miércoles, 1 de septiembre de 2021

Crítica: Candyman (2021)

ASTINUS NOS HABLA SOBRE LA REVISIÓN DE NIA DACOSTA DEL CLÁSICO NOVENTERO DE BERNARD ROSE


candyman 2021 póster
Lo del horror noire ya es una realidad dispuesta a quedarse. Llevamos una estela de años donde las producciones que aúnan cuestiones raciales y terror suponen un número creciente de películas dentro del género, especialmente tras el éxito de “Get Out” (2017) de Jordan Peele, que sirvió a este y a Daniel Kaluuya para situar un film de terror en la escena de los filmes oscarizables, meritorio sin duda cuando este género ha estado tan denostado para los festivales de cine más importantes como la fantasía para los premios de literatura. A partir de ese maravilloso año que fue 2017 han sido no pocas las películas y series que han pervivido en instalarnos esa mescolanza entre los fenómenos sobrenaturales y la maldad inherente al ser humano, desde la reiteración de Peele en “Us” (para mí, algo inferior a su predecesora), a las producciones que han ido surgiendo a posteriori como “His House” (2020), “Antebellum” (2020), “Lovecraft Country” (2020) o la maravillosa y recomendada “Them” (2021), donde dicha crueldad cobra un sentido mucho más elevado al mostrarnos escenas y episodios realmente escabrosos. 


“La película podría definirse como una secuela, reboot y remake, un mejunje donde se han tenido determinadas cuestiones en cuenta para continuar el hilo que ya marcaba la anterior” 


Candyman Nia DaConte
Este pequeño repertorio es solo una muestra de los filmes y series que han tenido más impacto, pero hay una cantidad de productos por detrás que merece la pena sondear. En cierta medida, me sigue recordando a esos años en la primera década de los 2000s en los que el mockumentary rompió el paradigma de lo visto hasta ese momento, creando igualmente abundantes películas con calidad bastante desigual al abrigo de esa precursora llamada “The Blair Witch Project” (1999). En definitiva, y como manda el mercado, se lanza un producto de gran calidad y muchos aventurados deciden animarse y sumarse a la fiesta con todo tipo de resultados. Quizás, y eso resulta especialmente interesante, la connotación política de este Black Horror tenga una incidencia social mucho más beligerante y, por qué no, sea una tendencia totalmente hija de su tiempo, en unos momentos en los que el conflicto racial sigue más de actualidad que nunca. 

Quizás, por ello, resulte tan interesante la “Candyman” original, un producto fresco que surgía en el año 1992 al amparo de una historia tan interesante como única, y que le otorgó al poco la etiqueta de producto de culto, incluso si con ello tenemos que aceptar sus dos malogradas secuelas. Ya la analizaba hace un par de años, y reiterarme en sus logros es algo que no merece la pena. Sí plantearemos que parte de sus aciertos respondía a un antagonista fantástico en una suerte de relación cuasi sexual con la protagonista a la par que escabrosa, muy propia del relato adaptado de Clive Barker y al estudio antropológico que la película plantea en la tesis de una Helen Lyle interpretada maravillosamente por Virginia Madsen, que ahonda en las formaciones de guetos negros en las principales ciudades estadounidenses, mostrándonos la pobreza y abandono de las instituciones hacia estas enormes pilas de edificios grises donde la droga y la violencia conviven con una suerte de cosmología propia donde ahondan creencias preternaturales como la existencia del propio Candyman. 


“La directora trabaja enormemente la ejecución técnica del filme, con una sobresaliente fotografía y un excelente uso de los encuadres para que los protagonistas sean los espejos” 


Yahya Abdul-Mateen II candyman
Nia DaCosta, batuta al mando, da un giro completo a esta película, que se nota ha visto y estudiado para perfilar toda una trama en la que pervivan ciertas cuestiones adentrándose en una actualidad rabiosa con un protagonista que poco tiene que ver con aquella mujer blanca, situando la naturaleza del entuerto en la visión de una persona de color hacia un conflicto de personas de color. El protagonista forma, en cierta medida, parte de ello. Pero no es lo único. La acción vuelve a colocarse en Chicago y las representaciones sobre el mito de Candyman, si bien cambian, orbitan en torno a lo mismo, actualizándose constantemente con una amplitud de miras no tan onírica como rabiosa en su contemporaneidad. En cierta medida, los códigos discursivos han cambiado, pero el trasfondo sigue resultando el mismo. Y eso mola. 

La película podría definirse como una secuela, reboot y remake, un mejunje donde se han tenido determinadas cuestiones en cuenta para continuar el hilo que ya marcaba la anterior. Es continuista, en tanto en cuanto tendremos numerosas referencias, citas de los personajes del filme noventero y una historia que es parte del microcosmos de esta. También renace la figura de Candyman, yendo más allá de una sola persona en su sentido más literal (esa colmena formada, precisamente, por numerosos asesinos, no solo uno) y también habrá particularidades y escenas que son, literalmente, una copia de la otra (ese momento fotografiando la iglesia, por citar un ejemplo de muchos). Todo eso se agradece si eres fan, y si no es así igualmente es una película interesante y funciona perfectamente como slasher sobrenatural. 

Yahya Abdul-Mateen II cine terror
Las diferencias son igualmente remarcables. En esta ocasión, el protagonista es un pintor venido a menos que se obsesiona con Candyman y su historia, invocando su presencia e inspirándose en él para formar toda una serie de cuadros que narran lo que simboliza. A partir de aquí la película va tomando derroteros interesantes en una plasmación no solo de la problemática de la gentrificación, sino también del oportunismo artístico posmoderno donde la apariencia vale tanto o más que la calidad. El mundillo de las galerías de arte, los favores entre crítica y artistas o el aprovechamiento de los fenómenos sociales del momento para aprovechar el tirón son temáticas sobre las que orbita esta parte de la película, siempre fiel al espejo de una realidad que, tomando como punto neutro los conflictos raciales, sirven más como explicación de lo que sucedió que como leiv motiv, sin que ello quite interés al hecho de que la práctica totalidad del reparto sea negro (y que la práctica totalidad de las personas asesinadas sean, en esencia, blancas). 


“El consejo básico es no entrar en esta pseudosecuela sin haber visitado antes la original de 1992; hay demasiados gags y referencias que se pierden” 


candyman remake
La directora trabaja enormemente la ejecución técnica del filme, con una sobresaliente fotografía y un excelente uso de los encuadres para que los protagonistas sean los espejos. Efectivamente, no vemos a Candyman aparecer físicamente, ni tampoco poseer a uno u otro personaje; ejerce sus asesinatos desde ese otro lado que manifiesta un mundo oscuro donde la venganza la lleva a cabo el hombre negro en un mundo al revés. Con ello, más allá de lo simbólico del momento, es de una gran belleza observar las apariciones entre cristales de todo tipo, lo cual unido al jump scare bien medido nos llevan a un producto de calidad, donde vale más la atmósfera que el gritito de turno

Hay puntos negativos. El final es demasiado engorroso, en consonancia con algunos aspectos de la película que pasan desapercibidos y da sensación de no haberse extendido por falta de tiempo (el pasado trágico del padre de la protagonista), o un par de momentos finales que no se entienden bien. También hay ciertos momentos donde la reiteración de temas puede resultar algo pesada, pero su duración, apenas noventa minutos, juega a favor. Más allá de esto, las interpretaciones son sólidas, con un Yahya Abdul-Mateen II (“Us”, “Aquaman”, “The Trial of Chicago”, “Seven”, etc.) en estado de gracia y una Teyonah Parris, a quien ya vimos en “Wandavision” en un papel pequeño, convincente. El resto del elenco complementa igualmente con satisfacción, incluyendo algunas sorpresas que preferimos no desvelar. Y es que esa es la guinda del pastel. El consejo básico es no entrar en esta pseudosecuela sin haber visitado antes la original de 1992; hay demasiados gags y referencias que se pierden, y no hay que olvidar que es un peliculón, así que se gana por partida doble. Aquí nos encontraremos un producto sólido, bien ejecutado, con buenas interpretaciones y entretenida en su concepto global, sin que por ello haya pinceladas mal planteadas o algunas cosillas del final que podrían haber tenido otra lectura. Eso sí: nada de intentar una convocación en el espejo de casa.


7 comentarios:

Krueger dijo...

Siendo un absoluto fan de la película original y de su banda sonora (para mí de las mejores dentro del cine de terror junto a Hellraiser) me lo he pasado en grande con la versión actualizada. Me ha gustado que sea una especie de secuela que amplía la obra original, al mismo tiempo que la revisita. El único aspecto negativo, más allá de algún subrayado que comentas, es qu considero que la propuesta se queda algo corta de gore, aunque he de decir en defensa de la película que, salvo el clímax final, recuerdo cada uno de los asesinatos, merito de la puesta en escena de esa revelación que ha supuesto DaCosta.

Una de las grandes sorpresas del verano y del año.

Saludos!

Art0rius dijo...

Me ha gustado muchisimo. Cierto que si no has visto la original te puedes quedar un poco perdido, pero por lo demás me ha encantado como enlaza con la original y da un paso adelante.
Personalmente me ha dolido cierto mensaje reaccionario que he leído entre lineas, un mensaje por otra parte muy actual y cargado de rabia respecto a ciertos colectivos gubernamentales en Estados Unidos respecto a la población negra. Gran película, gran reparto y excelente dirección. Y gran crítica claro.

Tracy Kong dijo...

La cuestiòn social/razial creo que encaja muy bien en Candyman. Màs Tony Todd habría molado, pero algo es algo.

Anónimo dijo...

Cielos, creía que esto era un blog de cine y no una reunión de lame culos anónimos. Jordan Pelee, con la excepción de "Us", no ha hecho nada reseñable en el cine más que ser negro y racista. Su visión del racismo blanco no es más que una muestra de personajes blancos planos sin mayor trasfondo que odiar al negro por ser negro, dejando de lado la complejidad del ser humano, sea racista o no. Y es que el racista, para Jordan Pelee todos los blancos sin excepción, no es racista porque sí. Es fruto de su época, su educación, sus vivencias, su lugar de nacimiento, etc. Ahora es el propio Jordan, quien usando el racismo contra los suyos y aprovechando una sociedad que lo apoya ciegamente en sus desvarios raciales, se dedica a lanzar el mensaje tóxico de que todos los blancos son tontos y racistas. Racistas por ser tontos y tontos por ser racistas. La tan sobrevalorada "Get Out", que no aporta nada más que un cambio de roles, nos muestra a gente de clase alta que roba los cuerpos de los negros porque quieren ser como ellos. Sí, este es el mensaje de la película. Los blanquitos odian a los negros porque quieren ser como ellos dado que son superiores físicamente, y por eso les roban los cuerpos. Candyman no es más que otro panfleto de superioridad moral racial contra los blancos, que recibe aplausos enfervorecidos e inmerecidos por ser quien es y tratar la temática que trata en una sociedad buenista sin criterio propio ni valor de reconocer que lo que tiene delante no es más que racismo disfrazado de denuncia y de anti-racismo. El racismo no es una exclusividad de una raza o de una cultura. Todas las culturas y razas pueden sentir tan deplorable pensamiento de que la suya es la mejor y las otras no valen nada. Lo único que determina el hecho del abuso racial es la época, el lugar y la situación. Y esta época de mal llamado progresismo que se ha convertido en una caza de brujas Orweliana, donde la gente se autoflagela en un acto de hedonismo que roza a menudo la masturbación, es perfecta para que un racista como Jordan Pelee prospere con sus películas y el mensaje de odio que ellas esconden.

El Rector dijo...

Anónimo, lamentable comentario el tuyo. Que alguien se rasgue las vestiduras por el hecho de que un tipo como Peele (el cual para nada es santo de mi devoción) haga el cine que hace en un momento como este, en el cual los negros siguen siendo perseguidos y asesinados en su país con absoluta impunidad por el hombre blanco, igual que cuando recogían algodón a golpe de latigazo, no solo me parece lógico, me parece loable. Vivimos hoy en una sociedad cada vez más retrógrada, donde el auge de partidos políticos abiertamente xenófobos, homófobos y machistas, han tenido un efecto llamado aterrador entre los estercoleros de retrasados de todo el mundo. En España por desgracia, tenemos un gran ejemplo con toda esa basura que se ha colado en las instituciones y otras que ya estaban, pero que alentados por estos, cada vez muestran su peor cara.

Si hay un momento en el que un cine como el de Peele es necesario, es ahora. El cine siempre ha sido, además de un arte y un entretenimiento, una herramienta de denuncia social. ¿De verdad un director negro no puede poner sobre la mesa las miserias con las que a día de hoy sigue teniendo que lidiar su raza? En fin. En mi opinión, me congratula no solo que exista Peele, también otros muchos que siguen denunciando todo este tipo de salvajadas, como son el racismo galopante, la violencia machista o la vomitiva persecución al colectivo homosexual.

Sobre esta revisión de "Candyman" no puedo opinar, ya que no la he visto. Pero por lo que comenta el autor de la crítica, parece que contiene los suficientes elementos cinematográficos como para entender la buena acogida generalizada que ha tenido la película.

Y por cierto, aquí el único anónimo que ha opinado sobre el tema has sido tú. Y viendo el contenido de tu comentario, no me extraña.

Saludos.

Missterror dijo...

Muy de acuerdo con todo lo que planteas en la crítica, Astinus. Puede que después de ver reacciones tan entusiastas, me esperara algo más, pero en general me ha gustado bastante (no estoy en ese notable alto que para tí se merece, pero no me quedo tan lejos).
Como dices, una especie de remake, secuela, reboot que se sirve bien de todo lo que Clive Barker había imaginado y Bernard Rose había plasmado en imágenes en el 92, para tirar hacia adelante con una revisión curiosa que se lleva a su terreno el folclore del ghetto y lo actualiza con esa visión del mundo del arte que muestra.
Coincido con Krueger en que se echa de menos más escenas explícitas y no tanta muerte fuera de plano y también estoy de acuerdo contigo en que el final es lioso y atropellado. Creo que el giro de determinado personaje al final (y no me refiero a Anthony McCoy) es muy confuso y no aporta nada. Por lo demás, más que correcta esta visión de Nia Da Costa.

Por cierto, hay una cosa en la que discrepo contigo, Astinus y es en la interpretación de Yahya Abdul-Mateen II. A ratos me gustaba y a ratos me irritaba. Me pasó lo mismo con Colman Domingo, pero bueno, esto son fobias personales a interpretaciones en las que salen a relucir tics de locura para hacer visible lo obvio, que detesto.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Astinus, como no fan, sino víctima de Cand..., la original, al punto de que alguna vez previne a mi hija de decir su nombre, y si lo hacemos, ya adulta, repetimos otro nombre, o repetíamos -alguna compañera cargosa, alguien que nos cayera mal, su abuela... no más de tres veces, frente al espejo, y cesábamos-, celebro y concuerdo contigo el llamado a ver la primera.
de niño me impactó y espero haga lo mismo con las nuevas, jóvenes, ilegibles generaciones de espectadores. "andá y mirate al espejo y repetí C...", creo que sería un gran termómetro. y si funcionara dentro de 20 años, 29 años... a partir de esta peli, esta peli funcionaría.

por lo demás, ese mundillo del arte, de la crónica del arte como médium de una época, se desmerece en su obsolescencia.
entiendo el hilo, la brecha, el corte, que el pasado no esté muerto, y ni siquiera sea (haya sido? si no se vuelve a contar) pasado... esa conexión con lo exótico, primitivo se da no ya con lo que el colonialismo, en su vertiente obscena la esclavitud grita, sino en tanto colonialismo: la segregación, las periferias que laten en el centro mismo del imperio, la sublimación de la violencia en lo artístico devuelto como espectáculo. guetos del cuerpo, guetos de la biografía.

entretenida, por lo demás.
solamente se extraña aquella sensación.
no es Candyman

abrazos,


fer

Publicar un comentario

¿Tienes opinión? No seas tímido/a y compártela, pues en la diversidad está el gusto. Eso sí, intentemos no destriparle la película a nadie y avisa de SPOILERS al resto de lectores/as siempre que tu comentario los contenga. De no ser así, este será eliminado. Gracias.