martes, 19 de noviembre de 2019

Crítica: Infección

Fantaterror Iberoamericano estrenaba sección con un filme que ya habíamos podido ver en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges este año, un aperitivo nada desdeñable para vislumbrar que la película, como mínimo, resultaría atractiva. Era, además, una película de infectados, una temática que sigue quemando cartuchos como si no hubiese un mañana, reivindicando un subgénero que continua en pie de guerra, ofreciendo todo tipo de adaptaciones de sus elementos característicos o, como es en este caso, atendiendo a ser un producto reiterativo en el amplio mercado del sector.


“En Infección vamos a encontrarnos una película de argumento clásico, pero que tiene ciertas particularidades que la diferencian de ser solamente un producto más”


La película de Flavio Pedota ostenta bastantes particularidades de cuatro filmes: “28 semanas después” (2002), “Les affamés” (2017), “Train to Busan” (2016) y “Cargo” (2018). Tomando piezas de todas ellas compone una película que no llega a una solidez narrativa pero sí efectista, en la que se echa de menos la estética de las dos primeras y el presupuesto de las dos últimas. Ello no resta mérito a la producción en su nivel visual, con un esfuerzo muy inteligente por parte del equipo técnico en determinados planos y situaciones que cumplen con lo mínimo debido a su buen hacer.

En “Infección” vamos a encontrarnos una película de argumento clásico, pero que tiene ciertas particularidades que la diferencian de ser solamente un producto más (o, al menos, existe esa intención). Un doctor especialista en temas moleculares retirado decide que es mejor que su hijo marche con sus abuelos lejos de él. El motivo: su mujer ha fallecido de una enfermedad y se encuentra en un proceso depresivo, por lo que no se ve preparado para cuidarle. A la par que sucede esto, una mutación del virus de la rabia convierte a las personas en infectados, iniciándose una epidemia que asola todo Venezuela. En este contexto, el protagonista iniciará un viaje para salvar a su hijo antes de que la enfermedad llegue a él. Una iteración de un argumento clásico.

La primera particularidad de la película es intentar desmembrar su narrativa en diferentes líneas espaciales y temporales. La película va convergiendo entre su sentido más puramente dramático, reflejando la situación del protagonista, y la evolución del virus con el interés añadido de que muchas veces ambas situaciones convergen para luego volver a separarse. Estas moviolas de montaje funcionan bastante bien para no cargar dramáticamente en exceso determinados pasajes, lo que no quita que la primera mitad del filme sea inferior a su segunda mitad. De hecho, la película gana bastante cuando se pone efectista, visceral y violenta. En sus momentos de paro pierde energía y le pasa factura, con momentos algo aburridos que, además, no conducen a mucho, pues no pasará tiempo hasta que el espectador comience a olvidarse de la depresión, de la muerte de la mujer y tan solo quiera ver cómo los supervivientes se las ingenian para seguir con vida.


“un final bastante autocomplaciente y algo decepcionante, cuajan un resultado al que se nota mucha mano primeriza”


Esas cabriolas narrativas en diferentes contextos también quedan un tanto forzadas por el guion en determinados momentos, en los que las casualidades pecan de ser muy evidentes y no terminan de encajar. Eso, unido a un final bastante autocomplaciente y algo decepcionante, cuajan un resultado al que se nota mucha mano primeriza (es la ópera prima del director) y algo de trabajo entre bambalinas para consensuar todas las tramas.

Lo positivo se rescata de su excelente labor técnica. Ya lo decíamos: cuando la película se coloca el mono survival, todo cambia. Montaje frenético, cámaras en mano que corren tras los infectados como uno más, planos subjetivos realmente terroríficos (la secuencia del paseo por la casa de noche en primera persona es fantástica), giros imposibles y plannings aéreos que generan las mismas sensaciones que la visionaria obra de Danny Boyle, sustituyendo la campiña británica por el vergel venezolano.


“Gana en las distancias cortas, en un buen apartado técnico y una dirección inteligente”


Las interpretaciones del dúo protagonista cumple sobradamente, y es un acierto desplegar toda una catarsis de personajes secundarios que vienen y van, reforzando su sentido road movie y generando esa intensa sensación de peligro constante. Los infectados están bien caracterizados, enérgicos de más y sobreactuados, muy en la línea de este tipo de virus. El uso de la sangre y los efectos más desagradables se reducen a planos rápidos para equilibrar la ausencia de un presupuesto amplio, y aunque en ocasiones se notan escenas renderizadas con bastante descaro, lo cierto es que cumple.

“Infección” es una película de sombras y luces, muy en la línea de un subgénero tan trillado como es el de infectados y no muertos. Tomando lo más maniqueo de estos se forma una película a la que le pierde acaparar demasiado en noventa minutos, un final bastante flojito y algunas cargas dramáticas mal ejecutadas. Gana en las distancias cortas, en un buen apartado técnico y una dirección inteligente. Por cierto, y esto es una cuestión muy personal: no pasa desapercibida cierta crítica visual en determinados momentos al presidente venezolano Nicolás Maduro. A mí me pareció bastante inefable, pero es cuestión de gustos.


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