sábado, 12 de enero de 2019

Crítica: Tideland

¿Qué pasaría si uniéramos la famosa premisa de Lewis Carroll con el ideario del loco de Gilliam? La respuesta es “Tideland” (Terry Gilliam, 2005), una obra que tristemente pasó desapercibida. Terry Gilliam es famoso -a parte de por haber sido miembro de los Monty Pyton- por obras de culto como “Brazil" (1985), “12 Monos” (1995) o “Miedo y asco en Las Vegas” (1998). Todas grandes películas, con un fandom al mismo nivel. Pero ya entrados los 2000 el realizador cometió el error de dirigir “El secreto de los hermanos Grimm” (2005), una película alimenticia cuyo único objetivo fue el de ser sustento para proyectos posteriores más personales y arriesgados. Esto logró que su publico renegara de él, ya que vieron que había sacrificado su estilo para hacer una película facilona destinada al mero entretenimiento. Por ello, cuando estrenó “Tideland”, muy pocos apostaron por ella y terminó siendo obviada de la cartelera.


“Si bien la trama en principio es sencilla, lo que le otorga un toque especial es el tratamiento que Gilliam le da al metraje haciéndolo parecer un cuento de hadas macabro” 


Entrando ya en la película, el argumento de “Tideland” sería una revisión de los cuentos de Alicia en el País de las Maravillas -aunque oficialmente está basada en una novela de Mitch Cullin-. La protagonista es Jeliza-Rose (Jodelle Ferland), una niña que acaba de quedar huérfana y aislada en una destartalada casa en mitad del campo. Allí seguirá tratando al cadáver de su padre, Noah (Jeff Bridges), como si estuviera vivo, y hará amistad con sus vecinos; Dickens (Brendan Fletcher), un hombre con la mentalidad de un niño, y su hermana Dell (Janet McTeer), una extraña mujer ciega de un ojo.  

Si bien la trama en principio es sencilla, lo que le otorga un toque especial es el tratamiento que Gilliam le da al metraje haciéndolo parecer un cuento de hadas macabro, llenando las escenas de imágenes bizarras y apabullantes -herederas de su fábula futurista “Brazil”-. 


“Punto a favor sería el hecho de que consigue envilecer los típicos ambientes infantiles, aunando lo más naíf con lo más perverso” 


La película además recurre a varios tópicos del género de terror, como la casa de madera abandonada, el ambiente endogámico y agresivo de los vecinos, la taxidermia y el embalsamamiento, o el uso de muñecas desmembradas. Lugres comunes que nos hacen recordar obras míticas como “Psicosis” (1960), “La Matanza de Texas” (1974) o “Las Colinas tienen ojos” (1977). Esto tiene relación con el hecho de que “Tideland” obtiene su significado por cómo está rodada y no por lo que cuenta; es una película que transmite más gracias a los encuadres y la fotografía -del genial Nicola Pecorini- que a los propios diálogos. Todos los tiros de cámara tienen una intención artística, que bebe en gran medida de las pinturas de Eward Hooper. Y poseen una poesía interior creada a través de los objetos, su decadencia, y el polvo y el óxido que lo impregna todo. 

Punto a favor sería el hecho de que consigue envilecer los típicos ambientes infantiles, aunando lo más naíf con lo más perverso. Esto queda patente en la extraña relación entre Jeliza-Rose y Dickens, una niña demasiado madura para su edad y un hombre que mentalmente no supera los 10 años. Sólo por este enfermizo juego, en el que Gilliam crea una situación vacía de significado a la que el espectador se ve obligado a dar una explicación demasiado oscura, se debe ver la película. Ya que siempre es divertido comprobar que en nuestro subconsciente hay mazmorras que ni nosotros mismos nos animamos a transitar. 


“si no consigues conectar como espectador con ella, lo más seguro es que no la veas terminar” 


Por último decir que “Tideland” no es una película que de miedo o sustos, pero es psicológicamente inquietante y muy cercana, a veces, a la paranoia. Es un filme difícil de comentar ya que posee demasiada fuerza en su ambientación, y no se separa ni un milímetro del estilo y la imaginación de Terry Gilliam. 

Destacable es el papelón que hace Jodelle Ferland, que con 11 añitos demostró ser todo un monstruo de la actuación -aunque ahora se halle en el mismo olvido que este título-. Pero todo ello se queda a medio camino, no sale de la mera anécdota, porque el realizador no consigue esbozar una idea clara del objetivo de su narración. Deja a un lado su perfil de fiero crítico, para crear un pequeño planeta vacío en su núcleo. He leído por ahí que a algunos se les hizo larga, y a otros les dio grima. La verdad es que, si no consigues conectar como espectador con ella, lo más seguro es que no la veas terminar.

Lo mejor: Que Gilliam se anime a ir creando un cine tan arriesgado, introvertido, personal y fiel a su estilo. 

Lo peor: Que, pese al masivo intento del realizador, queda más que patente que el presupuesto no estaba acorde con el concepto.


8 comentarios:

Art0rius dijo...

Confieso que se me hizo bastante larga, y aunque en un primer momento guardé un buen recuerdo de ella, a día de hoy la verdad es que me ha costado rememorar que la había visto. Muy buena crítica, y muy de acuerdo en que aquí cuenta más lo sensorial que lo narrativo. Dista mucho de ser una película redonda pero después del despropósito de los Grimm, la verdad es que tranquilizaba un poco saber que Gilliam seguía allí pese a todo.

Palmer Lynch dijo...

Perfecto resumen de lo que significa Tideland Art0rius, la verdad es que vale más como recuerdo que como experiencia (y sobre todo si nos encontramos en la tesitura de volver a verla). Aún así, tiene imágenes muy potentes y, para los enamorados del cine, es un patio en el que hay bastantes juguetes con los que pasar el rato.
Como veo que eres un admirador del Gilliam de verdad, te recomiendo, por si aún no lo has visto -y logras encontrarlo- , el documental Getting Gilliam (Vincenzo Natali, 2005). Hay anécdotas interesantes sobre el rodaje de esta película y sobre el cine del realizador en general. :)

El Rector dijo...

Yo con Gilliam tengo sentimientos enfrentados. Por un lado, me fascina todo ese imaginario suyo y la puesta en escena de sus películas. Por el otro, reconozco que muchas veces me pierdo en aquello que intenta contar, lo cual me hace desconectar de sus películas. Buen ejemplo de ello "Brazil", un portento visual y una historia repleta de posibilidades, que se me termina haciendo eterna.

Esta "Tideland" la tengo pendiente y por todo lo que leo, me atrae sobremanera (y encima con el gran Bridges, uno de mis actores fetiche por excelencia). Le pegaré un tiento a riesgo de reafirmarme en algo que suelo plantearme cuando me enfrento al cine de Gilliam, mi cuestionable capacidad intelectual.

Y a todo esto, bienvenido Palmer, un gusto tenerte entre nosotros :)

Saludos.

godofredo rudel dijo...

Los Grin no fueron ningún despropósito . como no lo es Tideland

Adios

Tracy Kong dijo...

Mi reseña (o algo asì??) De 2007 nada menos.
http://cinemagenevieve.blogspot.com/2007/09/tideland.html?m=1

Palmer Lynch dijo...

Rector, el gusto es mío! Que ya tenía yo ganas de escribir con vosotros. Y por otro lado, te entiendo en el tema Gilliam, pero es como Almodovar; aunque tiene fallos (a veces muchos) en sus películas siempre hay un "no sé que" que te engancha.

Godofredo espero que no te haya molestado algo de lo que he escrito, si es así lo siento. Pero ten en cuenta que es una opinión, y me parece perfecto que no la compartas. Así es más divertido ;)

Tracy, me pasé por tu reseña y sólo puedo decir una cosa: QUE ENVIDIA DE CINE DE VERANO! Al que he ido yo sólo ponen taquillazos de otros años.

RONETTE PULASKI dijo...

Bienvenido Palmer Lynch!
Tideland es una película que tengo en mi colección, pero que todavía no he visto. Eso que le tengo ganas desde hace tiempo, ya que Gillian, para bien y para mal, es un director con una imaginación única y que siempre me ha interesado. Fíjate que El Barón de Munchausen la vi en el cine… También 12 Monos y Los Hermanos Grimm, que pese a ser una obra más comercial, no me pareció tal mala cómo comentáis.
Un abrazo y nos seguimos leyendo!

Palmer Lynch dijo...

Muchas gracias por la bienvenida Ronette!! Así da gusto!
La verdad es que El Secreto de los Hermanos Grimm no es una mala película, es muy entretenida y tiene algún plano que merece la pena. Pero si, sin yo saberlo, me preguntas si es de Gilliam, lo más seguro es que te dijera que no. Le falta algo.
En cuanto a lo de ver el El Barón Munchausen en el cine... Envidia máxima! Debió ser una buena experiencia.
Un abrazo fuerte!! ;)

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