miércoles, 13 de abril de 2011

Crítica: Wake Wood

Diseccionemos hoy, amigos lectores, otra de las nuevas andanzas de la productora Hammer (aunque en esta ocasión en co-producción con Fantastic Films) después de haber disfrutado en algunos casos y sufrido en otros, con títulos como “Beyond The Rave”, “Déjame Entrar” o “The Resident”. El nombre de la criatura es “Wake Wood”, engendrada a medio camino entre Irlanda y el reino unido por obra y gracia del amigo David Keating, quien asoma por primera vez las narices en el género de terror después de haber dirigido la popular “El Año que Murió Elvis” y algún que otro documental. Lo hace con una producción modesta en todos los sentidos, tanto a nivel económico como de ideas, pues “Wake Wood” es un híbrido a tres bandas entre el clásico setentero “The Wicker tree” (masacrado a posteriori en aquel espantoso remake protagonizado por el hombre que se implantó pelo del culo en su despoblada frente), la no menos clásica joya de la serie B “Cementerio Viviente” (posiblemente una de las mejores adaptaciones a la pantalla de la sobrevalorada obra de Stephen King) y la terrorífica “The Children”.

“Wake Wood” es la macabra historia de Louise y Patrick, una atormentada pareja que acaba de perder a su pequeña hija Alice en un desafortunado incidente con un perro, desplazándose hasta el remoto pueblo de Wake Wood para intentar olvidar la tragedia y rehacer sus vidas, Louise trabajando en la farmacia local y Patrick como veterinario rural. Pero la cosa no funciona y lejos de cicatrizar las heridas, la pareja se desmorona hasta tal punto, que Louise decide abandonar el pueblo y alejarse de su marido. Esa misma noche, cuando Patrick acompaña a su esposa con el coche, tienen un problema con el vehículo (¿Dónde diablos compran los coches en las películas de terror? Por que siempre salen chungos) y se acercan a la casa de Arthur, el jefe de Patrick, para que les ayude. Lo que allí encontrarán es un extraño ritual que están llevando a cabo los habitantes del pueblo, ritual que después descubrirán, sirve para traer de nuevo a la vida a los muertos por un periodo de tres días, tiempo suficiente para darles una última despedida. La pareja verá una oportunidad única de recuperar a su hijita, aunque para ello deban saltarse algunas reglas básicas del ritual.


Antes de nada, hacer un llamamiento a los guionistas de cine, ¡basta ya de matar a los hijos de la peña!, que de cada tres películas de terror, en una se destroza algún idílico matrimonio leches (véase “El Orfanato”, “Antichristo” o “In Their Sleep” por citar algunas tragedias). Dicho esto, al grano. Como comentaba, es imposible que no nos vengan a la cabeza títulos como “Cementerio Viviente” o “The Children” con la nueva película de David Keating, clásica historia de matrimonio abatido por una terrible perdida, aferrándose a un clavo ardiente con tal de recuperar lo irrecuperable. Esto hace de “Wake Wood”, una propuesta muy previsible ya desde sus primeros minutos, que dejan muy claro por donde van a ir los tiros de una historia que no por previsible, deja de ser macabra. De hecho la cinta tiene algunos momentos muy escabrosos, muy “Hammerianos” por decirlo de alguna manera, y creo que esta es su mejor virtud, por que “Wake Wood” es la película, que mejor recupera las señas de identidad de la clásica productora inglesa y perfectamente podría haberse convertido en todo un clásico cuarenta o cincuenta años atrás.

El problema es que estamos en pleno siglo XXI, esta historia ya la hemos visto antes muchas veces, y el listón de lo macabro esta puesto muy alto. Así que a día de hoy, “Wake Wood” no es una patada en los cojones, mas bien una colleja en el cogote. Por lo que entra directamente y por méritos propios en el selecto club de “películas que gustan a nuestras madres”. Así que para los que sigáis este antro dejado de la mano de satanás habitualmente y tengáis claro el término, la cosa está bastante clara. Estamos ante una cinta parida a base de clichés, previsible (aunque se asume que en el último instante se intentará algún tipo de jugarreta que, por supuesto no funcionará a no ser que seas madre) y que sobretodo lo demás, huye del terror mas gráfico e intenta mancharse las manos de sangre lo menos posible en pos de transmitir a base de guión, atmósfera y sentimentalismos baratos.


La vil putada para los que no seamos madre, es que el guión bebe demasiado de otros y resulta demasiado impersonal como para tomárselo en serio y que capte realmente nuestro interés. La atmósfera tampoco se puede decir que sea ni demasiado embriagadora ni demasiado terrorífica mas allá de su cutre aspecto de producto directo a videoclub y de alguna paja mental de su director a la hora de jugar con algunos planos extraños en plan: “mirad que original que soy” y los sentimentalismos…, bueno, para mi sentimental es Arnold Swarzeneger y su clásico: “¿Qué eres, hijo de Satanás?” o Jason Voorhees empujando al inválido escaleras abajo en “Viernes 13: Parte 3”, lo demás, igual cuando sea madre. Y a este poco efectismo del factor emocional, tampoco ayuda mucho la escasa credibilidad de los actores principales, ni Eva Birthistle (quien curiosamente también protagonizara “The Children”) ni Aidan Gillen, se puede decir que estén demasiado espléndidos en sus actuaciones. En este sentido solo se salva el bueno de Timothy Spall, todo un lujazo de actor como maestro de ceremonias y de lo poco potable del filme.

Conclusión, “Wake Wood” es una película que llega con cincuenta años de desfase y que en la actualidad solo puede aspirar a pasearse por el mercado doméstico a la caza del incauto que se deje seducir por los cantos de sirena “Hammerianos”. Una propuesta de nula originalidad, plagada de tópicos, técnicamente justita, con una banda sonora de pena, sin capacidad alguna de sorprender al espectador, rácana visualmente, sin excesos de ningún tipo y con un reparto que en ocasiones, roza lo “amateur”.

¿Lo mejor?, pues sin duda el hecho de recuperar algunas de las señas de identidad de la Hammer, cosa que no se había conseguido con los títulos anteriores, Timothy Spall, quien nos rescata del mas absoluto tedio en todas y cada una de sus apariciones y el desenlace final, que no por previsible, deja de ser retorcidamente macabro. Perfecta para regalar el día de la madre, ellas y solo ellas, sabrán disfrutarla.

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