jueves, 11 de febrero de 2021

Crítica: Koko-di Koko-da

ANDREA CATÁSTROFE NOS HABLA SOBRE EL INCLASIFICABLE Y PERTURBADOR RELATO SALIDO DE LA MENTE DEL SUECO JOHANNES NYHOLM


Koko-di Koko-da póster
Resiliencia... En esta última década se han puesto de moda algunas acepciones, menciono esto por mero capricho, y es que no puedo dejar de vincular la palabra “resiliencia” con “moda”, así como lo son “sostenible”, “tóxico”, “sororidad”, “empoderamiento”, “responsabilidad afectiva”, “deconstrucción”, “lenguaje inclusivo”, etc.., etc... en fin, las modas vienen y van, y las palabras son sólo eso, más allá de las palabras lo que realmente importa es la acción. Es donde la resiliencia juega un rol fundamental, no sólo en este tiempo de crisis global sino en la intimidad de nuestra individualidad. Como Boris Cyrulnik decía: el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional


“Nyholm opta por el folclore nórdico para ilustrar una verdad que se debate entre lo real y lo imaginario, sólo que esta vez, de una forma prácticamente indistinguible” 


procesión por el bosque con perro muerto
El dolor es necesario y su valor de supervivencia es incuestionable, pero no es tan simple, porque existe el dolor físico y el dolor emocional, y éste es omnipresente, estremecedor, imposible de escapar, y la única opción es resistir hasta lograr las paces con nosotros mismos, aunque duela. Vulnerabilidad y resiliencia, son los elementos que oscilan muy en el fondo (todo esto que vengo escribiendo) en este segundo y último largometraje del sueco Johannes Nyholm, una pesadilla dantesca que desde un punto de vista muy particular nos recordará el cine de David Lynch, al clásico de Harold Ramis, “Groundhog Day” (1993) y por qué no, a la serie “Russian Doll” (2019). 

caja de música bonita
Similar a su primera película “The Giant” (2016), Nyholm opta por el folclore nórdico para ilustrar una verdad que se debate entre lo real y lo imaginario, sólo que esta vez, de una forma prácticamente indistinguible. Así es como “Koko-di Koko-da” (2019) hace alusión a una vieja canción infantil (tal vez rusa, tal vez francesa), silbada y coreada con perversidad por su excéntrico trío de villanos, capitaneados por un anciano vestido de un blanco impecable, la película inicia y los vemos desfilar en el bosque llevando a cuestas, como si de una alegre caravana en luto se tratase, un perro muerto en brazos. Se corta la escena, inmediatamente conoceremos a las víctimas de esta tragedia: Tobias y Elin, maquillados como conejos festejan el octavo cumpleaños de su hija, hasta que para sorpresa de Elin, los mariscos le han ocasionado una fuerte alergia obligándolos a pasar el resto del día en el hospital, ¿Pero qué más da el lugar cuando una familia está unida? Después de un rápido debate sobre en qué idioma cantarle las mañanitas a su hija, cantan al unísono, sólo para descubrir que no se mueve, ha muerto sin que ellos se percataran


“Koko-di Koko-da es sinónimo de desconcierto. Una película que antepone a la coherencia o al contexto, el análisis de la psique del matrimonio en duelo” 


hombre aterrado en tienda de campaña
Tres años más tarde, aún con el dolor en sus corazones y su matrimonio claramente fracturado, deciden salir de campamento en honor al aniversario luctuoso de su hija. Durante el camino hacen una breve parada en el bosque, sólo para verse inmersos en un interminable bucle de humillación y tortura a manos de, nada menos que el trío que vimos apenas iniciando la película. El abuso y la crueldad no se hacen esperar. Ya sea con una pistola, un cuchillo o las fauces de un perro, morirán inevitablemente una y otra vez, a la espera de saber, tanto ellos como nosotros: ¿Qué y por qué está pasando? 

“Koko-di Koko-da” es sinónimo de desconcierto. Una película que antepone a la coherencia o al contexto, el análisis de la psique del matrimonio en duelo, jamás en paz, siempre cargado de mezquindad, cobardía, culpabilidad y sufrimiento, e ahí su condena, sentenciado a cometer el mismo error. Castigados con frialdad por sus festivos verdugos. 


“Un titulo más conceptual que sustancial, lleno de simbolismos. Que al final me parece funciona más como experiencia surrealista que como un drama, una tragedia o propiamente una película de terror”


familia disfrazada de conejos
Nyholm consigue converger en un mismo punto, el de la angustia, todos sus elementos. Desde la caracterización de sus personajes (es fantástica la malevolencia del trio de villanos), la melodía infantil que les precede o puntos clave como los estallidos de histeria entre el matrimonio; a aspectos técnicos como la fotografía del también director de cine Johan Lundborg y Höiem-Flyckt, generalmente cercana al documental, y como un recurso de la fatalidad, el distanciamiento focal en cada toma al final del bucle. Otro aspecto son los conmovedores (y tenebrosos) interludios del teatro de sombras, ése es uno de mis detalles favoritos, el melodrama de estos conejos, no tanto por lo que representa sino por su mismo arte

conejitos de animación
Un titulo más conceptual que sustancial, lleno de simbolismos. Que al final me parece funciona más como experiencia surrealista que como un drama, una tragedia o propiamente una película de terror (la cual pudo haber sido forjada fácilmente si fuera el interés de su director y guionista). Todo se reduce a la idea de que, es imposible escapar del dolor, el cual claramente puede matar en vida a quien lo padece, esa suerte de ensayo y error a base de voluntad, en pos de romper el bucle, pese a la furia y la desesperanza. Quizá bajo esta idea: el horror y sus metáforas, podamos emparentar lejanamente a “Koko-di Koko-da” con “The Babadook” (2014). Para terminar, dato curioso e irrelevante: Peter Belli quien hace del anciano Mog, entre los años 60s y 70s tuvo su mayor éxito en Alemania como cantante de rock y schlager (montones de discos tiene)... le di una escuchada en spotify y no me explico el éxito, no es lo mío, pero ahí está. ¡En fin! 

Lo mejor: Su atmósfera y por supuesto, el teatro de sombras. 

Lo peor: Habrá a quien le parezca repetitiva y en consecuencia, excesivamente pasiva.


1 comentarios:

Krueger dijo...

La vi (y disfruté) en el Nocturna y fue toda una sorpresa. Es cierto que la excusa narrativa puede llegar a cansar, pero yo entré al juego y salí fascinado. Es curioso, cuando escribí sobre ella en su momento, reflexione también sobre el dolor y como la película me parecía la puesta en imágenes (desconcertante y surrealista) del fin de un matrimonio incapaz de lidiar con el duelo.

Buena peli y buena reseña.

Saludos!

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