viernes, 16 de octubre de 2020

Crítica: Jumbo

MISSTERROR NOS HABLA SOBRE EL AMOR IMPOSIBLE (O NO) ENTRE UNA CHICA Y UNA ATRACCIÓN DE FERIA QUE FIRMA ZOÉ WITTOCK


De las más de 2.100 críticas que Nido de Cuervos carga a sus espaldas, probablemente hayamos hablado, analizado y teorizado sobre el dolor y la muerte en más de un noventa por ciento de ellas. Algo normal teniendo en cuenta que el sufrimiento va irremediablemente asociado al cine de género y por tanto, a esta web. No es extraño considerar, por tanto, que la reflexión sobre el amor no tiene tanta cabida en esta página, si pensamos que el amor es la antítesis del sufrimiento (al menos debería serlo). Aunque esto no es del todo cierto y sé que estoy haciendo trampas, puesto que de relaciones amorosas también hemos hablado largo y tendido, el AMOR con mayúsculas es la primera vez que ocupa una crítica completa. “Jumbo” trata sobre el amor y con toda la humildad del mundo, hoy me erijo portavoz del querer. 


“una sinopsis así también puede dejar salir a flote nuestros prejuicios ya que podría parecer que Jumbo va a ser un disparate o una comedia ligera. Nada más lejos de la realidad” 

Desde Francia, país del amor llega “Jumbo” (2020), una de las películas más arriesgadas del Festival de Sitges 2020. Zoé Wittock, debutante directora y guionista belga, propone una curiosa historia de autodescubrimiento poniéndonos en la piel de Jeanne, una adolescente solitaria que trabaja en un parque de atracciones. El espectador, vouyeur de excepción, explorará con ella cada uno de sus rincones interiores cuando esta descubra su peculiar amor. 

Con esta siempre atractiva premisa, Wittock aprovecha su oportunidad para llamar la atención. Está claro que el primer amor se puede entender desde mil perspectivas posibles, pero creedme que en “Jumbo” el interés se multiplica por mil al entender que Jeanne descubre el amor a través de una atracción de feria y no, no he dicho que lo descubra en una atracción de feria, sino que la atracción es aquello de lo que Jeanne se enamora. Nadie puede negar la originalidad de este punto de vista y la curiosidad que esto despierta, aunque obviamente una sinopsis así también puede dejar salir a flote nuestros prejuicios ya que podría parecer que “Jumbo” va a ser un disparate o una comedia ligera. Nada más lejos de la realidad. 


“Jumbo, esa atracción de feria de brillantes colores no cosifica el amor, solo demuestra que el acto de amar, siempre y cuando no se haga daño con ello, debe ser libre” 


Uno de los puntos fuertes de esta película es que está rodada con tal mimo y seriedad, que resulta creíble y consigue hacerse respetar desde los primeros compases. “Jumbo” es un coming of age complejo, con una protagonista que no se diferencia tanto del resto de adolescentes. Jeanne es alguien que no se comprende y que sobre todo no comprende el mundo que le rodea, ¿nos suena, verdad? Y aunque este sea el punto de partida, “Jumbo” no es la reacción anárquica frente al amor de una joven rebelde, la película no va de eso. 

“Jumbo” es el paso a paso del primer amor. Un amor no buscado. Un amor, que como todos los grandes romances llega para resolver dudas existenciales y coser puntos en heridas que comienzan a abrirse. La mayoría de nosotros sabemos de qué va esto. La mayoría nos habremos enamorado en más de una ocasión, lo habremos hecho de la persona no adecuada y ahora lo estaremos de la persona que encaja a la perfección con nosotros. Esta persona correcta, con sus fallos y con sus diferencias es nuestra elección. Entendemos “Jumbo” a la perfección. Jumbo, esa atracción de feria de brillantes colores no cosifica el amor, solo demuestra que el acto de amar, siempre y cuando no se haga daño con ello, debe ser libre y pese a que esta película no pretende ser moralizante, la idea del amor libre se agarra en el corazoncito más que nunca. 


“Ni apuesta por la ciencia ficción, ni por la excentricidad, ni por la fantasía. Zoè Wittock deja la máquina en punto muerto y simplemente deja que fluya la historia sin fuegos artificiales” 


En “Jumbo” no solo se explora la relación amorosa, sino la materno-filial en un contexto de total incomprensión por ambas partes. Margarette, la madre de Jeanne, con la soberbia que infunde el creerse en posesión de la verdad, actúa de testigo y juez de los actos de su hija. En este sentido, parece claro que Wittock reserva para Margarette el papel del villano, haciendo que ella sea el símbolo de una sociedad que rechaza lo diferente, por sistema. En este aspecto, el guion se detiene lo suficiente en recrear la lucha interna de Jeanne aunque va demasiado deprisa con la contienda y las reacciones de Margarette. De la lucha externa se encarga el propio amor, sentimiento incomprensible pero poderoso. Teniendo en cuenta todo esto, no esperéis momentos “Transformers”, “Jumbo” va de otra cosa. Jeanne no está embriagada con las luces de la atracción, Jeanne está enamorada de aquello que no pertenece al mundo que ella conoce y del que definitivamente no se siente parte. Todo contado con elegancia y una puesta en escena deliciosa

El riesgo de “Jumbo”, desde mi punto de vista, no está tanto en su argumento (por original que sea), sino en el género indefinido en el que termina por quedarse. Ni apuesta por la ciencia ficción, ni por la excentricidad, ni por la fantasía. Zoè Wittock deja la máquina en punto muerto y simplemente deja que fluya la historia sin fuegos artificiales. Los ecos a “Encuentros en la Tercera Fase” (Steven Spielberg, 1977) o “Under the Skin” (Jonathan Glazer, 2013) se diluyen entre las luces de colores y la banda sonora feriante. “Jumbo” busca su propia personalidad y lo hace en términos de soledad y necesidad. Esta búsqueda hace que note su irregularidad en un segundo acto que no está a la altura del primero y que provoca que la fascinación inicial decaiga, pese a la magnífica interpretación de Noémie Merlant, quien hace totalmente creíble cada una de sus escenas. 

Hoy el aviso para los cuervos intenta atravesar el espeso y negro plumaje. Si aún tenéis un poco de espacio para el amor inesperado en vuestros corazones, “Jumbo” es un debut que no deberíais dejar escapar. Yo solo puedo decir una cosa, ojalá haberme enamorado de “Jumbo” en lugar de haberlo hecho del que fue mi primer amor.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Pues no era la premisa lo más interesante de la película. Uno se pregunta si de semejante romance se puede sacar un largometraje con cara y ojos y la verdad, es que el resultado es sorprendente. Zoé Wittock opta por la elegancia y apoyada en una estupenda Noémie Merlant, da forma a una historia emotiva, con fondo y mucho más entretenida de lo esperado (al menos por servidor).

Para mi gusto, excesivamente alejada del género, ya que ni ahonda en la ciencia ficción ni mucho menos en el terror ,quedándose en una fantasía accesible a todos los públicos, muy orientada a la vertiente dramática, cuando había mimbres para acercar el relato a latitudes mucho más cercanas al terror o, enfocar la historia hacia terrenos más truculentos. Pero entiendo que no era la idea de la directora y oye, dentro de todo no he salido decepcionado.

Saludos.

Missterror dijo...

Cierto, Rector. La historia de "Jumbo" puede parecer que no da para más de un corto, pero aguanta el formato largo la mar de bien. Una grandísima pena que no se haya querido adentrar más en el género. Creo que se ha perdido una oportunidad de oro para hacer algo brutal, pero entiendo que la directora buscaba indagar más en el drama y en el propio romance para dar protagonismo al derecho a sentir como nos dé la real gana.
Una agradable sorpresa, sin duda.

Un Abrazo.

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