martes, 17 de noviembre de 2020

Crítica: In Search of Darkness

MAIK LINGOTAZO NOS HABLA SOBRE EL ANUNCIADO COMO EL DOCUMENTAL DEFINITIVO SOBRE CINE DE TERROR DE LOS OCHENTA


In Search of Darkness poster
Apoyada por una intensa campaña mediática, durante el año pasado (2019) vio la luz este documental cuyo estreno se aguardaba con mucha expectación entre los forofos del género. Bautizado como el documental definitivo sobre el terror ochentero, lo cierto es que ha concitado no pocos halagos, y abultadas calificaciones en diversas plataformas de críticas online, tanto nacionales como extranjeras. Con todo, conviene no pasar por alto algunas carencias o consideraciones que a mi juicio lastran el resultado final. 


“quizá satisfará al advenedizo en busca de su primer contacto con el tema; seguramente también contentará a quien tan sólo desee una reconfortante revisitación de los clásicos” 


entrevista John Carpenter
El festín de imágenes con que nos bombardea el tráiler de presentación ya es lo suficientemente sugerente como para que a cualquiera de los asiduos a esta web se nos pongan los dientes largos. Bien, la cosa promete. El desfile de vísceras, máscaras, gritos y estampas sórdidas augura un producto a la altura de lo que fue, según su propia publicidad reclama, la década más icónica del género. Pero no nos dejemos llevar por la euforia. Lo cierto es que bajo esa pretendida espectacularidad se revela el efectismo que supone la sucesión de visiones evocadoras y que, inevitablemente, conectan con nuestra fibra nostálgica. Total, que como mecanismo para despertar la curiosidad y hacerse con nuestra atención, tiene su pase. Pero nos quedamos sin saber realmente acerca de qué versará, cómo se abordará y desde qué prisma, quiénes intervendrán, etc. Sin embargo nada de esto pareció echar atrás a la horda de fanáticos del terror que se apresuraron en colaborar, logrando a la postre que el crowdfunding recaudara en los primeros días mucho más de lo inicialmente estipulado. El presupuesto, pues, rebasaba con creces lo previsto, cosa que posibilitó elevar las miras hacia cotas más ambiciosas, y a priori atractivas. 

Freddy Krueger
Eso es lo que se desprende cuando, de inicio, te topas con la duración de este documental: ¡4 horas y media! ¡Ahí es nada! Bien, ahora la cosa se pone seria. Pero resulta que lo que se antojaba como una celebración de los excesos y de la ruptura y de la creatividad que significaron los 80 para el cine de terror, y el cine de terror para los 80, deviene en un producto con más fallas y grietas de las que cabría esperar. Para empezar, considero que dependiendo de la predisposición y las intenciones con las que vayamos, nuestra experiencia será bien distinta. Como aproximación ligera quizá satisfará al advenedizo en busca de su primer contacto con el tema; seguramente también contentará a quien tan sólo desee una reconfortante revisitación de los clásicos que marcaron su adolescencia; pero es muy probable que decepcione a los que esperen un trabajo de campo en profundidad, con información nueva, materiales inéditos y hasta lecturas más o menos sesudas a cuenta de las implicaciones que subyacen bajo un género como el del terror y una década como la de las 80 a la hora de radiografiar la sociedad del momento. De entenderla. O lo que es lo mismo, de entendernos. 


“es un desatino el modo en que se nos es presentado el contenido, cosa que a su vez influye en el hecho de que tan extensa duración acabe jugando en su contra” 


Scanners explota cabeza
Vaya por delante que lo que parece innegable es que estamos ante algo que, como reza su propaganda, está hecho por fans, gracias a los fans y dedicado, para su deleite y regocijo, a los propios fans. Diríase que es un autoregalo de consumo interno, a modo de homenaje a quienes de algún modo u otro sienten que forman parte de la heterogénea comunidad de incondicionales del horror. Diríase también que, por lo pronto, ejerce como buen cicerone para quienes desconozcan la grandeza de eras pasadas y ansíen recorrer el camino de vuelta para hacerse una idea de todo cuanto dieron de sí. En definitiva, para comprender de dónde viene gran parte de lo que hoy tenemos, y entusiasmarse viendo cómo muchos supieron abrir brecha con escasos medios pero sobrados de ingenio y frescura, inasequibles siempre al desaliento. 

Elvira
Pero, para mí, es un desatino el modo en que se nos es presentado el contenido, cosa que a su vez influye en el hecho de que tan extensa duración acabe jugando en su contra. Es una opinión muy personalísima, pero entiendo que de haber dispuesto esos cerca de 260 minutos repartidos en capítulos -4, 5 ó 6-, el resultado final habría sido mucho más vistoso. Es más, ello hubiera posibilitado centrar cada entrega en algún aspecto en particular, a la manera de un monográfico, sin supeditar el guion a la mera sucesión cronológica de las distintas películas que se muestran o reseñan. Es en este punto donde creo que hace aguas el documental, pues se ciñe a un modelo que, a mi juicio, lo encorseta sobremanera, y a medida que avanza se siente harto repetitivo, cuando no deslavazado, sin brindarnos alicientes que hagan remontar esa caída en la planicie, y tan solo a lo sumo sostenida por la ilusión de lo que te puedan aportar algunas de las voces autorizadas que contribuyen en esta retrospectiva. 

Horace Pinker en silla eléctrica
Que ésa es otra, el apartado de “talking heads”: algunas tienen mucho más protagonismo del que sería deseable, llegando a darse intervenciones bastante desproporcionadas en cuanto a tiempo en pantalla e interés de lo expuesto. El desmesurado trato que reciben las franquicias en detrimento de alguna que otra omisión, más o menos flagrante, constituye un desaguisado en sí mismo. Aquí no hay más guía y nexo entre lo expuesto que la sola inserción de material de archivo y extractos de los filmes, y así vamos asistiendo al inexorable paso del tiempo, año tras año. Pero no resulta, está todo muy contrahecho. El ensamblaje narrativo de las declaraciones de quienes intervienen brilla por su ausencia, es bastante pobre. Las apariciones caen como pegotes, o como piezas raídas de un puzzle que encajan como pueden y donde pueden. Y eso, si vas a prescindir de una voz en off que conduzca y, sobre todo, encauce y dirija, es un error de bulto para un proyecto que se pretende tan novedoso y revelador. Mención aparte, que no especial, merece un tal James A. Janisse: a falta de saber si pudiera haber alguna explicación para sus maneras impostadas y desnaturalizadas, y atendiendo a la más elemental de las prudencias, me limitaré tan sólo a decir que su concurso se hace insoportable. Pero como el tipo sea realmente así, estamos ante un 'person' de magnitudes siderales. 


“Es harto frustrante cuando lo que te venden como el no va más resulta ser un mero refrito de referencias y batallitas” 


Barbara Crampton joven
En cuanto al resto, el jugoso carrusel de nombres importantes trufa el reparto (John Carpenter, Joe Dante, Greg Nicotero, Barbara Crampton, Tom Holland, Heather Langenkamp, Tom Atkins, Lloyd Kaufman, Harry Manfredini...), amén de unos cuantos youtubers, impulsores y 'activistas' del rollo, pero en muchos casos se cae en la insustancialidad, cuando no en la repetición. Sobre todo de movidas ya sabidas, cosa que una empresa con semejante autobombo no puede permitirse nunca. O no al menos con tanta profusión. Es harto frustrante cuando lo que te venden como el no va más resulta ser un mero refrito de referencias y batallitas. Cuando todas las materias que se tocan, y que podían haber aportado verdadero interés y dinamismo, pierden su potencial por haber sido dispuestas como complemento, tratadas casi de soslayo. A saber: el arte en las portadas, el fenómeno del VHS y los videoclubs, la creatividad y su aplicación en los efectos especiales, el papel de la mujer, el carácter de comunidad entre 'outsiders', el circuito underground de cabeceras como Fangoria, Cinefantastique o American Cinematographer, la irrupción del merchandising para explotar a los iconos, etc. Es que hay tantísimo por haber explorado, tantísimo en lo que haber profundizado... 

Chucky el muñeco diabólico
Por contra, ¿Qué es lo que tenemos? Una insulsa secuencia cronológica que parece reducir toda una década al aspecto de un catálogo. Es la escudería ochentera mostrada en formato de almanaque. Y esto, a nivel formal, deja mucho que desear. Sobre todo en una era, como la actual, en la que por información al alcance no será. Es que parece más un producto que, lanzado episódicamente, sí tendría encaje en la parrilla televisiva. Por su configuración y montaje pero sobre todo por su hilo conductor, se asemeja más al reportaje que al documental. Es más un esfuerzo periodístico, a modo de exposición descriptiva, que una demostración de estilo cinematográfico. Es una visita guiada a un museo en vez de una conferencia sobre el objeto de estudio. Y ello es debido al desequilibrado tratamiento que otorga a los elementos que lo componen. Informa, pero no ahonda. Entretiene, pero no ilustra. Rescata, pero no genera. Narra, pero no agita. 

Joe Dante entrevista
El intento es encomiable, y bienintencionado, como lo son las reuniones de antiguos alumnos. Y oye, que el onanismo grupal no lo veo mal yo, ¿eh? Tiene su función y tal. Pero vaya, que la cosa no pasa de un simple ejercicio de autocomplacencia, y hasta de una necesaria oda a la nostalgia; sin embargo, dista años luz de su pretendida aspiración, de ese supuesto carácter monumental y antológico que parecía vaticinar. Si ya viviste aquello, y lo sigues viviendo como si fuera entonces, puede que aquí no encuentres mucha cosa nueva, que amplíe tu bagaje o satisfaga tu curiosidad. Con todo, no hay viaje al pasado, ni álbum ojeado, que no arranque sonrisas o refresque anhelos. Eso te lo llevas seguro. Pero no te entregues a él con el 'hype' subido porque su propio nombre nos previene: “In search of darkness” mucha luz no arroja precisamente.


3 comentarios:

Astinus dijo...

Gran análisis,Maik. Creo, como comentas, que el error más llamativo del documental es ser, precisamente, demasiado convencional y errático. Yo reconozco que no aguanté todo su contenido y lo acabé dejando. Ni estaba disfrutando de cosas interesantes por sí sola, ni el formato animaba a continuar. Eso no quita que no sea un gusto ver esas tallas del género, pero...no es suficiente.

Art0rius dijo...

Clavado. Pienso en documentales como el que se hizo sobre el rodaje de la isla del doctor Moreau de Stanley, por poner un ejemplo, y lo comparo con esto y no hay color. Excesiva duración , contenido desabrido, convencionalismo a full y espectáculo masturbatorio sobre tiempos pasados sin gracia alguna. Me paso cómo Astinus y dudo mucho que lo retome.

Krueger dijo...

No podría estar más de acuerdo. 4 horas y media para no aportar nada nuevo. Se puede ver con gusto cómplice solo por quien aparece, pero debería haber habido mucha más chicha!

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