domingo, 14 de junio de 2020

Crítica: Becky

Cuestión de tonos, señores y señoras. Hoy todo comienza por una cuestión de tonos. Si el tono es distendido e ingenuo, puedes ver cómo un niño le provoca quemaduras de tercer grado, electrocuciones o brutales impactos en la cara a unos adultos y te parecerá gracioso, incluso entrañable con el paso del tiempo. “Solo en Casa” (Chris Columbus, 1990) nos mostró un comportamiento infantil tremendamente violento, en un contexto cómico y nadie cuestionó la salud mental del joven Kevin, todo lo contrario. Todos los espectadores alabábamos su ingenio y su creatividad. Mismos castigos o trampas con un tono serio y de amenaza y la perspectiva cambiará por completo. Una vuelta de tuerca, que diría Henry James y ya tienes una cara B que salta del genero familiar al cruel home invasión/survival.


“como survival sencillo y directo es bastante solvente. Ofrece unas dosis de violencia y ensañamiento propias de aquel que no tiene nada que perder”  


“Becky” representa esa cara B y tampoco va mucho más allá. Los directores de la película, Jonathan Milott y Cary Munion, vuelven a apostar por la violencia infantil, tras su notable presentación en sociedad, “Cooties” (2014), donde los más pequeños se volvían absolutas máquinas de matar, infectadas. Entre medias, dirigieron la irregular “Bushwick” (2017), que pasó con más pena que gloria, pero la vuelta al redil nos deja claro que tienen una especial predilección por la pérdida de la inocencia a lo grande. En “Becky”, nos presentan la historia de una adolescente en pleno duelo por la muerte de su madre y ahondan en el drama desde una peculiar perspectiva. Los procesos del duelo son complejos y requieren diferentes tiempos, según las diferentes personas. En el caso de “Becky”, Milott y Munion, han querido mostrar la transición de la pena a la rabia y cómo una rabia instalada en lo más profundo del ser, durante más tiempo del debido, puede terminar condicionando toda una vida.

Siguiendo con los cambios de tono, en “Becky” lo primero que nos sorprende de la escena inicial es reconocer a un habitual de la comedia, calzando la piel de un preso nazi en medio de una pelea carcelaria. Curioso el trabajo de nuestro cerebro en el momento en el que ves a alguien que reconoces como genuinamente bonachón en una tesitura radicalmente diferente. Nuestro hemisferio derecho se revelará ante un cambio sobre lo que antaño tenía totalmente interiorizado y le costará dar credibilidad a la maldad de Kevin James. El hemisferio izquierdo solo necesitará ver los tatuajes de las esvásticas para comprender que el Kevin James de películas como “Niños grandes” (Eric Lamonsoff, 2010), está muerto y enterrado y que no veremos la media sonrisa que siempre le acompaña en sus interpretaciones cómicas, por ninguna parte. Un tono totalmente diferente en un actor que destaca por su candidez.


“Como película que pretende abrir un pequeño debate sobre el desarrollo de la crueldad en una mente adolescente viva con un alma rota, cumple también”  


Paralelamente, Lulu Wilson, vive la misma transformación como actriz y deja atrás sus papeles de niña sufridora y aterrada dentro del género (“Ouija: El origen del mal”, 2016 o “Annabelle: Creation”, 2017) para construir un alter ego implacable y feroz. La decisión de este casting no es casualidad o capricho personal, sino que responde a la necesidad de establecer constantes paralelismos entre los dos personajes principales, Becky (Lulu Wilson) y Dominick (Kevin James). La elección de dos intérpretes encasillados en determinados personajes, para darles una vuelta por completo y convertirles en némesis, es tan acertada para entender la idea principal de la película, que acentúa la semejanza de las dos diferentes psicologías a las que nos enfrentamos en la película. Desde el inicio, se establecen constantes comparaciones entre los diferentes mundos de Becky y Dominick para que cuando converjan, la idea del cazador y el cazado se fusionen y no te hagas más preguntas de las necesarias.  

Si eres un espectador curioso al que le gusta que el guión le genere un misterio a lo largo del metraje para que luego tener una resolución satisfactoria, “Becky” se quedará coja y tuerta. No es este el propósito de este survival. Todo es mucho más sencillo en apariencia, y algo más complejo si queremos arañar un poco más y levantar una capa de piel. Desde mi punto de vista, como survival sencillo y directo es bastante solvente. Ofrece unas dosis de violencia y ensañamiento propias de aquel que no tiene nada que perder. Como película que pretende abrir un pequeño debate sobre el desarrollo de la crueldad en una mente adolescente viva con un alma rota, cumple también, porque si algo dejan claro las salvajadas que se ven con gran detalle en pantalla, es que ninguno de los dos personajes es inocente y que uno de los dos disfruta sobremanera de cada triunfo.


“Becky no inventa nada nuevo y se sirve de los elementos que han funcionado en otros contextos para mostrar, sin ningún tipo de vergüenza, una historia increíble”  


El poder de la venganza es absolutamente letal y vigorizante, incluso a temprana edad. Y a esto es a lo que el guión debe unas cuantas cervezas y una cena en algún sitio chulo. Realmente la historia no profundiza en nada de lo que sugiere y el espectador tiene que hacer constantes actos de fe y pasar por alto todo aquello que chirría para disfrutar, entretenerse y terminar cediendo al entendimiento de que la propuesta es sencilla y se trata simplemente de una película de venganza con unos efectos muy notables y una Becky que es puro carisma. Por mi parte, me conformo, pero me sigue pareciendo innecesario que nos presenten una subtrama aria cogida por pinzas y a uno de los personajes experimentando una especie de epifanía purificadora de violencia, para buscar su redención en el momento menos oportuno para su grupo.  

“Becky” no inventa nada nuevo y se sirve de los elementos que han funcionado en otros contextos para mostrar, sin ningún tipo de vergüenza, una historia increíble que terminamos por creer y un Mcguffin del tamaño de Oregón que termina por no importar, pero que tampoco genera mucha intriga. Y si un Mcguffin no te deja con el culo torcido, algo ha fallado por el camino.  Que conste que a mí estos misterios sin resolver, lejos de frustrarme, me suelen encantar por permitirme desarrollar la imaginación y continuar historias por mi cuenta. Lo malo es cuando te decantas por la incapacidad del guión, más que por la habilidad del mismo. En “Becky” simplemente no importa, algo que aún no sé si es bueno o malo.   Coged la llave, abrid la cerradura y ya me contáis vosotros mismos. Cuestión de tonos y de llaves.


8 comentarios:

JuanCar dijo...

Siempre tenemos a Missterror para rematar ese clavo a medio clavar. Maravillosa cómo siempre.
A mí Becky, me ha encantado.
Directa al hueso, sin complicaciones y enfilada a la yugular para descomponer al más curtido en el terror más sangriento.
Entretenimiento de primera y unos efectos de maquillaje de esos a la antigua, que tanto echamos de menos siempre en el horror de hoy en día.
Gran película para disfrutar en buena compañía cualquier tarde de confinamiento.

Art0rius dijo...

Se deja ver, y se deja ver muy bien. Lo de Kevin James a mi me pareció superlativo en su cambio de registro, y mira que es un actor que no le he visto una buena.

El Rector dijo...

También me ha gustado bastante. La película no sorprende, además de la evidente semejanza con "Solo en Casa", recuerdo otra película (bueno, en realidad no recuerdo el título ahora mismo) que yo mismo analicé en estas páginas que era exactamente igual (a ver si alguien la saca que mi coco ya no da para según que cosas), un par de críos que tenían que vérselas con un grupo de maleantes, aunque en aquella ocasión, la cosa quedaba muy lejos de los extremos de sadismo que alcanza esta "Becky", sin duda, su mayor encanto. Ese, y el de ver al tipo este de las comedias chorras haciendo de malote. Una pena que, como dice Missterror, la historia esté tan poco mimada. Hubiera molado que el tema del nazismo fuese algo más allá de una proclama racial canina y un tatuaje en la cocorota.

Un divertimento sencillo y que rebosa mala leche. Tampoco le vamos a pedir más. Bastante satisfecho. Jonathan Milott y Cary Murnion se están ganando su pedacito de cielo y empiezan a ser sinónimo de diversión, como ya consiguieron con la divertidísima y ácida "Cooties" e incluso con "Bushwick", esa curiosa guerra urbana a lo "The Division" con plano secuencia y un como siempre estupendo, Dave Bautista al frente. Actor que por cierto, ha llegado donde The Rock no ha podido.

Saludos.

Missterror dijo...

JuanCar, entre clavo y clavo, gustándome bastante "Becky", creo que tú te lo has pasado incluso mejor con ella que yo ;) Como dices, es una película sin complicaciones, con muy buenos efectos (diossssssssssss la escena ocular!!!), que entra muy bien en cualquier momento y que parece que en tiempos confinados aún se agradece más.

Art0rius, el cambio de registro de Kevin James es brutal. Pasar del típico bonachón con camisa de cuadros por dentro del pantalón que parece que dará su vida por cualquier persona, animal o planta a vestirse con la misma camisa de cuadros, pero con unos tirantes, unas botas militares con puntera de acero, 153 esvásticas tatuadas en pecho y cabeza, más el valknut en la mano y una barbota bien poblada, es poco más que un salto mortal, pero sale muy bien parado.
Por cierto, yo tampoco recuerdo una buena de James.

Rector, me he quedado con la duda y he buscado entre tus críticas, llegando hasta 2014 y ya me he dado por vencida. No sé a qué película te refieres. Así en este rollo de niños letales, me viene a la mente "Better watch out", pero sé que no te refieres a esa.
Yo también creo que el hecho de meter a los nazis con calzador no aporta nada si se queda en la anécdota de los tatuajes y algún comentario. Podían haber puesto al presidente de la universidad católica de Murcia explicando que los servidores de Satán nos quieren implantar chips para controlarnos aprovechando la vacuna Covid y el resultado hubiera sido el mismo. No aporta nada a la historia.
Nos hemos divertido y es la misión de "Becky" así que objetivo cumplido.
"Cooties" muy bien, pero "Bushwick" se termina haciendo plomiza como ella sola, pese a Dave Baustista ;)

Un abrazo.

El Rector dijo...

Missterror, ya he conseguido sacar la película. Hablaba de "The Agression Scale" de Steven C. Miller. Si algún lector tiene curiosidad, estoy seguro que hallará más de un paralelismo con esta "Becky", siendo esta bastante más bruta.

Yo sigo defendiendo a "Bushwick", será que tengo especial predilección por los plano secuencia y creo que ahí lo hace realmente bien. Pero entiendo que fuera de eso, puede hacerse algo repetitiva (aunque te lo dice alguien que lleva dándole más de 500 horas a "The Division", jeje).

Saludos.

Unknown dijo...

Gracias por tan fantástica crítica Missterror, una vez más me has abierto el apetito, si no llega a obra maestra no importa, si me hace pasar un buen rato me la apunto. Gracias!! Lorena

Missterror dijo...

Muchas gracias, Lorena. Siempre escribes con palabras amables y logras sacarnos una sonrisa que se queda en la boca todo el día :)
No llega a obra maestra, ni lo pretende. "Becky" busca que pases un buen rato y seguro que lo consigue.
Ya nos contarás ;)

Mil gracias a ti por leernos.

Missterror dijo...

Rector, Con razón no la encontré!! DE 2012 no más ni menos. Repasando tu crítica y los comentarios, cumplí con lo que comenté y el delete fue inmediato.
Entendiendo la dificultad del plano secuencia y agradeciendo el intento en "Bushwick", no puedo evitar pensar que hay ideas que sobre el papel suenan mejor que lo que ocurre en la realidad.
¿"The Division", qué? ¿juegos infernales que duran eternamente? 500 horas videojueguiles es toda una vida.

Un abrazo.

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