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jueves, 15 de noviembre de 2018

Crítica: Boarding School

“Boarding School” es la opera prima en el genero de Terror de Boaz Yakin como guionista y director neoyorquino. Colaborador de Eli Roth en sus primeras entregas de la trilogía de “Hostel” (2005), es más conocido por su exitoso debut en Sundance en 1994 como ganador del Trofeo de Cineasta. Esta historia empieza con un ritmo similar a “El Laberinto del Fauno”, Jacob es como Ofelia, ambos esconden un secreto que les impide encajar. Vemos que está trastornado por pesadillas recurrentes, afectando a su madre y haciendo a su padrastro un aliado. Luke Prael es un joven actor que se destaca entre los otros adolescentes de esta historia, porque Jacob es complejo, su identidad desdibujada se va visualizando de manera sutil, hasta que el secreto del clímax hace que la historia dentro de la historia tenga sentido. Me pareció un trabajo similar a la línea de Emile Hirsch y sus guiones arriesgados que ha desarrollado desde su corta edad. Es una historia retorcida desde cualquier ángulo, pero no alcanza la intensidad para madurar ese morbo.


“La película recurre a diálogos bilaterales entre personajes que antagonizan, colocando al resto de actores como espectadores”


Yakin generó una historia similar a su muy elogiada “Fresh” (1994), chico que sale del nido y experimenta brutal realidad. Se revela que la abuela judía muere, complicando nuestra percepción de la realidad. Como en “Ghostland” (2018) de mi favorito Pascal Laugier (2008-Martyrs), Yakin entrelaza la vigilia y sueño, dos dimensiones cercanas al terror cuando se pierde los límites. El trauma personal del director/guionista sale a flote, como hizo previamente en su película de sobrevivientes del Holocausto “La Muerte del Amor” (2008). Yakin es hijo de padres israelíes, sus abuelos son judíos asquenazí (polacos) y sefaradí (Egipto y Siria), por lo cual suena lógico su amarga evocación del Holocausto Judío con su simbolismo subconsciente del terror. Hay un leve viso de horror yiddish cercano a “El No Nacido” (2009), desacierto de Gary Oldman como Rabino.

Un suceso desencadenante luego del funeral provoca que sus padres lo dejen bajo el cuidado del Doctor Sherman por dos semanas en un internado. Pero al transitar por la narrativa, tuve una constante sensación de Déjà vu, es una historia plagada de reminiscencias. Yo exalto el homenaje como una máxima expresión de admiración, pero me sentí asaltada en mi buena fe al ver escenas icónicas de películas de horror, reproducidas cínicamente en otro contexto. Es como si desde Quentin Tarantino estamos condenados a ver reciclaje. Existe similitudes sospechosas con la destacada “Hereditary” (2018), en ambos casos se inicia con una abuela distante y fallecida. Jacob encuentra que compartirá el tratamiento en un exclusivo internado con otros jóvenes conflictivos. Esta “pandilla de niños” es una solución dramática reiterada últimamente, ya casi se ha vuelto un camino evidente: “Viven” (2017), “IT” (2017), “Harry Potter” como Saga, y la lista sería interminable. La película recurre a diálogos bilaterales entre personajes que antagonizan, colocando al resto de actores como espectadores. Esta dinámica se vuelve fatigante, porque pareciera invocar posturas opuestas de los personajes alrededor de Jacob, socavando nuestra confianza en ellos y agudizando nuestra sospecha que hay algo muy mal en este internado. Esta paranoia es similar a la percibida en la primera entrega de “Harry Potter”, al mostrársele este fascinante pero oscuro mundo de la magia, imperceptible para el protagonista antes.


“No quiero sugerir que debe hacerse marketing con un resumen, pero es frustrante esperar una película de contenido sobrenatural y conducir la historia de manera abrupta a otro subgénero totalmente diferente”


Es por eso, que podría definirse la historia como un collage de escenas de películas que en su momento experimentaron giros tan únicos que son de eterna recordación en filmografía ajena. Incluso la casa que acoge a los jóvenes y sus alrededores son personajes adicionales, tal como ocurrió con “El Orfanato” (2007). La densidad de la atmósfera es intensificada con el uso del color, evidente desde el tráiler, pero lo ofrecido en él dista de lo desarrollado en la trama como haría con los tonos rojos M. Night Shyamalan en 1999 en “El Sexto Sentido”. No quiero sugerir que debe hacerse marketing con un resumen, pero es frustrante esperar una película de contenido sobrenatural y conducir la historia de manera abrupta a otro subgénero totalmente diferente como este caso.

Los personajes adultos son caricaturescos y un tanto exagerados, excepto por Will Patton como el Rector/Guia/Doctor del Internado. El elenco juvenil es de alta factura actoral, diferenciando a estos últimos como freaks, por lo cual retornamos a “It” y los personajes juveniles como los seres conscientes de su orfandad frente al peligro. Incluso, la protagonista femenina Sterling Jerins (Christina) tiene un desconcertante parecido físico con Jennifer Connelly en “Dentro del Laberinto” (1986), imitando su desafiante carácter en esta película. Los personajes secundarios pueden emular las cómplices de Winona Ryder en su “Girl Interrupted” (1999): Niño quemado (Elisabeth Moss como la Chica Antorcha), gemelos sin carácter (Britanny Murphy), niña transtornada (Magistral Angelina Jolie como Lisa), Chico con Tourrent y el Chico Mentalmente Discapacitado simplemente son utilería. Las situaciones afrontadas por los jóvenes actores son muy intensas e incomodas. Son siete personajes juveniles y son antagónicos como sería Sadako y su mitad Malvada. Los tres chicos menores son temerosos e infantiles, Los chicos mayores se salen de la férrea disciplina casi monacal del internado, pero la coprotagonista femenina se alza como la iconoclasta y hereje, suma de todas las perversiones. Su personaje es muy interesante, y me recuerda a la antagonista de la mexicana “Veneno para las Hadas” (1984). En realidad, los personajes femeninos son extremos en su neurosis, inclusive aquellos en esa historia onírica que se cuenta a retazos. Destaco a Tammy Blanchard como Mrs. Sherman en esta película, tan sutilmente inestable como en “La Invitación” (2015).


“La decepción es mayúscula al inconscientemente evidenciar los paralelismos con el cine de terror extranjero desde 1980 a nuestros días”


Como propuso el director, intento interconectar a Jacob con su abuela y su pasado, a través de un objeto. Esta es una salida recurrente en estas películas que mezclan personajes vulnerables por su juventud con un pasado traumático fascista/nazista. Jacob tiene el vestido ensangrentado de la abuela, en “La Posesión” (2012) el mal reposa en una cava de vinos regalada a la protagonista femenina, el armario italiano de Helena en “El Hada de los Dientes” (2012). Es muy incomodo como Yakin acelera la maduración de Jacob a través de la agresión de los otros personajes, inclusive usando el antisemitismo como proclama para diferenciarlo de los otros jóvenes.

La decepción es mayúscula al inconscientemente evidenciar los paralelismos con el cine de terror extranjero desde 1980 a nuestros días. Yakin imita a Tarantino, recontando en sus guiones la genialidad de los clásicos del terror. Incluso, puedo ver que el cine mexicano de horror clásico está presente, porque el ambiente tenebroso de internado es fiel a “Hasta el Viento tiene Miedo” (1967 remake 2007). Es como seguir un algoritmo, con variables fijas, donde los pasos se siguieron al pie de la letra, solo se modificaron nombres y lugares. Es una historia donde se desperdicia el potencial actoral, al volverse predecible en su desarrollo, y se concluye con un desenlace acelerado. El clímax dramático se bifurca entre lo propuesto por el tráiler y el desarrollo de una historia más realista.

Según lo que plantea Yakin, la moraleja es abrazar la faceta femenina para generar empoderamiento. Pero su concepto se desvirtúa al prácticamente plagiar los giros inesperados de otras películas de terror. Simple, el guion es inmaduro, no es suficiente la intención de “Encontrar la pureza de sí mismo en medio de la inmensidad”, hay que generar un argumento para la transformación, como fascinantemente logra “El Dragón Rojo” de Thomas Harris como obra literaria.


5 comentarios:

godofredo rudel dijo...

Me hace recordar a mi primaria. . .solo si mal no recuerdo, matamos tres.

מרסלה קרילו Karrie Yo dijo...

Hola, Godofredo, Mataron a quienes? Este es casi un confesionario.... jajajaj

hernanm6 dijo...

Realmente no he logrado entender bien el sentido de tu crítica. Personalmente considero que cuando un critico de cine agobia su crónica -que debería ser específica- con una avalancha de citas comparativas sobre otros films, y siempre en desmedro de lo que le ocupa, pareciera que trata de disimular sus perplejidades sobre una obra que le pasó por lejos, procurando afirmarse en las eventuales similitudes conceptuales o dramáticas que le facilitan otros productos que tal vez absorbió mejor. Mira, también toda la música de la historia fue elaborada sobre la base de siete notas, siempre las mismas. Podrá ser mayor o menor, bemol o sostenido, 6ta., 7ma. aumentada o 9na., pero siempre será un Do o un Re o un Mi, y así. En el cine de género es igual. Comentar "Boarding School" -o cualquier film- sobre la base de obras que ya viste, y de eso inferir nula originalidad o apatía conceptual o desidia creativa es, cuando menos, una forma perezosa de resolver la cuestión. Tampoco entiendo tu juicio acerca de que "Boarding..." apuntaba a ser algo distinto a lo que insinuaba desde el principio. Me parece que ahí está el quid; acaso esperabas un desenlace "sobrenatural", y no prestaste atención a la mínima, deliciosamente morbosa y gamberra historia subyacente: padres y padrastros que le pagan a un killer profesional para desembarazarse de sus hijos "travestis", o retrasados o productos del "pecado". Eso es genial, no me lo niegues. Una idea que supera por lejos el argumento "sobrenatural". Y que da pie a esa soberbia secuencia del final, con el Dr. Sherman (Will Patton) y Jacob Felsen (Luke Prael), entretejiendo un pas de deux tan sangriento y fatal como hipnótico, que justifica toda la trama. Uno es el asesino "profesional", objetivo, despiadado y hasta "honorable" en sus empresas; el otro lo lleva en la sangre, en la misma sangre que hereda de la abuela judía que, adolescente aún, afilaba sus dientes con una lima para destrozarle la yugular al oficial nazi que la iba a violar. Ambos nacieron para matar al prójimo, cada uno por sus razones. Los unió la casualidad y les selló el destino la causalidad. No hacía falta un "gancho" sobrenatural, me parece. Considerando las falencias evidentes de "Boarding...", como la falta de desarrollo de algunos personajes, cierta pacatería propia del cine estadounidense para profundizar en algunas cuestiones y/o situaciones, y un ajuste bastante doloroso de lo argumental para encuadrarse en las pautas industriales de duración (¡qué miniserie hubiese sido!), además de una mise-en-scene poco interesante, "Boarding School" fue, para mí, un hálito ciertamente fresco en un ámbito en el que poco hay ya para innovar... como lo demuestra tu profusión de alusiones a otros productos... Como quiera que sea, es un placer leer vuestras críticas aquí, en este remanso cinéfilo, donde la imaginación ejerce el poder. ¡Saludos cordiales desde Argentina, Karrie Yo!

godofredo rudel dijo...

Disculpen mi ignorancia

Adios.

Riatha dijo...

Si bien es cierto que al verla me vinieron a la mente algunas de las reminiscencias que comentas, el sabor de boca que me dejó fue bueno. El personaje de Jacob es soberbio, pena la falta de elaboración del de sus compañeros que se quedan muy por detrás.

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