viernes, 18 de noviembre de 2011

Crítica: The Tenant

The Tenant, ingredientes para su elaboración: Un científico chiflado con cara de ídem, una ayudante de laboratorio con mala baba y cara de vieja gloria del porno, una esposa embarazada con cara de esposa a la que querríamos embarazar, Michael Berryman con cara de Michael Berryman, un asesino deforme con cara de Victor Crowley y un puñadito de gente de cartón piedra para asesinar, con… mucha cara (por no decir jeta). Con estos pocos, pero selectos elementos, se mete en la cocina el amigo Ric La Monte (cocinero de dudosa reputación) para prepararnos un menú económico de 7,95 €. El restaurante está vacío, un menda, es el único comensal que ha tenido la osadía de adentrarse en tan siniestro y poco recomendable antro, seguramente, “algo” influenciado por el descarado escote de una de las camareras, de esas que acechan en la puerta del local a la caza y captura del hambriento transeúnte. -Me trae la carta señorita?- le pregunto amablemente. –claro señor, ahora mismo- responde ella, aunque la pregunta iba claramente para el escote. La abro (la carta digo), leo, decido y pido.

PRIMER PLATO: ENSALADA DE MAD DOCTOR CON ALIÑO TELEFILMERO

La sexy camarera no tarda en traerme el plato, muy atenta ella, me guiña un ojo (menos mal que he ido a comer solo). Un detalle llama mi atención, pues acto y seguido me trae una pequeña mesita con ruedas con dos objetos. Un enorme consolador y un botecito de lubricante, sabor cereza para ser exactos. Me da mala espina, pero no me atrevo a preguntar, por aquello de que la curiosidad mató al gato (aunque esta vez, no es un gato lo que me preocupa, mas bien, ciertas partes de mi anatomía). Este primer plato nos depara justamente lo que su descripción indica, una historia de Mad doctor (véase “The Human Centipede”, “Autopsy”, “Insanitarium”, "Re-Animator") de toda la vida. Ambientada en una residencia para enfermos mentales, el Dr. Newman junto a su ayudante, la señorita Tinsley, llevan año realizando experimentos genéticos, supongo que con el objetivo de ayudar a sus pacientes, digo “supongo”, por que es un tema que no se trata en profundidad en ningún momento del filme. Luego está Olivia, la esposa del doctor, embarazada ella y no muy de acuerdo con los experimentos de su marido. Paradójicamente, ella se acabará convirtiendo en la conejilla de indias de los mismos, cuando la enfermera (a la que por cierto, le mola bastante el doctor), le inyecte la substancia experimental durante una ecografía. Por supuesto, con nefastas repercusiones, al nacer los gemelos, uno de ellos, es “algo” deforme.

Esta primera mitad (que en realidad es un prólogo de más de 30 minutos, que sirve para explicar el origen del asesino de turno), no tiene nada especial, todo muy típico y previsible. A medio camino entre el terror y el drama conyugal, con una historia muy de telefilme, en la línea de cualquier episodio de “Masters of Horror” o “Fear it Self”, para que se entienda. Bastante aburridote pero digerible, con un guión coherente, unas interpretaciones correctas, unos personajes epidérmicos pero bien dibujados, alguna secuencia incómoda (el tema este de los embarazos siempre me ha dado cierto repelús) y sobretodo, con un fantástico Michael Berryman (“Las Colinas Tienen Ojos”, “Smash Cut”) en la que de largo, es la mejor secuencia de la película.

SEGUNDO PLATO: ESCALOPE DE SLASHER CON GUARNICIÓN DE VESANIA

La guapísima camarera llega con el segundo plato, me vuelve a giñar el ojo y ahora incluso, se chupa los labios repetidamente (¿estará intentando decirme algo?). Antes de marcharse, otro detalle que llama mi atención, se lleva el bote de lubricante, deja el enorme consolador (Metáfora de nivel, ¿se entiende? Espero que si, por que los que no, van a pensar que estoy muy enfermo). Esta segunda mitad del filme, solo tiene una virtud, engrandecer a la primera. Terrible. Uno de los slashers mas esperpénticos que se recuerdan. La cosa va de un grupo de gente (entre ellos, una de los gemelos, ya crecidita) que quedan atrapados en lo que en su día, fue la residencia mental. En su interior, por supuesto, vive la inhumana deformación fruto del fallido experimento de antaño, una bestia irracional que tiene como único hobbie, matar, matar y matar. Con un look heredado directamente de Victor Crowley (“Hatchet”, “Hatchet 2”), dará comienzo a una sucesión de muertes hasta el inevitable enfrentamiento fraticida. Lo único salvable del asunto, son los efectos especiales, bastante apañadotes y la caracterización de la criatura, aunque resulta de lo mas difícil tomarse nada de esto en serio a tenor de la lamentable dirección del señor La Monte y de su inexistente guión. Esto, es literal. No hay guión, no hay ningún tipo de planificación ni estructura, por lo menos, es la impresión que da. Asistimos atónitos, a un maquiavélico ejercicio de pura y dura improvisación, un ir y venir sin pies ni cabeza del asesino y de sus víctimas, cómico en un principio, si, pero patético tras una prolongada exposición. Por no hablar del “nivelazo” de los actores, es como si el personaje que interpreta Michael Berryman (a quien no le rula muy bien la cabeza, por si había dudas), se hubiese encargado del casting para esta segunda mitad del filme. De verdad, un disparate Insufrible.

POSTRE: Bueno… lo del postre, queda entre yo, la camarera, su escote, el lubricante de cereza y el enorme consolador. ¿Café? No gracias, la cuenta. Ah, y tu teléfono guapa.

Lo mejor: La camarera, Michael Berryman, su correcto apartado visual y viendo lo visto, sus primeros 30 minutos, que por lo menos, no son cancerígenos.

Lo peor: Y por si no se ha entendido esta pequeña fábula gastronómica, TODO lo demás. No la veáis joder, es muy mala.

1 comentarios:

Darkotica dijo...

Que mal rollo de película, ya cuando vi el nivel del reparto me flojearon las piernas, tanto que no fui capaz de huir y me la acabé tragando entera. Oohh! pero que desgracia la mía y la de todo aquel que ose verla, bienaventurado el que no sepa de su existencia! :D

Rector, te acompaño en el sentimiento...

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