domingo, 17 de noviembre de 2019

Crítica: The Nightingale

Si fuera un ruiseñor intentaría volar lo más cerca del sol posible. Aguantaran o no mis plumas, querría alejarme del frío y de la lluvia, de las muertes y del silencio. Porque dicen que el calor es vida y yo os digo que un ruiseñor triste solo puede cantar si levanta el pico, traga saliva y hiere con todas sus fuerzas el ojo enemigo.


“The Nightingale es una durísima película que lleva a las antípodas una maldad infinita: la maldad del poderoso frente al débil”


Jennifer Kent, vuelva a rodar una historia brutal de mujeres al límite que profundiza en el drama de una manera brillante. Esta vez lo hace desde el género de violación y venganza, sin ningún tipo de complejo. Como ya hiciera con “The Babadook” (2015), el trauma vuelve a ser la cabeza pensante de la acción y el desarrollo se condiciona tanto por cada una de las desgracias que van ocurriendo, como por las que están sugeridas y no contadas. “The Nightingale” es una durísima película que lleva a las antípodas una maldad infinita: la maldad del poderoso frente al débil. Dos debilidades en esta ocasión, por una parte la versión femenina y por la otra, la minoría étnica.

Para poner todo esto en contexto Jennifer Kent nos traslada a la Tasmania del siglo XIX, en plena colonización inglesa, con los convictos irlandeses haciendo las veces de esclavos y las masacres aborígenes en pleno auge. En medio de este tinglado, Claire (Aisling Franciosi) lucha por conseguir su libertad tras haber cumplido su condena e intenta sobrevivir en un mundo dominado por el caos, la violencia y la improvisación. Ella, casada con un hombre libre y madre de un bebé de pocos meses, tiene que soportar constantes violaciones mientras canta en un tugurio y sonríe a su violador. Cuando la violencia se apodera de todo y Claire entiende que su vida solo tiene sentido si cobra su deuda, emprende un largo viaje por la isla con la ayuda de Billy, un indígena que solo quiere sobrevivir al exterminio que vive su pueblo. El precio de la libertad durante toda la película, es tan abominable que casi desde el minuto uno todo se hace muy incómodo.


“The Nightingale tiene una de las escenas más perturbadoras, crueles y desalmadas que yo haya visto nunca”


Sobre la naturaleza de este precio, la trama va tejiendo hilito a hilito un relato desgarrador que arranca con una fuerza brutal y se va desdibujando a medida de que llega a la parte final. Cada hilo, un puñetazo en la boca del estómago. Cada puntada, una injusticia que enmudece la voz del ruiseñor. Así, durante más de dos hora y cuarto, Kent entreteje parte de la historia del continente australiano con el sometimiento femenino en tiempos en los que era tan trágico ser negro como ser una mujer sin recursos. De esta manera, son varios los subgéneros que también que se entrelazan: violación y venganza, road movie e incluso una suerte de buddie movie forzada entre Claire y Billy que termina siendo la más satisfactoria de las tres.

Como rape and revenge, “The Nightingale” no rompe moldes y sufre del mal de casi todos ellos, una gran primera parte y un desenlace que sabe a poco. Como road movie, justifica cada alargada escena con un paisaje, una ambientación y una fotografía soberbios que ayudan a cada diálogo, a cada suspiro y a cada infortunio. Como buddie movie, una gran reflexión de la visión colona, incluso por parte de alguien que no lo es, en medio de la guerra negra y el genocidio aborigen de Tasmania. Este canto a la tragedia en el que se convierte “The Nightingale”, dibuja perfectamente a cada personaje para que el espectador se anticipe a cada acción, por eso es muy difícil de entender lo que ocurre en el último tercio y las decisiones tomadas por Jennifer Kent como guionista.


“el concepto final me parece correcto, pero la manera de llevarlo a cabo, insatisfactoria”


“The Nightingale” tiene una de las escenas más perturbadoras, crueles y desalmadas que yo haya visto nunca. Juega con esto durante casi todo el metraje, haciendo que lo prolongado que resulta el viaje suba las expectativas al máximo respecto al desenlace, para concluir de una manera inesperada y fallida. En lo personal, el concepto final me parece correcto, pero la manera de llevarlo a cabo, insatisfactoria. Aun así, la película es notable y deja un poso complicado de digerir gracias a una banda sonora de excepción, una encomiable interpretación de Aisling Franciosi y una maravillosa labor de edición. Sin duda, la segunda película de Jennifer Kent sabe a café hecho a fuego lento sobre las brasas de una chimenea que se van apagando. Este tipo de cafés están hecho con mimo y con tiempo, pero al no tener el fuego necesario, terminan dejando un regusto amargo, sin embargo son cafés de los que siempre repites, si tienes ocasión.

Si fuera un mirlo, intentaría volar dentro de los bosques, cerquita de los árboles, en contacto con la naturaleza. En alguna zona húmeda, lejos del sol que seca las huellas por las que debería pisar para ir siempre un paso por detrás pero sin perder de vista a quien cree que camina solo. Dicen que el mejor camino es el que se hace acompañado, pero un mirlo triste sabe que no hay camino fácil porque aunque tú no busques problemas, muchas veces los problemas te buscan a ti.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Concuerdo con el análisis. Digamos que vendría a ser la versión "adulta" de "Judy & Punch" (curiosamente, repite Damon Herriman como maltratador), con una primera parte que seguramente sea de lo más incómodo de ver que se ha rodado en esto del rape & revenge (bravo por Jennifer Kent) y que en adelante, se va desinflando un poco, con un último tercio bastante incomprensible a nivel argumental que en parte empaña las buenas sensaciones iniciales, su gran apartado técnico y a una excelsa Aisling Franciosi. Al final queda un regustillo un tanto agridulce y la sensación de que podría haber terminado siendo mucho más de lo que ha sido, con tan solo aplicar algo de coherencia argumental en su tramo final.

Pero vamos, si el objetivo de Kent era el de perturbar, por lo civil y por lo criminal, está claro que lo consigue. No solo por lo que atañe al rape & revenge, también por esa cruda descripción que hace de un momento histórico tan aterrador como en el que se enmarca la acción.

La sombra de "The Babadok" es alargada, pero siendo esta segunda película de Kent una película complicada de resolver teniendo en cuenta el éxito de su ópera prima, creo que ha salvado los muebles con solvencia.

Saludos.

Missterror dijo...

Rector- Pues sí, "The Nightingale"es lo que "Judy & Punch" no supo ser.
Una pena que Kent no mantuviera hasta el final el mismo ritmo y que optara por algo diferentes a lo que iba apuntando desde el principio. De todos modos, es una buena película que consigue llevar al espectador a un estado de incomodidad alto, no solo por todo lo que ocurre con Clare, sino por esa ayuda extra del momento más negro del continente, que sin parecerlo, termina siendo determinante para la trama principal. La unión de los dos personajes y la relación que se establece no quita crudeza a cada segundo, sino que perturba aún más.

Saludos.

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