martes, 7 de junio de 2022

Crítica: Baby Blood

MISSTERROR NOS HABLA SOBRE UNO DE LOS PRIMEROS GRANDES TÍTULOS DEL TERROR EXTREMO FRANCÉS


Los años 90 comenzaron resacosos, con pocas ganas de despedirse de la ruptura y transgresión artística de los 80. Los 90 llegaban sin prejuicios y con ganas de juerga. El exceso se presentaba como la nueva normalidad y en el cine de terror proliferaban las sagas y la serie B. En esos momentos Europa estaba en estado de gestación, formando y alimentando a una generación de directores y directoras determinantes para el género. En este embarazo largo de múltiples vientres destacaron los primerizos partos franceses, dejando obras que marcaron un antes y un después en el cine de terror europeo.


“probablemente la primera película francesa que exploró la vertiente más extrema y sanguinolenta en la historia de su cine” 


Francia, casi siempre a la vanguardia, contaba con una gran ventaja desde que Andrzej Zulawski decidió estudiar cine en París y reventarlo todo en 1981 con “Possesion”. Esta obra de culto significó un punto de inflexión para el cine europeo pre años 2000 y no pasó desapercibido para Alain Robak, el director de la película que hoy nos ocupa. Zulawski exploró la histeria, el descontrol, el surrealismo, la somatización y la sangre desde un inteligente prisma que buscaba la visión revulsiva del espectador. Robak, buscó también un revulsivo, pero totalmente inverso (aunque no dudo de que siempre tuvo la obra de Zulawski en la cabeza). 

“Baby Blood” (1990) es probablemente la primera película francesa que exploró la vertiente más extrema y sanguinolenta en la historia de su cine. Involuntariamente se transformó en la avanzadilla de un movimiento que se convirtió en un subgénero propio: Nuevo extremismo francés. Este término que nació como algo peyorativo para remarcar lo que inicialmente se consideró como falta de humanidad en un cine marcado por la violencia y la brutalidad física, fue realmente bien acogido por los fans del género, quienes sí supimos ver una clara intención renovadora a base de furia. Yo pertenezco al grupo de aquellos que sitúan a “Baby Blood” como punto de partida de una de las corrientes más importante del cine de género francés, pese a su escaso presupuesto y la constante sensación de desorganización de la película. 


“Lo que realmente hace especial a esta película es esa falta de prejuicios a la hora de mostrar la relación entre los personajes, principalmente entre Yanka y su feto, pero también entre Yanka y sus víctimas”


Con una sencilla, pero curiosa trama, Robak intenta mantener el equilibrio entre la serie B y la Z mediante el humor negro, algo que no deja de ser una de las decisiones más arriesgadas que podría haber tomado, debido a esa cercanía a la parodia en la que constantemente envuelve a su protagonista. La historia cuenta cómo el mal va utilizando a diferentes seres vivos para engendrarse y obligarles a alimentarle y que así pueda nacer en un mundo condenado desde hace miles de años. En esta búsqueda de incubadoras vivas, el mal termina dentro del vientre de Yanka, una joven con una dura vida de feriante. Yanka y su feto establecen una relación que trasciende todo lo imaginable. 

“Baby Blood” muestra el proceso de un embarazo no deseado desde el punto de vista más brutal visto hasta el momento. La sed de sangre del no nato debería haber sido el mayor aliciente de la película, pero teniendo en cuenta los escasos medios con los que se contaban, los litros y litros de sangre que riegan numerosas escenas no son lo suficientemente impactantes como para quitarse de encima el halo casposo y sucio presente durante todo el metraje. Lo que realmente hace especial a esta película es esa falta de prejuicios a la hora de mostrar la relación entre los personajes, principalmente entre Yanka y su feto, pero también entre Yanka y sus víctimas. Las relaciones son siempre rodadas desde la exageración.


“Es excesiva y no tiene vergüenza, lo que precisamente hace que sea divertida, loca y memorable, pese a que técnicamente tiene muchas zonas negras” 


El exceso es la gran constante en “Baby Blood”: exceso de sangre, exceso de violencia, exceso en la sobreinterpretación, exceso argumental y exceso en la caricatura de los personajes (sobre todo en los masculinos). Es excesiva y no tiene vergüenza, lo que precisamente hace que sea divertida, loca y memorable, pese a que técnicamente tiene muchas zonas negras, como el horripilante montaje y la sensación de estar constantemente ante una película que necesita completarse. 

No hay duda, “Baby Blood” es una película ligera que destila amor por el género y que es recomendable volver a ver entre amigos, con expectativas relajadas y mente abierta. En mi opinión, la insistente búsqueda de lo grotesco le pasa factura en varios momentos y hace que peque de repetitiva, pero esta cara B de “Rosemary´s baby” (Roman Polanski, 1968) sigue siendo totalmente disfrutable a día de hoy y el poso que ha ganado con el tiempo, hace que se entiendan mejor sus limitaciones y que se disfrute más de cada minuto de Emmanuelle Escourrou en pantalla. “Baby Blood” pertenece al club de las películas con las que te puedes reír, sorprender, cuestionar y definitivamente disfrutar, pero que dejan un hálito de mal rollo que asegura su permanencia en el recuerdo cinéfilo. El feísmo es el crimen y el carisma del feto, el arma perfecta. Ya os digo yo que en esta transgresión va a haber sangre, mucha sangre. Chubasquero y a correr.


4 comentarios:

El Rector dijo...

Sin duda una de las imprescindibles del fantástico francés y tan disfrutable hoy como lo fuera antaño. Realizada dos años antes, me parece que Alain Robak tuvo también bastante impacto en un jovenzuelo Peter Jackson, pues veo mucho en su película de lo que terminaría encumbrando a "Braindead" como una de las grandes obras del género. La fotografía sucia, el montaje anárquico, la banda sonora, el particular sentido del humor y por descontado, el diseño artístico. Estando "Baby Blood" muy lejos del festival de gore de la película de Jackson, sí me parecen obras comunicantes.

El trabajo de Scourrou me parece superlativo (y vuelvo a ver mucho de su personaje en el de Timothy Balme), excesivo, rozando lo paródico como dices, Missterror (ya sabes que me chiflan este tipo de interpretaciones) y completamente entregada a la causa en cuerpo y alma.

Más allá de la metáfora sobre el embarazo no deseado y del peso específico que tuvo la obra para el devenir del terror francés, entiendo la película como un divertidísimo y gamberro terror atemporal, una de esas experiencias que pasan en un suspiro y que pese a sus evidentes limitaciones, terminan perdurando en la retina del fan. La he descubierto tarde, muy tarde. De haberlo hecho en mis tiempos mozos, sin duda se habría colado entre mis cintas de cabecera de la época y la de risas que me habría echado en esas veladas maratonianas e interminables de buen (y mal) cine y cerveza.

Saludos.

Missterror dijo...

Hola, Rector. La verdad es que no sé si realmente "Baby Blood" tuvo impacto en Peter Jackson, pero yo también apostaría por ello.
Scorrou, con sus excesos interpretativos, su mirada penetrante, su sensualidad y su falta de prejuicios se carga un altísimo porcentaje de la película a la espalda y resuelve de lujo.
Yo también descubrí "Baby Blood" muy tarde. Estuve años obsesionada con la película y no la encontraba por ninguna parte. Nunca fue tarea fácil, pero milagrosamente Netflix la metió en uno de sus rincones oscuros hace un tiempo y ahí sigue ;)

Un abrazo.

Art0rius dijo...

Missterror, muchas gracias.por repescarmela. La vi hace un montón y recordaba escenas, pero no el título y ahora la he vuelto a revisionar.
Pedazo de crítica, y muchas gracias!

Krueger dijo...

Desde que leí una breve reseña en el imprescindible Goremania de Jesús Palacios (hace demasiados años
...) andaba detrás de este Baby Blood. Gracias Netflix. Me uno a emparentar la película con Braindead: hay varios puntos en común y esos ataques de cámara con salpicaduras me recordaron a la película de Peter Jackson. Reconozco que me esperaba más de la película (llevar tanto tiempo esperando es lo que tiene) y que cómo auténtico maníaco del cine extremo de cine francés me frotaba las garras; pero Baby Blood no deja de ser un estado muy embrionario de esa corriente... Me quedo con la sensación de mugre constante (acaso todos los varones franceses en los 90 eran alopecicos y más feos que un demonio?) y con el repugnante diseño del feto.

Saludos!

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