viernes, 15 de abril de 2022

Crítica: Bienvenidos al Infierno

EL RECTOR NOS HABLA SOBRE UN NUEVO TERROR SOCIAL DE TRISTE ACTUALIDAD VENIDO DEL FANTÁSTICO LATINOAMERICANO


La directora argentina Jimena Monteoliva continua su procesión por el género de terror con “Bienvenidos al Infierno” (2021), cuarto trabajo de la realizadora y nuevo ejemplo del fuerte carácter reivindicativo adquirido por el fantástico latinoamericano en estos últimos años, convertido en no pocas ocasiones en afilada herramienta de denuncia social directa a la vena del público. Marco Dutra, Juliana Rojas, Anita Rocha da Silveira, Issa López... cineastas que han puesto sobre la mesa variopintas problemáticas de la sociedad actual a través de la siempre enigmática mirada del cine de terror. Monteoliva se suma a tan noble causa para poner el foco sobre esa lacra de ayer y de hoy que es la violencia de género, un infierno en la tierra para todas aquellas mujeres que la sufren. 


“Una metáfora extrema (o quizás no tanto) pero muy ilustrativa, de situaciones que por desgracia son habituales en la vida de muchas mujeres” 


La directora orquesta un manuscrito el de Camilo De Cabo, inteligentemente ideado para hacer llegar el mensaje a determinado tipo de público, uno joven y aficionado a un estilo musical tan fascinante y popular en latinoamerica pese a no contar con una gran tradición dentro de la escena, como es el black metal. Para ello, introduce en la ecuación a una banda de dicho género compuesta por miembros de una secta satánica encabezada por el monje negro, antiguo novio y padre de la criatura que Lucía, quien ha conseguido escapar de sus garras para esconderse en una cabaña en el bosque junto a su ermitaña abuela, lleva en su vientre. 

La estructura narrativa de la película se divide en dos partes diferenciadas en el tiempo, por un lado el hoy, donde seremos testigos de la extraña relación entre Lucía (Constanza Cardillo) y su abuela (Marta Lubos), un arduo proceso de cicatrización de las muchas heridas que arrastran tanto la joven, como la anciana, cada una de ellas perseguida y atormentada por sus propios demonios personales. Luego tenemos el ayer, una serie de flashbacks que nos ilustran sobre la tóxica relación entre Lucía y su pareja, frontman de una banda de black metal con la que esta establece un a priori idílico romance que termina derivando en una macabra situación en la que el monje negro mantiene cautiva a Lucía en la guarida de la banda/secta junto al resto de miembros de esta. Una metáfora extrema (o quizás no tanto) pero muy ilustrativa, de situaciones que por desgracia son habituales en la vida de muchas mujeres, sumisas consciente o inconscientemente de este tipo de cotidianos monstruos homologados de carne y hueso. 


“es evidente que más de uno y de una se habrán acercado a la película de Monteoliva por el corpse paint, los crucifijos invertidos y las interminables melenas” 


El mensaje de la película está claro desde el minuto uno y algunas de las situaciones a las que “Bienvenidos al Infierno” nos expone como espectadores, resultan mucho más perturbadoras que cualquier ficción fantástica, por reconocibles, por cercanas. El machismo, tan presente aun en nuestra sociedad, la existencia constatada a diario de este tipo de perfiles, capaces de dañar con tanta virulencia a aquellas personas a las que supuestamente aman y que llegan a poner en entredicho la naturaleza propia del ser humano. 

Utilizar como trasfondo, la imaginería del black metal, el atractivo místico de un género musical que no deja indiferente y que tiene su propia leyenda negra, algo a lo que los amantes de este estilo puedan agarrarse como hilo conductor gracias al cual hacer que cale con más fuerza el mensaje, por si este no fuese ya lo suficientemente potente, es uno de los grandes aciertos de la película. Su impactante estética teatral, su rico folclore y más de treinta años de tradición gestada a fuego, sangre y acero, le otorga a “Bienvenidos al Infierno” una dimensión que seguramente, una película como esta no habría alcanzado en otro escenario. Era extraño, teniendo en cuenta la inevitable conexión existente entre determinadas manifestaciones artísticas, en este caso, entre el cine de terror y la música metal, que la idiosincrasia del black metal no terminase manifestándose en el cine más allá de las habituales parodias que hemos podido ver tanto dentro como fuera del fantástico. Si “Lords of Chaos” (Jonas Akerlund, 2018) dejó claro el encanto que este universo puede tener para el fan del terror, es evidente que más de uno y de una se habrán acercado a la película de Monteoliva por el corpse paint, los crucifijos invertidos y las interminables melenas


“una película dura por lo que cuenta, por lo bien que describe el drama del maltrato en la pareja, sus secuelas y sus consecuencias. Una historia sencilla, directa, sin subterfugios” 


Este no será un reclamo para todo el mundo, aquellos que sean ajenos a la escena musical del metal extremo y que no se vean atraídos ni por esto, ni por una premisa que podría apuntar hacia latitudes un tanto alejadas del terror más puro, puede que perciban la propuesta como algo poco sugerente en clave “festiva”, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto, estamos ante un trabajo de eminente naturaleza dramática y dos tercios de su metraje, bien podrían pasearse por festivales que poco o nada tienen que ver con Sitges (festival donde se proyectó el filme el pasado año), pero, cuidado con su clímax.

“Bienvenidos al Infierno” viene con “bicho”. Con sorpresa. Y el giro hacia el survival de su tercer acto, tan solo es la punta del iceberg, pues el libreto de Camilo De Cabo se guarda aun una última bala en la recámara que le volará la cabeza al más pintado. Un fin de fiesta que pone la guinda a una película dura por lo que cuenta, por lo bien que describe el drama del maltrato en la pareja, sus secuelas y sus consecuencias. Una historia sencilla, directa, sin subterfugios, pero que transmite de forma nítida su mensaje, con una pareja femenina sólida, tanto Constanza Cardillo como Marta Lubos saben llevar a sus personajes por la senda adecuada haciendo en muchas ocasiones del silencio, su filo más punzante. Y Demián Salomón, tercero en discordia y mal necesario, también luce como el siniestro monje negro, logrando que su personaje en ningún momento transite por lo ridículo, ni siquiera en los pasajes más “extrovertidos” del filme. Sumemos una banda sonora acorde y la función está servida. 

Lo mejor: Lo que cuenta y como lo cuenta. Se puede hacer cine social y serie B sin morir en el intento. Su poderío visual prestado del black metal y diez minutos finales tan inesperados como estimulantes.

Lo peor: Una hora inicial lenta y un tanto reiterativa que tiene más que ver con el drama que con el terror y la inevitable asociación entre el black metal y el satanismo sectario que el filme dibuja y que en ocasiones, roza la parodia involuntaria.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dudo ver esta película u otra. El cine está caro para historia así. La vida máscara.

Missterror dijo...

Qué gusto ver "Bienvenidos al Infierno" en el Nido, Rector. Fue la última película que vi en el festival de Sitges del año pasado y me pareció un cierre más que correcto.
Como bien apuntas en tu análisis, hasta la parte final donde se mete de lleno en el género, está mucho más cerca del drama social que de otra cosa. Desde mi punto de vista, la historia está narrada con cierto problema de ritmo. Esos dos primeros tercios que apuntas tienen bajones importantes y reiteraciones que, pese a que quieren enfatizar la carga dramática, lastran un poco la sensación de peligro que la película persigue constantemente. Se salva con toda la parafernalia Black metalera y lo sugerente de este estilo, incluso para profanos como yo. No es un estilo musical que me guste, pero tiene una historia negra tan bestia que es imposible no interesarse por el tema. Cuesta creer el nivel de fanatismo y sectarismo que conlleva y creo que se ha explotado muy poco en el cine de terror. Yendo a la parte más superficial, diré que estéticamente siempre aporta un plus en las películas.
Volviendo a "Bienvenidos al Infierno", decirte querido mío, que el último cuarto de hora me parece canela fina. No me esperaba algo así y disfruté cosa mala. Respecto a las interpretaciones, como tú, destaco esos silencios tan adecuados y bien llevados de las protagonistas. Sus escenas juntas tienen mucha potencia.
Ojalá tenga una buena difusión y mucha más gente la pueda ver, porque pese a lo que he comentado del ritmo, merece la pena y tiene bien ganado ese notable.

Un abrazo.

El Rector dijo...

Missterror, es ese tono tan dramático y tristemente terrenal, lo que hace tan especial el tramo final de la película, rozando el WTF! Es cierto que es una película lenta, con muchos silencios y que no tiene ningún reparo en contar lo que quiere contar y como lo quiere contar, aunque esto pueda lastrar el ritmo de la obra. En ese sentido, es muy fiel a las normas del terror argentino, donde suele apostarse mucho por esta vertiente más autoral del género, en lugar de tirar hacia latitudes más "agradecidas" para el espectador afín al terror, quien quizás, en ocasiones, suela buscar experiencias más directas y de más fácil digestión.

Yo como habitual degustador de black metal (como de otros tantos), te diré que no veo ningún tipo de sectarismo entre los aficionados a este estilo, jeje... fascinación, siempre. Retrógrados y cabezas cuadradas, los hay en todas partes (aquí en el cine también tenemos a unos cuantos), pero vamos, las sectas dejémoslas para los cristianos y demás personajes.

Sobre la estética del black metal, no cabe duda de que es algo que forma parte de su encanto, en el pasado quizás, por encima de la misma música. Hoy en día, por suerte, es otra historia, pero no cabe duda también que esa teatralidad macabra sigue manteniendo el mismo encanto de antaño y "Bienvenidos al Infierno" se aprovecha de ello para hacer de una película que a priori, podría pasar más desapercibida, un gran reclamo para determinado tipo de espectador.

Saludos.

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