sábado, 24 de diciembre de 2011

Crítica: Exploradores

Joe Dante siempre será recordado principalmente por ser el director de “Gremlins” y su secuela. Pero el realizador y productor estadounidense de películas en su mayoría de contenido humorístico y de fantasía y ciencia ficción también tiene títulos para recordar como “El chip prodigioso” (1987), “Matinee” (1993) o “Exploradores” (1985), el film que os recomiendo para estas Navidades.

Siguiendo la estela de críticas de películas de aventuras de adolescentes de la brillante década los ochenta (“Cuenta conmigo”) y en sintonía con la factoría Amblin, reinante en las taquillas del momento (“Regreso al Futuro”, “Gremlins”, “Los Goonies” o “E.T. el Extraterrestre”), “Exploradores” narra los sueños visionarios de tres muchachos aventureros que descubren, en el improvisado laboratorio del sótano de los padres de uno de ellos, un campo de fuerza sin inercia que utilizarán para volar con su propia nave espacial construida con chatarra y lanzarse así en un fantástico viaje interplanetario.

El metraje comienza con una escena de “La Guerra de los Mundos” que se emite por televisión. Al otro lado de la habitación nuestro protagonista, Ben Crandall (Ethan Hawke), duerme placidamente inmerso en un sueño fantástico. Junto a su amigo Darren Woods (Jason Presson), el joven proporciona los datos del sueño a su colega Wolfgang Mueller (River Phoenix), un prematuro científico con un laboratorio en el sótano, que creará con ellos y con la ayuda de su ordenador (antaño las películas mostraban a una persona inteligente junto a un ordenador) un campo de fuerza esférico que, primero, destrozará la habitación, luego, en el exterior, transportará al inteligente Wolfgang por los aires y finalmente les servirá a los jóvenes en su propósito de descubrir el espacio exterior y hacer realidad esos sueños.

La nave espacial, compuesta por chatarra, se queda grabada en la retina, especialmente si uno es adolescente cuando ve la película. El chasis se forma a partir de un vagón de una atracción de feria, luego le siguen los complementos como las dos entradas compuestas por puertas de lavadora y un parabrisas hecho con la carcasa delantera de un televisor (un baúl y cubos de basura son el resto) y por último, a bordo, se instala el ordenador con su enorme teclado de la época como mandos de control de la particular nave.

Yo era de los que después de ver el film se dedicaba a construir naves espaciales con mierda de la calle. Era fantástico; la nave y las breves y un tanto superfluas escenas de amor adolescente donde el pequeño Ethan Hawke comparte el sueño de ir al espacio con el de ganarse a la chica que le gusta de su colegio.

Simpática película y entrañables adolescentes con un prometedor y malogrado River Phoenix de científico con enormes gafas y su jerga informática y científico futurista que aceptas por el simple hecho de tener y saber llevar un ordenador.

La cinta adquiere fuerza y atractivo en su primera parte, en la que los chicos se reúnen, descubren el campo de fuerza, construyen la nave y se preparan para viajar al espacio. El interés se mantiene en todo momento debido a la curiosidad por saber que les espera en el exterior. Pero una vez llegan a su destino todo pierde encanto con un inesperado giro en la trama.

SPOILER. Tras activarse una coordenadas programas en la nave, los jóvenes viajarán por la galaxia hasta llegar a una nave alienígena, donde en su interior les esperan dos monstruitos verdes de apariencia ridícula (tal vez de niño uno los ve más divertidos), con muy poca gracia y bastante ñoños, adictos a la televisión norteamericana de la cual han aprendido infinidad de frases de anuncios, programas y películas. Aquí el director, confeso amante de los seriales de los 50, realiza con las parodias del extraterrestre un homenaje a las películas de ciencia ficción de aquella década como “War of the Worlds”, “This Island Earth” o “The Day the earth stood still”. Pero también Dante y su guionista, Eric Luke, destrozan la magia creada al inicio.

Los extraterrestres resultan ser dos hermanos y adolescentes como los muchachos. Todo se descubre cuando una nave más grande los absorbe y aparece otro alien de dimensiones enormes que les pega la bronca. Uno de ellos, Wak (Robert Picardo), reconoce que es su padre y que le han cogido la nave, como un adolescente coge sin permiso el coche de papa. Al parecer, los extraterrestres también se sienten incomprendidos por sus progenitores, tienen sueños por cumplir y son igual de imbéciles que los humanos. FIN SPOILER.

Pese al mal trance que Dante nos hace pasar con el desarrollo de la historia, “Exploradores” nos enseña de forma muy entretenida que no existen límites cuando queremos llevar a cabo nuestros sueños. Tal vez, el atractivo y el mensaje del film pierde razón de ser con los adolescentes de hoy en día (esta frase siempre hace sentirme más viejo). Es posible que ahora esta película sea desterrada al visionado para los más pequeños porque podría resultar bastante “cutre”, como se dice coloquialmente, para el resto del público, excepto para los nostálgicos. Aunque también es verdad que el intento de Dante por ser Spielberg (los films de chicos que vivían excitantes aventuras fantásticas eran muy rentables y fueron muchas producciones de corte similar las que se lanzaron en la época) y su obvio fracaso en ello es tan estrepitoso que el film puede parecer aburrido incluso para un sector del público más nostálgico de los ochenta en gran parte debido a unos crios poco carismáticos y unos extraterrestres infumables, pese a tener al genio Rob Bottin al frente de los efectos de maquillaje. En contraste, los efectos especiales son lo que más luce de la película y los hizo realidad la brillante Industrial Light and Magic de George Lucas.

A medio camino entre “Los goonies” y “El vuelo del navegante”, la película de acción y fantasía combina humor sutil y calidez, y es muy propicia para ver en familia con los más pequeños; comprensiblemente difícil de valorar para los adolescentes de ahora.

LO MEJOR: Los efectos especiales y la primera parte de la película.

LO MENOS BUENO: La segunda parte, con unos decepcionantes aliens demasiado infantiles (más cercanos a una cartoon en vivo), junto al poco carisma de los personajes protagonistas.

EL PLANO: La nave espacial recién construida.

ANÉCDOTA: En el doblaje español, Ben tiene la voz del famoso “Gordi” de “Los Goonies”.

MI EXPERIENCIA: Naves hechas a partir de mierda de la calle y, después de muchos años, mi encuentro en persona con Joe Dante en el Festival de Cine Fantástico de Sitges.

3 comentarios:

Darkotica dijo...

Jaja! comparto tu opinión pero yo no llegué a pillar basurillas de la calle para construir la nave, yo era más rudimentaria y después de ver la peli me las ingenié para construir una nave con:un par de sillas, una sábana, un jostick, un par de linternas, un tecladillo Casio y un Simon jaja! y así es como hacía mis viajes interestelares los fines de semana :P

La peli la recuerdo con cariño, pero como bien dices en la crítica, recuerdo que hacia el final me llegaba a agobiar bastante, creo que era en el momento en el que salían los alienígenas, allí toda la historia se les iba de las manos...Sea como sea creo que es mejor qeu no la vuelva a ver ahora, porque al igual que con El Vuelo del Navegante, éstas pelis son para verlas con ojos de niño de los ochenta, y siempre es mejor recordarlas con esos ojos...

El Sepulturero Torero dijo...

la parte del espacio ingrávido sustraído a la inercia es un `pelotazo·, nmd, y que ha contagiado muchísimas películas de ciencia ficcion desde ent0nces, por ejemplo super8 sin ir más lejos (y mira que se podría ir lejos con un bolindre de esos, ir al curro en bolas, mola :O

El Rector dijo...

Pues voy a estar de acuerdo 100% con la ranita (menos en lo de recoger mierdas de la calle y, permíteme que te recomiende la visita a un especialista por que eso, amigo Ted, tiene un nmobre: Síndrome de Diógenes). Una primera mitad para el recuerdo y una segunda mitad para intentar no recordar. lo mejor, el proceso de construcción de la nave, perfecta representación en lienzo de los sueños de toda una generación de chavales, quienes soñábamos con acariciar las estrellas (algunos seguimos haciéndolo) y la palabra "bolindre", una de los dos magistrales regalos navideños que nos ha dejado en el día de hoy maese Sepulturero y con el que además, coincido plenamente (si, en lo de el hemoal también), pues imagínate mi querido pisha de dientes afilados, lo mucho que se podría levantar el comercio de barrio si algunos fuesemos a currar en bolas :)

Darkotica, por lo que se ve, con el paso de los años, de todos aquellos componentes para la elavoración casera de artilugios espaciales para llegar a las estrellas, has ido reduciendo materiales (la crisis supongo)y solo te has quedado con la sábana y el jostick.

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