domingo, 27 de octubre de 2019

Crítica: The Forest of Love

“The Forest of Love” (2019) es una ida de olla descomunal y tampoco se podría esperar otra cosa de su excéntrico director, Sion Sono, aunque algunos intuyésemos algo más ligero siendo una producción de Netflix y con el alcance que ello conlleva. Pero no, Sono nos sigue mostrando explícitamente todas sus perversiones, tal y como nos tiene acostumbrados. Algo que también hizo Cuarón con una película tan personal como “Roma”, por lo que Netflix parece que se ha convertido en una plataforma en la que los directores también pueden dar rienda suelta a sus proyectos más personales. Al fin y al cabo, Sion Sono, ese artista total, poeta, pintor, guionista, director y, sobre todo, transgresor, también es cine de autor.

El año 2019 no está siendo tranquilo para Sion Sono, “The Forest of Love” es su último trabajo después de haber tenido un hijo y un infarto. Si su vida es la mitad de bizarra que sus películas, sobran las razones para cualquier acontecimiento. Yo conocí el cine de Sono con “Suicide Club” (2001), una de sus películas que le dio fama a nivel internacional, pero el director lleva haciendo cine desde los años 80. Es uno de los grandes exponentes del cine japonés más provocador, y a través del documental “The Sion Sono” (2016), dirigido por Arata Oshima y filmado mientras rodaba “The Whispering Star”, se puede saber más sobre este artista complejo e irreverente.


“Que el cine de Sono es provocador, no tengo ninguna duda, de lo que no estoy tan seguro es que sus historias lleguen a interactuar con el espectador”


Si tuviera que destacar algunas de las obras más características de este prolífico director (trabaja a un ritmo frenético, lleva más de 15 estrenos en los últimos 10 años), mencionaría “Noriko's Dinner Table” (2005), que puede ser considerada una continuación de “Suicide Club”; su trilogía del odio, formada por las películas “Love Exposure” (2008), “Cold Fish” (2010) y “Guilty of Romance” (2011); y “Himizu” (2011). Uno de sus trabajos más recientes es la serie de televisión “Tokyo Vampire Hotel” (2017), en la que trabaja su mujer y musa, la bellísima Megumi Kagurazaka.

Sion Sono nos muestra en “The Forest of Love” todas sus filias y sus fobias (desde el suicidio colectivo hasta el Roman Porn de las colegialas en bragas, pasando por el gore de varios descuartizamientos), sin importarle lo que puedan pensar los demás. Para bien y para mal, la película es 100% Sono. Como dice el artista danés Olafur Eliasson (últimamente tan de moda, presente en la serie “Abstract” de Netflix y con obras expuestas en la Fundación Serralves): “el objetivo del arte experimental es provocar al espectador, proporcionarle el camino a nuevas formas de percepción y, sobre todo, la interacción de éste con la propia obra de arte”. Que el cine de Sono es provocador, no tengo ninguna duda, de lo que no estoy tan seguro es que sus historias lleguen a interactuar con el espectador, porque no es fácil identificarse con sus historias, muy alejadas de los cánones occidentales. Si hay por aquí algún escritor atravesando una fase de bloqueo creativo, siempre puede leer las sinopsis de la filmografía de Sono y utilizarlas como fuente de inspiración para dar rienda suelta a sus paranoias.

Avanzar algo de la trama de “The Forest of Love” es la mejor manera de ver a dónde nos puede llevar la película. La historia comienza en el momento que Shin (Shinnosuke Mitsushima) conoce a Jay y Fukami, dos jóvenes que quieren hacer una película. Los tres visitan a Taeko (Kyooko Hinami) con el objetivo de que Shin pierda la virginidad, pero Taeko los lleva a casa de su amiga Mitsuko (Eri Kamataki), que creen que también es virgen. A través de flashbacks conoceremos la amistad de las dos chicas, Taeko y Mitsuko, en el momento que estaban preparando una obra de teatro en el instituto, “Romeo y Julieta”. Cuando la joven que representaba a Romeo, Eiko (Yuzuku Nakaya), muere en un accidente, todos los planes de representar la obra se frustran y las dos amigas se distancian. Pasan los años y entra en escena Murata (Kippei Shiina), un carismático manipulador capaz de conseguir todo lo que quiere. Los tres amigos de Taeko, fascinados con el excéntrico personaje de Murata, comienzan a hacer una película sobre la extraña relación que éste mantiene con Mitsuko. Murata se acaba convirtiendo en el auténtico líder de la película, manipulando a todos los implicados a su antojo y de la manera más perversa posible. Paralelamente a todos estos acontecimientos, un asesino en serie no deja de cosechar asesinatos por los alrededores.


“Sion Sono busca retratar todo aquello que Japón busca ocultar al mundo, un sistema conservador y una sociedad sumida en la represión sexual”


Para entender a Sono hay que ver con cierta retrospectiva la historia del cine japonés hasta llegar a contemporaneidad que representan directores como Takashi Miike, Takeshi Kitano, Tetsuya Nakashima y el propio Sion Sono. Ellos son los exponentes del actual cine nipón, son cineastas Post Nuberu Bagu (la nueva ola del cine japonés de los años 50), muy influenciados por el Taiyozuku (sentimiento que nace con la novela “Season of the Sun” de Ishihara), los estudios Nikkatsu y el escritor Terayama, a la hora de ir un paso más allá para transgredir de nuevo el cine convencional. Nagisha Oshima, su predecesor, decía: “Mi odio hacia el cine japonés lo incluye absolutamente todo”.

Sion Sono busca retratar todo aquello que Japón busca ocultar al mundo, un sistema conservador y una sociedad sumida en la represión sexual. Al igual que David Lynch, Sono se sumerge en las dos capas que existen la sociedad, la superficial, ese ritual de lo habitual en el que queremos creer que todo está bien, y la oscura y underground, en el que las perversiones se liberan generando un caos siniestro. La película también nos muestra que en cada persona hay dualidades, todos somos capaces de transformarnos en monstruos dependiendo de las circunstancias. La película se vende con la etiqueta de “basada en hechos reales”, lo que me parece que no es más que otra troleada que nos está metiendo Sono. Su argumento recuerda de levemente al de la película “Man Bites Dog” (1992), en el que un asesino es seguido por un equipo de televisión. Tampoco es la primera vez que Sono trata el tema del cine dentro del cine, algo que ya había hecho en su película “Why Don´t You Play in Hell” (2013). Otra curiosidad es que tampoco es la primera vez que utiliza los nombres de Taeko y Mitsuko, pues ya los había utilizado en su película “Cold Fish”.


“The Forest os Love se desmarca de cualquier otro producto ofrecido anteriormente por Netflix. Con ella, Sono demuestra haber tenido libertad absoluta para hacer las cosas a su manera”


Al principio me parecía que la película podría ser un compendio de las mejores obras de Sono, pero llega un punto en el que la locura se desata. Si alguno vio algunas de sus películas podrá notar que “The Forest of Love” tiene un poco de todo (ojo que si alguien se anima a ver toda su filmografía de un tirón, probablemente acabe inmediatamente ingresado en algún hospital psiquiátrico). La película tiene momentos verdaderamente buenos y algunas escenas con una gran fotografía, pero los más de 150 minutos que dura la película no ayudan al espectador. Llega un momento en el que es fácil desconectarse de una historia que es totalmente bizarra y estrafalaria.

De lo que no cabe duda es que “The Forest os Love” se desmarca de cualquier otro producto ofrecido anteriormente por Netflix. Con ella, Sono demuestra haber tenido libertad absoluta para hacer las cosas a su manera. Al Jim Morrison que nos presentó Oliver Stone le preguntaron si creía en las drogas y él contestó “yo creo en el exceso’. Pues eso, Sion Sono sigue esa máxima hasta sus últimas consecuencias. A ver lo que nos espera con su próximo proyecto, “Prisoners of the Ghostland”, porque el protagonista será Nicolas Cage.

Lo mejor: Murata, el personaje interpretado por Kippei Shiina, un hombre carismático y manipulador, cínico y perverso. En resumen, un artista total en que valdría la pena profundizar en otra película.

Lo peor: Su excesiva duración, llega un momento de la película en el que la historia ya no importa.


3 comentarios:

Jesús Haro dijo...

Volver a ver un film de Sión Sonó es un reto. Film que distribuye Netflix y que muchos disfrutaron en Sitges 2019. Sonó es atrevido, otra cosa e interesante. Un extraño atajo por el camino del fantástico.

RONETTE PULASKI dijo...

Hola Jesús, Sin duda, ver una película de Sion Sono es un todo un reto. De hecho, habrá una gran mayoría que lo aguante y no llegue al final de muchas de sus películas. Pero como siempre digo, hay que saber apreciar la diferencia y Sono es ante todo un provocador. Que siga mostrando todas sus perversiones, al menos, seguirá siendo él mismo. Saludos

Jesús Haro dijo...

Es un fenómeno. Sonó hace cine difícil de digerir, pero sigue igual. Otra cosa. Otro cine. Films ideales para festivales. Vino a Sitges hace unos años acompañado de Su mujer. Agradecido.

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