martes, 17 de septiembre de 2019

Crítica: Memorias del Ángel Caído

La década de los noventa no fue especialmente prolífica para el cine de terror español. Hasta ese momento nunca lo había sido (de hecho, sigue siendo un tipo de producto secundario respecto a otras producciones), pero la entrada del nuevo milenio, especialmente en sus primeros diez años, sí ofreció numerosas obras de grandísima calidad. “Memorias del Ángel Caído” (1997) fue una de las pocas aportaciones junto a la, en mi opinión, algo sobrevalorada “Tesis” (1996). La película de Aménabar copó todo el cartel del momento y pasó rápidamente a ser catalogada como filme de culto. También lo hizo la excelente obra de Álex de la Iglesia “El Día de la Bestia” (1995), esta vez en categoría de comedia, y que implicó todo un despliegue de medios para su director en la que es, sin lugar a dudas, una de las joyas de nuestro cine del siglo XX. Ambas prácticamente coexistieron en fama, dejando por detrás a la obra de Fernando Cámara, que se acercaba más al terror sin dejar de lado los pilares de nuestro cine, de profundo realismo, en el que la tendencia del argumento iba siempre aparejada a buscar, de la forma que fuese, un acercamiento fidedigno a la España del momento.


“un cóctel muy interesante y profundamente castizo en lo narrativo”


Incluso en el género fantástico, “El Día de la Bestia” jugaba con el Madrid nocturno y la decadencia de sus calles, con esos garitos poblados por personajes extraños y rodeados de toda esa crisis de fe que aguardaba el nuevo milenio, cuestión que también se trata en la película que analizamos. Lo interesante era plantear dentro de un espacio muy reconocible un género poco asentado en nuestro país, pero con un imaginario bien reconocible. Encontrar el equilibrio era complicado, pero “El Día de la Bestia” lo hace a través de una simbología escogida con mucho ahínco y con un trasfondo de humor negro tratado con rigor, lo que le valió para que disfrutásemos de un filme alegórico en el que el desenfreno cobraba sentido en el Madrid de los noventa, en el que sabías que una noche fuera podía dar para todas esas aventuras y mucho más. El caso de “Memorias del Ángel Caído”, si no es igual, si bebe de la misma pretensión.

La primera escena de la película ya refleja el espacio de crisis de fe que abordará el resto del argumento. Un cura memorizando elementos de la tabla periódica mientras atraviesa un periodo de crisis de la depresión en la que se encuentra. A partir de aquí, pasamos a un bautizo en el que se nos presenta a los diferentes protagonistas del seminario donde transcurre la práctica totalidad de la película. Mientras están en pleno proceso, una extraña luz emerge de la cúpula y el agua se hiela. Comienzan los murmullos. La pregunta asoma a todos los sacerdotes: ¿han presenciado un milagro? El debate posterior entre los cuatro hombres de la Iglesia sentados en una mesa no da margen a dudas de lo que veremos: crisis de fe en la España que acaece un nuevo milenio, una nueva época, una nueva forma de entender la realidad.

A partir de ese momento, la película se centra en la figura del protagonista, aquejado de una depresión que le ha llevado a tener una crisis de servicio, y de su investigación en torno a los extraños fenómenos que van dándose: personas que mueren y resucitan al tercer día, un culto satánico detrás de los acontecimientos y las extrañas visiones que tiene a raíz de los antidepresivos que toma. Todo ello forma un cóctel muy interesante y profundamente castizo en lo narrativo. Como no podía ser de otra manera, las drogas jugarán un papel muy importante, así como la noche, lo oscuro y profano, aquello que limita nuestro instinto en pos de la razón. Son elementos que aquí se confunden para dar un relato interesante, misterioso y con ritmo, dejando al espectador con ganas de saber cómo desentrañarán los directores toda esa retahíla narrativa que nos van mostrando.


“No se termina de cerrar todo lo que se cuenta, y eso deja cierta sensación de frustración”


Quizás el principal escollo de la película sea, precisamente, algunos fallos de guion que dejan muchos elementos sueltos. No se termina de cerrar todo lo que se cuenta, y eso deja cierta sensación de frustración. También lo hacen ciertas escenas tremendamente desconcertantes, que no llevan a nada y cuya imaginería cuesta entender incluso una vez ha finalizado esta (la escena de la monja llamará la atención por ello). Aunque el final es algo apresurado y ciertamente confuso en su realización, lo cierto es que cierra el capítulo principal del enigma, dejándonos solo con ciertos cabos sueltos que, eso sí, pierden todo el sentido.

Las interpretaciones y el bajo presupuesto son dos cuestiones más que tratar. De la primera hay que destacar la de su elenco principal, fantásticos actores que cumplen su cometido. Es también digno de mención la ausencia de convencionalismos por parte del guion, dando la batuta protagonista a cuatro sacerdotes sin que medien narraciones más arquetípicas para este tipo de películas. Sin embargo, el resto de figurantes y secundarios dejan muchísimo que desear, con frases enlatadas y expresiones poco realistas.


“un buen ejemplo de planteamiento serio, de ausencia de convencionalismos y de la aspiración a hacer una película que trascienda los parámetros del momento”


El buen hacer de los directores sí se encuentra en la culminación de determinadas escenas, llevadas a cabo con una comprensión excelente del espacio, destacando algunos travellings muy trabajados y los contrapicados que encumbran algunas de las mejores escenas de la película, perturbadoras e inquietantes y que son las que sacan este filme del saco de aquellos productos destinados a perderse en el olvido.

En definitiva, “Memorias del Ángel Caído” es un buen ejemplo de planteamiento serio, de ausencia de convencionalismos y de la aspiración a hacer una película que trascienda los parámetros del momento sin abandonar por ello las características tan propias de nuestro cine. El elenco acompaña, la dirección también, pero el guion comienza a hacer agua especialmente hacia el último tercio, en el que observamos como se retuerce para ofrecernos situaciones rocambolescas, poco realistas y sin un acabado claro. Es una pena, pero la película se abandona hacia una falta de talento cuando pensamos en su cierre. Que ello no quite las ganas de verla. Como mínimo, merece la pena una oportunidad.


5 comentarios:

Droyde dijo...

Película olvidada en mi memoria, que vi siendo un niño. Tendré que volverla a ver. Por cierto ya que hablas de cine patrio de terror de los 90 te has dejado la excelente "Los Sin Nombre" del 99. Un saludo

Romasanta dijo...

La verdad que me alegro mucho de que se recuperen estás pequeñas obras españolas de cine de género. En este caso, un buen ejemplo a destacar de la producción de género de los 90, de las que también podremos recordar "El día de la bestia" (1995) de Álex de la Iglesia, Memorias del Ángel Caído (1997), 99.9 (1997) de Agusti Villaronga y Los sin Nombre (1999) de Jaume Balagueró tal y como menciona Droyde. La verdad que la película de Fernando Cámara y David Alonso, que por separado realizaron grandes bodrios de terror, se deja ver con gusto y tengo un buen recuerdo de la película, y a pesar de algún efecto digital que ahora chirría la respeto, por intentar hacer algo diferente y siempre hablando dentro del terreno del cine español.

Gracias a Astinus por la crítica, ya que son películas a valorar y revisionar, ya que valen la pena y nos pueden ayudar a mirar con mejores ojos el denostado cine español.

MIL ABRAZOS :)

Astinus dijo...

Droyde - ¡Tienes razón! Ya hice referencia a la ópera prima de Balagueró cuando analizaba "La Influencia" (por ser ambas adaptaciones del maestro Ramsay Campbell), pero no podemos dejar de citarla como la película que marca el final de década en el cine de género patrio =)

Romasanta - ¡Gracias a ti por las palabras! Siempre tiendo a focalizar parte de mi esfuerzo en traer películas nacionales, aunque el género aquí siga (yo pienso que sigue) en horas bajas, sobre todo cuando nos asomamos a nuestro país vecino francés, donde la calidad de su cine de terror es rotundamente incuestionable =)

De hecho, has mencionado igualmente 99.9, la cual también recuerdo con especial cariño, y creo que vamos a darle un repaso intenso cuando finalicemos este monstruo mediático llamado Sitges ;)

Art0rius dijo...

Astinus, eres un bien para el blog y no me canso de repetirtelo. Tengo grandes recuerdos de aquel atrevimiento hispano de final de siglo y "memorias.." aunque esta un escalafón por debajo de Los Sinnombre, me parece una película más que correcta. Una paletada contracorriente en el género español de las que se agradecen. Merci por traerla!

Astinus dijo...

Art0rius - ¡Muchas gracias! Coincido plenamente contigo. Los Sin nombre es, de la conjunción de películas españolas de esta década noventera, la que más recuerdo con diferencia y, por supuesto, la que me aterrorizó más. Especialmente su secuencia final y ese giro que no dejan indiferente.

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