martes, 22 de febrero de 2011

Crítica: La Casa Muda

Fue cosa de dos o tres años, cuando un buen amigo mío, argentino el tipo, me recomendó una tal “Habitaciones para Turistas”, película que le causó una gran impresión y que además estaba dirigida por un compatriota suyo, Adrián Garcia Bogliano. Así que puedo decir que de mi actual afición por el cine de género latinoamericano, tienen tanta culpa mi colega, como el cineasta nacido en Madrid, quien volvería a dar buena muestra de la fuerza de su cine con la poco original pero crudísima, “No Moriré Sola”. Es por esto, que ahora, algunas de las películas mas esperadas por un servidor, tienen esta denominación de origen, títulos como “Sudor Frío” del propio Bogliano, “Ellos no Pueden Gritar” de Orange Cavalgante Da Silva o “Juan de los Muertos” de nuestro buen amigo Alejandro Bruguer, son una buena muestra de ello y la constatación del buen momento que atraviesa el cine de terror por aquellas tierras.

En este selecto grupo de futuribles “delicatessens” también podemos englobar la película que nos atañe, “La Casa Muda” del uruguayo Gustavo Hernández, proyecto del que se viene hablando desde hace ya mucho tiempo debido a su particular naturaleza, pues estamos ante una película rodada en un único plano continuo con una cámara fotográfica en modalidad de grabadora de video.

La Casa Muda” nos invita a acompañar a Wilson y Laura, padre e hija respectivamente, hasta un viejo caserón en el campo que ha sido recientemente vendido, gracias a lo cual han sido contratados por Nestor, un amigo de la familia, para realizar una limpieza a fondo del lugar antes de la entrega de llaves. Una vez en el interior, deciden dormir un rato para recuperar las fuerzas perdidas en el largo viaje, pero un ruido en la planta superior despierta a Laura, quien convence a su padre para que vaya a echar un vistazo. Pasados unos minutos, un grito estremecedor deja paso a un sepulcral silencio y a una Laura aterrorizada, quien decide adentrarse en la casa en busca de su padre.


¿Dónde están las casas encantadas de toda la vida cuando uno las necesita? Esta es la pregunta que me hice después del visionado de “La Casa Muda”, por que si esta casa hubiese estado habitada por la típica fauna autóctona de ultratumba que solemos encontrar en las películas de terror con siniestro caserón de fondo, seguramente ahora estaríamos hablando de “La Casa Muda” como una de las experiencias cinematográficas mas terroríficas de los últimos años, por que una cosa hay que reconocerle al experimento de Gustavo Hernández, y es su gran capacidad de absorber al espectador y hacerlo mas partícipe de la historia que nunca.

Es por esto, que los inicios del filme son inmejorables, uno de esos raros momentos en la vida (y hablo en términos cinéfilos) en los que uno tiene la abrumadora sensación de estar experimentando algo realmente nuevo, un ápice de innovación en un arte, el cine, en el que parece que ya todo está inventado. En estos, acompañamos (y esto es mas literal que nunca) a la joven Laura, quien a una distancia considerable sigue los pasos de su padre a través del campo con una siniestra casa en el horizonte, todo ello con un único y continuo plano que juega a hacer el amor con la protagonista mientras esta avanza hacia su inexorable destino y nosotros, con ella, hacia nuestra ansiada dosis de terror intravenoso.

Por si pasado estos primeros compases, no estamos ya lo suficientemente sobreexcitados, recibimos otro lascivo lametón en las ingles cuando certificamos el buen hacer de los tres actores en liza, quienes resuelven con gran naturalidad sus pocas líneas de libreto, lo que acrecenta aun mas si cabe, la lograda sensación de realismo que transmite el filme hasta ese momento, y eso a pesar de que el deficiente apartado sonoro, no contribuye en absoluto a que logremos descifrar algunos partes de los diálogos, que pueden tornarse auténticos galimatías para los oídos menos finos.

Una vez dentro de la casa, el marco de terror ya es idílico. Padre e hija solos en una enorme y vieja casa en medio de la nada, totalmente a oscuras (pues todas las ventanas han sido tapiadas con tablones) y con una inminente desaparición que va a dejar a la pobre muchacha sola, atrapada en el lugar con el supuesto asesino de su padre. Múltiple orgasmo potencial. Pero es ahora cuando se desmorona todo el castillo de naipes, por que con la misma rapidez con la que Hernández nos ha engatusado con su grandioso planteamiento, descubrimos cuales van a ser las líneas maestras que va a seguir el filme de ahí en adelante, y es que blanco y en botella, leche. Y los elementos son los que son:  una chica asustadiza, una enorme casa oscura, la tenue luz de una vela y un desconocido acechando en las sombras. No hay más. Ordenemos dichos elementos SIN gracia (CON gracia podría haber salido algo en plan “Buried”) y tenemos la fórmula de “La Casa Muda”.

Podemos seguir amparándonos en el asunto del plano único y tal, que todo sea dicho sigue quedando igual de curioso que al inicio, pero la simpleza de la historia y lo monótono del desarrollo son tal, que las excelencias técnicas comienzan a quedar en un irrelevante segundo plano, derivando en el mas absoluto de los aburrimientos. Sin sustos, sin tensión, sin ritmo, sin sangre y con una historia que tan solo avanza en su rebuscado e incoherente giro final, el cual, si hemos prestado un poco de atención a lo largo de la cinta, se desmonta por su propio peso.

Conclusión, “La Casa Muda” es una película de un enorme mérito en cuanto a concepción, un producto con personalidad propia y prácticamente único hasta la fecha, al cual estoy seguro, el tiempo sabrá valorar como se merece. Destaca, a parte de su naturaleza intrínseca (no puedo ni imaginarme cuan dificultoso habrá sido semejante rodaje), la lograda atmósfera, el acertado manejo de la cámara a lo largo de todo el filme y el buen trabajo de su actriz protagonista, una muy convincente Florencia Colucci.

Por desgracia, la extrema simpleza de su historia, su falta de ritmo y contenido, su total incapacidad de incomodar o generar el menor indicio de miedo o tensión, su repetitivo desarrollo, su deficiente apartado sonoro y su rocambolesco desenlace, se antojan losas demasiado pesadas para un filme que pese a su corta duración, termina haciéndose tediosamente pesado. Aburrimiento real en tiempo real.

En cualquier caso y debido a su “exclusividad”, estamos ante una película que es digna de ver por todo aquel que busque algo poco habitual, algo extravagante si se me permite (véase también “Amer”), con todos sus defectos y virtudes (a mi juicio mas de lo primero), una experiencia que gustará o no, pero desde luego, una experiencia diferente. Algo de agradecer en los tiempos que corren.




1 comentarios:

quetzal dijo...

totalmente de acuerdo con la critica, una idea mal ejecutada, un planteamiento y ambientaciones buenas que luego se desmoronan, ah, no me parecio buena la actuacion de la chica, decir tambien que esta la version yanki que es mas edulcorada, mejor actuada pero igual de mala

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