sábado, 23 de mayo de 2020

Crítica: El Abismo Negro

Sigo comentando un poco de la época más darky de la Disney. Es curioso, pero esta porquería del confinamiento y, en mi caso, “disfrute” del virus de marras ha hecho que mi paladar fílmico se centrase en películas de mi ya muy lejana infancia. Con ese ánimo, me lance a visionar “The Black Hole” (1979), película que en mi más tierna infancia me provocó notorias pesadillas y que, pese a una factura técnica descomunal para la época, sufría del inmenso mal de muchas de las producciones de la casa del ratón Mickey de la época: No tener la más puta idea de a qué público dirigir sus películas.

Viajemos pues a los años 70, década fecunda del fantástico. Sin querer extenderme mucho, en el género espacial tenemos que en 1977 se estrenaba “Star Wars” y “Encuentros en la Tercera Fase”, en el 78 tenemos a “Superman”, y en el 79 el “Alien” de Ridley Scott , “Supersonic Man” (si no la colaba exploto. Disculpen las molestias!), y la primera película de “Star Trek”. En aquellos tiempos, la Disney estaba en el punto álgido de una terrible crisis de identidad, sin saber si decantarse por el público adulto o el juvenil, la comedia y el terror, el pan de viena o el de molde. De aquella época extraña y para mí gloriosa en su componente más freak y arriesgado tenemos cosas como “La isla del fin del mundo”, “La montaña embrujada”, “El dragón del Lago de Fuego”, la lovecraftiana “Los ojos del bosque”, o el lisérgico ejemplar que nos ocupa hoy: “El Abismo Negro”.


“la película fue un tremendo fracaso económico, demasiado blanda para los adultos pero demasiado oscura para los niños”


Y ya la cosa suena rara desde la sinopsis: la nave espacial con el mejor peor nombre de la historia para una astronave, la Palomino, vuelve a la tierra tras un viaje de dos añitos por el espacio. Por el camino detectan la presencia de la Cygnus, una nave perdida hace más de 20 años y que esta orbitando alrededor de un agujero negro. Obviamente, allá que van, porque si no ya me explicarán qué emoción tiene el asunto.

Primero de todo, hay que reconocerle sus méritos: la Cygnus da miedo. Es una puñetera casa del terror flotante, con una forma que recuerda vagamente a la una guitarra eléctrica gigante. Todo lo que tenga que ver con el apartado de efectos especiales está excelentemente resuelto contando con los medios que se disponían en la época (si no recuerdo mal, creo que fue candidata al Oscar en dicha categoría), así como el diseño de espacios, vestuario y demases. Todo muy bonito, pero al servicio de un guión que no sabe bien donde está y que, involuntariamente, genera uno de los finales más locos que recuerdo haber visto en mi vida, colofón de unos problemas de tono que son perfectamente resumibles. Primero de todo, el casting. Maximillian Schell cumple perfectamente con su rol de científico loco, pero no es una locura simpática: es un puñetero desquiciado, convencido a si mismo de la credibilidad de sus delirios. Un psicópata en toda regla en una composición que, si me dices que es para la Hammer, yo me lo creo. Pero es que es una película para Disney, y cuando lo juntas con cosas como el robot V.I.N.C.E.N.T., con un diseño completamente infantiloide y destinado, presupongo, a vender mucho merchandising, no ligan ni en pintura.


“pasamos de clones de combate de RD-D2 haciendo chistecitos a una lobotomía frontal con láser, destripamientos, zombies y alucinantes escenas de cine de catástrofes”


El problema sigue cuando en el bando de los buenos metes a Anthony Perkins. Sí, Anthony Perkins. El de Psicosis. En una peli familiar del espacio. Y de la Disney. ¡Claro que sí, señores del casting! Y encima, (SPOILER) hagámosle sufrir una muerte horrorosa por evisceración.(SPOILER). Por no hablar de un Ernest Borgnine que, pese a que es un actor del Hollywood clásico que me encanta, aquí no encaja ni con calzador.

Profundizando en el problema del tono, en segundo lugar me gustaría mencionar varias situaciones, desde momentos tremendamente infantiles protagonizados por los robots “buenos”, como el de la galería de tiro, hasta momentos de nigromancia tecnológica que harían las delicias del Hombre Alto. Con lujo de detalles pasamos de clones de combate de RD-D2 haciendo chistecitos a una lobotomía frontal con láser, destripamientos, zombies y alucinantes escenas de cine de catástrofes que harían las delicias del bueno de Ronald Emmerich. Todo en la misma película, y en una progresión de acontecimientos que van convirtiendo “El Abismo negro” en una tremenda locura que ni sabe a quién dirigirse, ni cómo. Con semejante panorama, como todo lo que tocaba la Disney en aquel momento, la película fue un tremendo fracaso económico, demasiado blanda para los adultos pero demasiado oscura para los niños. Pero atento amigo lector, porque aquí debemos de poner el freno y ponernos muy, muy cómodos.


“Unos minutos finales que hermanan esta película con, por poner un ejemplo, el final de Eli (2019)”


Porque “El Abismo Negro” contiene un tesoro, un monumento que nos recuerda que el consumo de LSD puede provocar consecuencias muy jodidas si tienes que escribir un guión para una película que cuesta una millonada. Unos minutos finales que hermanan esta película con, por poner un ejemplo, el final de “Eli” (2019). El momento es tan glorioso, tan completamente fuera de lugar, que a día de hoy aún le sigo dando vueltas a la cabeza. Sin caer en el spoiler, permítame compartir con usted, avezado lector, mis delirios hipotéticos. Si has visto la película me gustaría que intentases resolver las dudas que me atormentan desde hace ya casi cuarenta años y, si no, puedes llamar a seguridad para que me pongan de nuevo la puñetera camisola blanca:

-Al llamarse el androide como el actor que hace de doctor loco, contaría la ESCENA como una suerte de catarsis masturbatoria?
-Porqué el doctor tiene la pelambre erizada?
-El agujero negro es una entrada al cielo? Al infierno? A otra dimensión? Al consumo de drogas duras?
-Es el infierno? El cielo? Quien es toda esa gente que va en fila y entogada? Dante tenía razón? -Maxi-doctor es el nuevo Lucifer? En ese caso, ese es el premio por haber sido un grandísimo cabrón?
-Qué cojones son los arcos de cristal?
-Quién cojones es la señora voladora de espaldas?
-Adonde van a parar los protagonistas?
-COMO ACABA LA PUÑETERA PELÍCULA????

Desde los años 70-80, aún con el alma taladrada, os saluda el cada vez más viejo Art0rius. Buenas noches, y buena suerte!

Nota a pie de Rayba, esposa de Art0rius: para mí los simbolismos del final son literarios y alusivos a la obra del gran Dante. El Doctor Loco llega efectivamente al infierno, donde se funde con el robot (no hay componente erótico festivo como daría a entender el bueno de Art0rius), de forma que simboliza su deshumanización final, así como la unión entre lo que somos y lo que hacemos, entre la mente pensante y la herramienta, por ello se le ve “dentro” del robot ya que nunca fueron entes separados, sólo dos cuerpos físicos para una misma línea de acción. Finalmente el cuerpo y el alma son lo mismo, y su único destino posible es el infierno (también es lo que buscaba él desde el principio), mientras las “almas” o figuras con túnica atraviesan en procesión las llamas. Esas figuras no están varadas al infierno sino en tránsito, lo que podría entenderse como que viajan por él, osea con posibilidad de salida, que es lo que hace la figura femenina... pasa por una especie de rosetón, ya que es la Beatriz de Dante (al respecto, se puede buscar información en internet y al parecer se quería hacer un guiño a ello pero no llegó a ponerse explícitamente en la película) de camino a la luz... todo leído desde los clásicos, creo que tiene sentido. Simbolismos sencillos siempre y cuando conozcas el referente base. Si al final llegan al cielo, a otra dimensión, o simplemente la “salvación” por la que los guía la Beatriz celestial es volver al mundo real, eso ya queda en manos del espectador y cómo quiera leerlo!  

Lo mejor: Los efectos especiales y la ambientación oscura. El robot Maximillian y el actor que se llama Maximillian. El FINAL. Tener una filóloga en casa.

Lo peor: Salvo el villano, el casting. V.I.N.C.E.N.T. La indecisión del guión a la hora de adoptar un tono que diera cohesión al metraje. Los momentos de humor infantiloide que no encajan. El FINAL. Que Rayba me haga ver que tengo que dejar de lado a Freud un ratin y releerme a Jung.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gustavo: Una alegría ver esta película analizada en el Nido. Como menciona Artorius la vi cuando tenía entre 8 y 10 años (no me acuerdo con exactitud pero si que no fue en la adolescencia) y me pareció genial. En ningún momento tuve miedo aunque reconozco que no es el típico film infantil. Coincido con la descripción que desarrolla Artorius lo que me juega en contra es que no pude volver a verla y paso tanto tiempo que solo me acuerdo de "flashes" como la fusión entre el robot y el doctor o cuando ponían a la protagonista en la máquina para la lobotomía. Pensándolo bien a mi lo que me pareció es que tenía una inspiración en la historia del Capitan Nemo y el Nautilus llevándola al espacio.En síntesis en su momento me encantó. Gracias por el recuerdo.

Art0rius dijo...

Agradecidos nosotros que te haya gustado! Yo la revise no hace mucho, y pese a que me dejó un mal cuerpo considerable de pequeño la impresión no fue la misma. Aunque ni de coña se la pondría a un niño hasta los buenos 15 añitos. El look del malo sí que tenía aires a otra gran producción de Disney, 20.000 leguas de viaje submarino como refieres, pero cualquier comparación del bueno de Maximillian con el pedazo de Nemo que se marca el sin par James Mason no se aguanta por ningun lado a efectos prácticos, aunque como bien dices la intención de los autores creo que estaba ahí.

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