bien, vuelve a mostrar esta forma de rodar en las escenas oníricas, no se prodigan demasiado. Y te digo más, Rector, si la mitad de la película te preció que seguía el patrón de las anteriores películas, no sé qué habrías pensado de la parte final, donde hay exceso y locura por todas partes.

Yo sigo contando a "Confessions" entre mis películas favoritas de la historia del cine :)

Saludos.

El Rector dijo...

Agotamiento físico puro y duro, nada personal contra Nakashima. Palabra. Y eso que en esta edición y en líneas generales, me he portado como todo un campeón ;)

Saludos.

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